Hilda Farfante personificó el homenaje de Cangas de Narcea a los maestros olvidados

La periodista María Antonia Iglesias entrevistó a la protagonista en un emotivo acto donde se recordó la figura de sus padres, maestros de escuela que murieron fusilados en la Guerra Civil

J. M. AZCÁRATE
COLOQUIO. Hilda Farfante y la periodista María Antonia Iglesias durante la entrevista. / J. M. AZCÁRATE/
COLOQUIO. Hilda Farfante y la periodista María Antonia Iglesias durante la entrevista. / J. M. AZCÁRATE

En el mismo teatro donde la directora de las escuelas públicas de Cangas del Narcea, Balbina Gayo, pasó sus últimos días antes de ser fusilada, a primeros de setiembre de 1936, junto a otras siete mujeres del entorno del pueblo de Moal, su hija Hilda Farfante fue entrevistada por María Antonia Iglesias. Allí recordó la «sagrada vocación de enseñar» de los maestros de la República, «una semilla que a pesar de la barbarie del fascismo supieron trasmitir a sus hijos».

«Hilda Farfante fue un símbolo de las personas olvidadas e invisibles, hasta que dejaron de serlo, por ser hijos de los que se llamaban rojos. Además, a pesar de ser conscientes de que con cinco años mataron a sus padres por ser maestros republicanos, tuvo la osadía de seguir la saga y, como otros muchos, se convirtieron en muy buenos maestros». Con estas palabras se dirigía la periodista y escritora María Antonia Iglesias a Hilda Farfante en un acto celebrado en el teatro Toreno, dentro de la semana cultural que lleva por título 'Hilda Farfante. El grito que rompió el silencio'.

Con el patio de butacas lleno, Farfante recordó que, siendo del pueblo de Besullo «¿qué otra cosa podía ser que maestra! Nací en una escuela, jugué y me crié en escuelas y hasta creo que me engendraron en el interior de una escuela».

Infancia

Con cinco años y dos hermanas de siete y tres años, Hilda Farfante se quedó huérfana de padre y madre, ambos maestros de las escuelas públicas de Cangas del Narcea y fusilados en setiembre de 1936. Junto a su abuelo, tuvo que marchar a casa de sus tíos en Villayón y más tarde se quedó para siempre con su tía Guillermina, maestra de Boal, sobre la cual sólo tiene palabras de agradecimiento.

«Para mí, mi tía Mina fue mi ángel protector, una mujer canguesa por los cuatro costados -su padre de Llano y su madre de Besullo-, buena y generosa, a pesar del ambiente de miedo y silencio al que estábamos sometidas». Farfante recordó su infancia lejos de Cangas del Narcea, «ya que tenía una pena tan grande, que llegué a acusar a Cangas del asesinato de mis padres. Y tardé tiempo en comprender que todo el concejo sufrió mucho».

Tanto tiempo, que hasta 2001 no regresó a Cangas del Narcea, donde se descubrió una placa en los aledaños del cementerio de Vega de Rengos, donde está enterrada su madre, y en el cementerio de Arayón, «donde lancé el grito que rompió el silencio en memoria de mis padres y de otros muchos maestros y vecinos de Cangas del Narcea que fueron paseados y fusilados».

Actos

Además de esta entrevista personal, durante toda la semana se han desarrollado actividades en la VII Semana Cultural de Cangas, como lecturas de cuentos para niños, un concierto de la Coral Polifónica de Cangas del Narcea, la proyección del documental 'La escuela fusilada', de los directores Iñaki Pinedo y Daniel Álvarez, o la proyección de la película 'La lengua de las mariposas' de José Luis Cuerda.

Finalmente, hoy se clausurarán estas jornadas en Besullo, pueblo natal de Hilda Farfante donde se descubrirá una placa en memoria de sus padres. «Será el último acto de un largo periplo para rescatar la memoria de mis padres, algo que les debo a mi marido, a mis hijos y a mis nietos, que tanto me han apoyado en estos últimos años», sentenció Farfante.

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