La suite de Manolete

DIEGO MEDRANO

MUCHO tiene que interesarnos a los asturianos la llegada a las librerías del último Premio Quiñones: 'La suite de Manolete', Joaquín Pérez Azaústre (Alianza Editorial). En primer lugar, por la brillante intriga literaria que construye en torno a Juana García Noreña; aquel personaje de ficción o no tan ficción con el que García Nieto se presenta al Adonais en 1950 y lo gana. Nacida en Llanes, igual que el propio García Nieto, y con una intriga (todo es novela negra y temible en Joaquín) acerca de un embarazo, de unos duros de la época, de un pan bajo el brazo por dar la cara en un premio casi enteramente político en la época. En segundo lugar, una rotunda obra de arte, por cuanto se investiga la historia de un libro que no llegó a escribirse, una biografía o falsa biografía de Manolete, el popular torero, donde el protagonista va en busca de un viejo amigo y un libro y una llamada de la que apenas tiene noticias o explicaciones. En tercer lugar -líneas generales de una intrépida narración- por esa extraña y bellísima combinación de literatura y alcohol que hace de Joaquín Pérez Azaústre el Hemingway más rebelde de la modernidad. Manifiesta la novela su deuda permanente -lo apostilla el autor al final- con el Hemingway más ebrio, más loco y más literario: el autor de 'Fiesta', de 'Muerte en la tarde', de los relatos taurinos. Manolete, Juana García Noreña y un ambiente en blanco en negro, casi película de época, donde el humo de los cafés era niebla entre los dedos y las mujeres se recogían el cabello como algunas de las heroínas más inquietantes del posterior Hitchcock. Incluso Eduardo Haro Tecglen, el popular periodista y bohemio, como protagonista de estas letras escritas con el alma en vilo. Lo que se dijo en la época, no se sabe si para bien o para mal, si fue Cela o cualquier otro quien levantó la liebre: «Lo único inquietante en la poesía de García Nieto es el asunto Adonais». Casas que son casi corralas en el Madrid resacoso y una Córdoba toda salvación en un verbo dinamitero, torrencial, en esta bella edición de márgenes amplios, papel con olor a churros y profesores venidos a menos, ruinas humanas, coleccionando los viejos tomitos de la colección Adonais como quien da cuenta de algún extraño oro. Mucho cine, mucha literatura, un gran arañazo.

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