La Asociación Asturgalaica pide alternativas al corte del Camino de Santiago en Trasona

Denuncia el peligro y abandono de la ruta a su paso por la comarca Cerca de cuatro mil peregrinos llegaron a la ciudad el pasado año

JESÚS GONZÁLEZ
MALEZA. Senda por la que prosigue el Camino tras sortear la rotonda de Tabaza. / TANIA/
MALEZA. Senda por la que prosigue el Camino tras sortear la rotonda de Tabaza. / TANIA

Saltar vallas quitamiedos para sortear camiones de treinta toneladas y trepar por un sendero abierto entre matojos es la primera prueba con la que se encuentran los peregrinos del Camino de Santiago que llegan a la comarca desde Carreño u Oviedo. La dificultad y el peligro del tramo se han visto además multiplicados por el corte de la ruta que se utilizaba hasta ahora entre Tabaza y Trasona debido a la entrada en servicio de los nuevos tramos de la Autovía del Cantábrico.

El presidente de la Asociación Asturgalaica y responsable del albergue de peregrinos de Avilés, José María Clero, considera imprescindible llamar la atención sobre un deterioro que no sólo afea la imagen de la comarca, sino que pone en riesgo la integridad de quienes cubren la ruta hacia Santiago de Compostela.

La denuncia de Clero arranca en Tabaza, donde los peregrinos se ven obligados a saltar una valla quitamiedos para cruzar la rotonda de dicha localidad. «Ni siquiera hay un paso de cebra. Hace tiempo dijo el Ayuntamiento que iban a arreglar esto, pero seguimos esperando», comentaba César Zapico, vecino de la parroquia carreñense, ante las observaciones de Clero. Según explica, la gran velocidad a la que pasan por la zona los vehículos procedentes de viales como la autopista 'Y' o la carretera As-19, unido a la ausencia de pasarelas o pasos de peatones, convierten el paso de los peregrinos por la zona en una auténtica operación de riesgo. «Sería fácil instalar una pasarela peatonal y adecentar un poco esta parte del Camino», sostiene Zapico, que ha asistido a varios de los peregrinos que pasan ante su casa en varias ocasiones. «Hace no mucho estuvo una pareja, eran vascos. Ella venía coja y le curamos la herida. Pasaron la noche en casa», recuerda este vecino de Tabaza.

Pasarela

A escasos metros de su casa, se empiezan a notar las complicaciones derivadas de la entrada en servicio del nuevo tramo de autovía. Las flechas que antes orientaban al peregrino a una pasarela peatonal que salvaba la 'Y' para proseguir por el monte, lo hacen ahora en dirección a la carretera As-19. «Tienen que ir por el arcén, por una carretera con el tráfico que tiene ésta. No sería complicado hacer un 'carreiriño', una 'caleya' como se dice en Asturias, hasta llegar al camino nuevo que han hecho junto a la autopista y que llega a Parque Astur», explica José María Clero poco antes de aprovechar su presencia en el nuevo vial que cruza el barrio de Silvota, en Trasona, para echar mano de su bote de pintura de color amarillo en aerosol y señalizar la dirección a tomar para continuar el Camino. «Es algo que llevo siempre encima. Una vez en Gijón, un policía me quería multar», asegura.

Las complicaciones, señala Clero, se aminoran una vez salvado el centro comercial. A partir de ese punto, la ruta pasa junto al cementerio de Trasona para continuar hacia el barrio Favila y, de allí, a Llaranes Viejo. La ruta continúa por el poblado de Ensidesa, debidamente señalizado con conchas de vieira y flechas por los entusiastas de la Asociación Asturgalaica, hacia Bustiello, y de allí a la avenida Santa Apolonia, donde entronca con el ramal del 'camino de Oviedo'. La siguiente parada es el albergue de peregrinos.

Clero sostiene que las complicaciones continúan una vez que los peregrinos dejan el centro de la ciudad, y como prueba de ello alude a las fotografías que ilustran cómo los peregrinos «tienen que pasar entre la maleza» en buena parte de la ruta. «Estos días me han enviado la foto de un peregrino metido entre los matorrales en Soto de Luiña», añade un auténtico entusiasta de la ruta Jacobea que, no obstante, hizo su primera incursión en 1996.

Clero echa en falta un mayor cuidado de la ruta, no sólo por su interés cultural o religioso, sino por el potencial turístico de la misma. «Los peregrinos no son precisamente transeúntes que vengan pidiendo comida, sino que es gente que pasa por Avilés y conoce la ciudad», sostiene antes de recordar que a lo largo de 2007 cerca de cuatro mil personas pasaron por el albergue de peregrinos que gestiona su asociación en la ciudad. «Y la cifra puede ser mayor, teniendo en cuenta que hay gente que no pasa por el albergue», afirma. JOSÉ MARÍA CLERO