Mayte Alonso: «Me gusta provocar lugares de encuentro de la gente»

La escultora, discípula de Chirino y ganadora del Premio Sacejo, ha creado una pieza en acero cortén que ya ha empezado a mudar el paisaje ovetense de La Losa

JORGE RODRÍGUEZ
CON LA OBRA. Mayte Alonso, en plena fase de montaje de la pieza ganadora. / MARIO ROJAS/
CON LA OBRA. Mayte Alonso, en plena fase de montaje de la pieza ganadora. / MARIO ROJAS

«Me gusta provocar lugares de encuentro de la gente». Con esta afirmación, la artista Mayte Alonso (Madrid, 1971), deja claras sus perspectivas, palabra con la que juega en todas sus esculturas y en las líneas que suele pintar en los paisajes urbanos. Fascinada por la arquitectura e influenciada por Jean Nouvel, las formas del imperio romano, las de las catedrales góticas y un compendio de referencias que ella agrupa con el mismo distintivo, pasa estos días en Oviedo junto a su obra 'Construcción para un encuentro', que ya empieza a mudar el paisaje del paseo de La Losa, donde quedará ubicada como obra pública.

Uno de esos puntos de reunión a los que alude Alonso es el lugar donde su obra quedará dispuesta, confluencia casi constante de viandantes en una y otra dirección. «Es un sitio muy concurrido de la gente de Oviedo, y con una perspectiva muy buena desde los peatones, los coches...», explica la artista. Un entorno que -describe- siempre tiene en cuenta antes de ubicar sus creaciones, con las que pretende interaccionar con cada ciudadano. En esa adecuación del espíritu de su obra, ganadora del premio de escultura Sacejo -empresa que ha donado la obra al Ayuntamiento de Oviedo-, también influye otras de las herramientas con las que le agrada moverse: la fotografía.

Elevada ligeramente del suelo sobre una plataforma blanca, como si fuera «un templete», la escultura 'Construcción para un encuentro' lleva consigo una sombra impresa en el suelo, tallada en pizarra y «con una luz muy cenital». Precisa que ese conjunto forma «un juego en vertical, en tres dimensiones». Siete metros de alto, con seis patas sobre las que apoyarse, demandan que cada detalle sea tenido en cuenta en el montaje.

Sobre sus preferencias, Mayte Alonso apunta que le gusta «hacer la obra 'en directo', pese a que esté bastante elaborada. Siempre hay variaciones. No existe ningún angulo recto, las piezas tienen cierta flexibilidad...» Bajo ese aspecto «sutil» de los detalles mencionados, dice la escultora, se esconden «grandes diferencias». Con unas medidas cercanas a los nueve metros de largo y los cinco de ancho, el acero cortén -aleación del hierro- es la materia empleada para modelar cada uno de sus movimientos. Como complemento, una base de piedra caliza y una sombra 'artificial' de pizarra negra, un contraste de la naturaleza entre el blanco y el negro.

Después de diez años de trayectoria, el hierro se ha convertido en un material constante en su vida artística. En la obra que adornará La Losa, la elección no responde a ninguna casualidad. «A Asturias le pega más el acero cortén, aquí hay otra luz distinta a la de Madrid. Es un material que lo identifico con algo mucho más natural, como el color verde», precisa, antes de detallar el 'leitmotiv' de su composición.

El proceso en la mirada

Se trata de un tributo «no sólo a los trabajadores de la construcción, sino a todo el proceso. Por eso la idea de poner una sombra, que es como el dibujo del arquitecto, la líneas que recuerdan a algunos arquetipos y el oficio, reflejado en el acero corten». Después de los tres meses que ha llevado realizar la escultura, sólo queda el último «reto». Es decir, coordinar las distintas partes del trabajo. «Ahí seguimos haciendo un homenaje a los obreros», bromea la artista, mientras que explica la dificultad de coordinar la escultura en sí misma con el suelo, hecho en distintos talleres. «Me parece un lenguaje que refleja mucho al ser humano», dice Alonso, al referirse a la arquitectura, fuente de inspiración primaria de su arte. Aunque no sólo de composiciones arquitectónicas hablan sus formas, también en el idioma de la imagen de las cámaras fotográficas: «Siempre presento las obras con un doble juego. Me interesa mucho la percepción visual y sus leyes, cómo puedes manipular a través de ella». Fruto de esa búsqueda por no ceñirse a «la estática de la escultura», reconoce usar «trampas perceptivas para que al menos, la gente se acerque a mis obras y luego que las personas decidan si le gusta o no».

Bajo «su conjunto de umbrales», que cada uno invita a entrar en su escultura por una dirección distinta y dispuesta con la intención de que «la gente se encuentre en un cruce de tres caminos», añade una clave para verla en cuanto esté concluida: «Pretendo que la gente la recorra, y que no sea tan sólo un golpe de vista».

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