Diez años innovando

José Antonio Hevia, José María González y Faustino Obeso hablan del pasado, presente y futuro del Club de la Innovación que esta semana conmemora su décimo aniversario

DIANA DE MIGUEL
PRESIDENTES. José Antonio Hevia, Faustino Obeso y José María González pasean por una calle de Gijón. / CITOULA/
PRESIDENTES. José Antonio Hevia, Faustino Obeso y José María González pasean por una calle de Gijón. / CITOULA

«Fue un debate vivo, sin fórmulas en el que apasionadamente se habló de innovación. Cuando estaba terminando nos dio miedo que todo quedara como flor de un día y decidimos hacer un club empresarial para contagiar el entusiasmo por la innovación a todo nuestro entorno». José Antonio Hevia rememora para EL COMERCIO aquel debate itinerante sobre innovación que trajo a Gijón la Fundación Cotec. «Nosotros no inventamos la innovación pero sin ese debate, sería imposible entender lo que hoy es el Club de la Innovación», dice. Comparte con sus sucesores en la presidencia del Club, Chema González y Faustino Obeso, un incansable espíritu innovador que no tardaron en contagiar a decenas de empresas de la región.

En aquel primer debate, había gente de la empresa, la Universidad y la Administración a los que unía un afán común por hacer de Asturias una sociedad creadora e innovadora para ser competitivos de manera permanente. «Decidimos prolongar el debate con nuevas reuniones para seguir contagiando el espíritu innovador», prosigue Hevia, que no tardó en tomar las riendas del Club de la mano de destacadas personalidades del mundo de la empresa como el ex presidente de Ensidesa, José Luis Baranda. Fue así como nació el primer Club de la Innovación de España que esta semana conmemorará su décimo aniversario.

Tras varias semanas de reuniones, Hevia terminó ejerciendo de presidente en funciones aunque su nombramiento no se hizo oficial hasta varios años después. No fue una tarea fácil. Hubo que diseñar estatutos, calendario de elecciones, financiación y apoyos en una época en la que decenas de clubes proliferaban ya por todo el territorio asturiano. «Nunca fuimos un club consumista sino austero y desde el principio se vislumbraba que tenía que ser algo importante», explica su primer presidente.

Una de las primeras iniciativas que puso en marcha Hevia fue la de celebrar actos en diferentes ciudades de Asturias para involucrar no sólo a la propia junta directiva del Club sino cada vez a más empresas. «Desde el principio tratamos de inculcar la idea de que todas las personas que acudieran al Club fueran a aportar y no a por nada. Nadie puede pretender prosperar a la sombra del Club salvo con la práctica de la innovación», resalta.

Han pasado ya diez años desde aquel primer debate y el 'club de amigos' que nació bajo su cobijo y a imagen y semejanza de la Fundación Cotec se ha convertido en una auténtica institución de la innovación en todo el territorio nacional. Mantiene la esencia entusiasta de aquellos primeros encuentros, pero hoy ya no son unas pocas voces las que piden la innovación, sino todo un clamor. «El último Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha creado el Ministerio de la Innovación pero nosotros hace diez años ya lo veíamos claro», asegura José María González.

Guía práctica

Tomó las riendas del Club en el año 2002 y no tardó en imprimir a su gestión un particular gusto por la claridad. «Las grandes ideas vinieron de la mano de personas como José Luis Baranda. Yo me empeñé en el diseño de una guía práctica con herramientas para que las empresas pudieran innovar. «Siempre me empeñé en buscar fórmulas sencillas para que las empresas le perdieran el miedo a la palabra innovación tecnológica. Fue un punto de inflexión para que el Club empezara a generar una gran credibilidad», explica González.

Reconoce el trabajo de José Antonio Coto a la hora de implementar los conceptos básicos dentro del Club y la visión y contactos con Cotec de José Luis Baranda. «Venía expresamente desde Madrid a las reuniones y siempre nos vio como el hijo pequeño de Cotec y apéndice de ellos en la región», atestigua.

Con el paso de los años el Club de la Innovación se fue abriendo a nuevos socios pasando de los 23 con que nació, a los 200 de la actualidad.

Desde hace dos años es Faustino Obeso quien está al frente de la institución. Chema González y Luis Arias de Velasco tardaron una semana en convencerle para que aceptara el cargo. «Cuando me llamaron estaba en Bruselas y les dije que no porque no tenía tiempo», confía. Diez días después, Obeso empezó a trabajar en el diseño del primer plan estratégico del Club. «Nos dimos cuenta de que había un déficit importante de personas que supieran gestionar la innovación y decidimos organizar un máster en coordinación con la Universidad de Oviedo y el IDEPA», dice. Hoy su objetivo es no sólo mantenerlo sino internacionalizarlo, «porque el camino de la competitividad es la innovación».

El reto de la innovación

El Club trata de difundir y concienciar a empresarios y sociedad en su conjunto sobre el camino que deben seguir para mantenerse a la cabeza del desarrollo. «Nuestra gran apuesta es que Asturias invierta en conocimiento y progrese en base a algunos proyectos. En sueldos no podemos ser competitivos», razona. Destaca el impulso que, en un futuro, puede dar a la innovación en Asturias la formación de una unidad internacional de innovación en el metal que podría ubicarse en Asturias.

El Club está inmerso en una vorágine de proyectos y actividades pero cuando a Obeso se le pregunta por el futuro, no duda en lanzar un reto a sus predecesores. «Deberíamos incorporar al Club a personas de renombre como José Luis Baranda. Su propuesta no tarda en ser secundada por González y Hevia. «Asturias no puede perder a nadie», concluye.