«Se puede vivir sin leer, pero no se puede escribir sin haber leído mucho»

El autor nacido en Trubia saca a la luz su último libro de narraciones, 'Sicilia, invierno', relatos con doble lectura

ALBERTO PIQUERO
PENSATIVO. Ignacio Ferrando pone en el mercado literario un nuevo título. /  E. C./
PENSATIVO. Ignacio Ferrando pone en el mercado literario un nuevo título. / E. C.

Nacido en Trubia en 1972, Ignacio Ferrando se ha convertido en una de las figuras del más reciente panorama literario español. De él ha escrito Caballero Bonald que se trata de «un autor con las cosas muy, muy claras, con garra y con unas señas de identidad propias». En los próximos días saldrá a la luz su última creación, 'Sicilia, invierno', un conjunto de once relatos a los que se suma un cuaderno de apuntes a modo de vuelta de hoja, por así decir, una gentileza en la que Ferrando explica algunos de los mecanismos que se esconden tras la construcción de sus narraciones.

-Sorprende la originalidad de ese epílogo que agrega en la conclusión del libro. ¿Cómo surgió la idea?

-Tuve dudas para incluirlo y fue el editor quien me convenció finalmente. Pero, yo mismo, como lector, apreciaría un aparte en el que los escritores pudieran aclararme con su propia voz los matices de sus textos. En mi caso, trato de orientar acerca de la segunda lectura que subyace bajo la piel de las narraciones.

-Ejemplifiquemos. ¿Cuáles son, por ejemplo, las claves de 'Trato hecho', el primero de los relatos?

-Es una historia que surgió de una manera torrencial, en una noche desarrollé la escritura inicial. Después, claro, hubo muchas reelaboraciones. Se trata de dos personajes que comparten una celda. En una primera lectura, pueden parecer dos personajes distintos y antagónicos, uno más instintivo y el otro, más racional. Sin embargo, a mi me gusta verlos como un solo personaje en el que pugnan por prevalecer dos aspectos de su personalidad.

-¿De quién se siente más cercano, del instintivo o del racional?

-Tengo cosas de ambos...

-En casi todos los cuentos aparece un 'doble', una réplica del protagonista. ¿A qué se debe esa inclinación narrativa?

-Es verdad, aparece un doble, ya sea como rival, enemigo o a modo de icono inalcanzable. Ignoro los motivos, yo mismo me he sorprendido cuando he hecho la selección de los cuentos. Imagino que todos los escritores tenemos tendencias recurrentes, y esa es una de las mías.

-También hace alusión a la literatura en relación con el cotilleo, en el buen sentido de la palabra. ¿La curiosidad es el motor imprescindible del lector?

-El punto de vista del lector es el del testigo que quiere saber cosas. Y el escritor ha de llevarle a lo que le interesa que sepa y ocultarle aquellos otros aspectos que le mantengan atento.

-¿Habla de la necesidad de la intriga?

-El elemento intrigante es muy recomendable y proporciona agilidad al curso de la narración. En 'Roger Lévy y sus reflejos', la amenaza de una muerte es la que hace que avancen los acontecimientos.

-¿Su preocupación por las estructuras literarias le viene de su antigua formación como arquitecto técnico?

-Es posible que tenga bastante que ver. Al provenir del mundo de las ciencias, a veces tiendo a relacionar la escritura con una lógica matemática. Y la verdad es que hay mucho de eso. No obstante, ello no quiere decir que me atenga a preceptos rígidos.

-¿Qué razones le transportaron de la arquitectura a la literatura?

-Fue una cuestión de elecciones. No resultó compatible levantarme todos los días a las seis de la mañana para escribir y a continuación acudir al trabajo en la obra. En esa coyuntura personal, me vi obligado a elegir. Y, afortunadamente, salió bien.

-Además, usted es ahora profesor de Lectura y Relato en la Escuela de Escritores de Madrid. ¿Qué es más difícil, leer o escribir?

-Se puede vivir sin leer, pero no se puede escribir sin haber leído mucho. Así que la lectura está antes. A pesar de que hay alumnos que quieren ir por los atajos y escribir directamente. Eso no es posible. Después, tampoco se ha de cargar de misticismo el hecho de escribir, pues esa es una actitud que bloquea.

-¿Cuál sería la actitud recomendable?

-Para escribir los requisitos son la lentitud y la contemplación. Aunque vivimos en una época que no aprecia esos valores. El paradigma es la urgencia, para ganar un tiempo con el que luego no sabes qué hacer.

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