Hermanos de sangre, balón y taxi

Amador y Mario de la Roca comparten vestuario en el Candás. Uno es el segundo entrenador y el otro, con 42 años, el jugador más veterano de Tercera División

JAVIER BARRIO
DE NUEVO JUNTOS. Amador y Mario de la Roca, segundo entrenador y jugador del Candás, en Gijón, donde residen. / P. CITOULA/
DE NUEVO JUNTOS. Amador y Mario de la Roca, segundo entrenador y jugador del Candás, en Gijón, donde residen. / P. CITOULA

Entre Sotrondio y Blimea. Con el campo del Florán como testigo. Un escenario ubicado justo detrás del parque que delimita el principio y el fin de estas localidades. Hace veintidós años, el San Martín disputó una histórica fase de ascenso a Segunda B que nunca logró culminar. Se quedó por el camino. El equipo cayó derrotado frente al Burgos, pero no logró ensombrecer la brillante temporada del conjunto que había logrado reunir el técnico García Cuervo.

Pulgar -actual entrenador del Universidad -, Zapater y José Ángel ponían los nombres de peso en aquella plantilla. Veteranos. Con experiencia contrastada. También Amador de la Roca, un jugador que se había forjado en Mareo y que, tras haber pasado por varios equipos, jugaba sus últimos partidos.

Paradójicamente, su hermano menor Mario, que entonces terminaba su etapa de juvenil, también formaba parte del proyecto de García Cuervo. Eran sus primeros pasos, su primera experiencia fuera de Gijón, después de una prometedora etapa de formación en las categorías inferiores del Sporting. Y era la primera vez que ambos coincidían en el mismo equipo.

Dos décadas después de aquel episodio del Florán, los hermanos De la Roca se han vuelto a reencontrar en el césped. Pero el tiempo tiene la facultad de alterar algunas cosas. Al menos en apariencia. Por eso, Amador dejó de ser hace mucho tiempo un rocoso defensa. Desplazó su demarcación hasta el banquillo y dejó de vestirse de corto. Se colocó el chándal. Agarró un papel y un bolígrafo y se puso a dibujar bocetos de sistemas de juego. A dirigir entrenamientos y, en definitiva, a formar jugadores y ver el fútbol desde otra posición.

Actualmente, con 49 años, es el segundo entrenador del Candás y se encuentra a las órdenes de Florentino Angulo, uno de los 'responsables' de que el oventese Luis García (Espanyol) esté hoy en día jugando en Primera División.

El año pasado, el conjunto candasín logró -en un final de infarto- el ascenso a Tercera y Amador logró convencer a su hermano Mario, de 42 años, para que se embarcara en el proyecto. «Le hacía mucha ilusión que estuviéramos juntos y por eso nos volvimos a encontrar en el Candás», dice el hermano mayor .

Las botas de Mario querían seguir pisando césped. Era pronto para la 'jubilación' porque todavía le quedaban muchos cartuchos en la recámara. El destino elegido para quemar la munición restante era la localidad candasina.

Le tiró la sangre. Su hermano. El mejor destino para poner el broche de oro a su carrera era el equipo de Amador. «Quería volver a estar con él. Me daba igual en Tercera que en regional, pero al final es en esta categoría que es más bonita que las otras», declara el hermano menor.

Y es que mejor que en casa no se está en ningún sitio. Mario es consciente de que nadie le conoce mejor que su hermano mayor y menos en un terreno de juego. Por otra parte, Amador sabía que la experiencia de Mario podía ser fundamental para el funcionamiento de un equipo muy joven, como es el Candás que milita en Tercera. Así ha sido. El veterano centrocampista se ha convertido en el referente y en uno de los soportes de la plantilla. «Nos tiene gratamente sorprendidos porque es un profesional de la cabeza a los pies y demuestra que uno no tiene que dejar el fútbol porque cumpla años», reconoce con orgullo el segundo entrenador del Candás.

Su relación fraternal les concede mucha ventaja. Una mirada es suficiente para que se entiendan. Sobran las palabras y las acciones. También las explicaciones. No hay debates. «Mario sabe lo que tiene que hacer y si alguna vez le tengo que sentar sabrá por qué es», declara Amador. Por su parte, Mario reconoce que su hermano sabe cuando él puede dar «más o menos».

Compañeros de trabajo

Se han vuelto a reencontrar en un terreno de juego, pero nunca se han separado. Tienen un relación muy especial. Un vínculo que no se puede romper. Comparten mucho tiempo dentro y fuera del campo porque tienen la misma profesión. Ambos son taxistas. Es una anécdota más en una vida llena de momentos inolvidables. Repleta de imágenes como la que conservan, en blanco y negro, de aquel histórico encuentro en el campo del Florán.

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