«La entrada masiva de inmigrantes ha mantenido los salarios bajos»

El sociólogo dice que en España «ya entró el discurso xenófobo en las elecciones»

RAMÓN MUÑIZ
PONENTE. El sociólogo Antonio Izquierdo, ayer, en Oviedo. / M. ROJAS/
PONENTE. El sociólogo Antonio Izquierdo, ayer, en Oviedo. / M. ROJAS

El sociólogo Antonio Izquierdo, experto en inmigración y autor de varias investigaciones, participó ayer en una jornada organizada por UGT en la que denunció los fallos que pueden descarrilar la integración de los extranjeros.

-Durante la bonanza económica hablamos de «efecto llamada». La desaceleración, ¿está provocando un «efecto de contrallamada»?

-Sí. El inmigrante llega aquí atraído por una red específica, de familiares y compatriotas, y las redes no se suicidan. Nadie quiere tener a un familiar en casa un año sin posibilidad de trabajar. Los flujos de inmigrantes reaccionarán ante la crisis disminuyendo.

-A los primeros a los que les cae encima la crisis del 'ladrillo' son a los inmigrantes. ¿Cómo la están capeando?

-Agarrándose a esas redes. Fueron su herramienta para acceder al mercado laboral y por ellas están intentando entrar a trabajar en otros sectores. El reto es impulsar desde el Estado iniciativas que los integren en las vías oficiales, de búsqueda de empleo y formación para reciclarlos.

-¿Carecer de papeles empuja al inmigrante a ganarse la vida en actividades ilegales?

-Si así fuera, en estos años habríamos tenido miles de ladrones. No, hay muchos empresarios que aún contratan a sin papeles. Ahora es verdad una cosa: en época de crisis, si no encuentras trabajo y eres ilegal, todo se complica.

-Rajoy lanzó la idea de establecer un contrato de integración a los que lleguen a España. Curiosamente fue entre los inmigrantes que ya están instalados entre quien más apoyo encontró.

-Rajoy mordió bien porque el clima es ese, pero hay que distinguir lo posible con los brindis al sol. Como no hay peor fanático que el converso, no debe extrañar que los inmigrantes que están aquí y ya se han ganado un estatus se vuelvan contra los que vienen.

-En Italia ha llegado al poder un discurso xenófobo que carga las culpas en los campamentos de rumanos. ¿Puede pasar aquí?

-Sí, no hay que más que ver lo sucedido en nuestras elecciones. Hay cierto malestar en la gente porque los inmigrantes también usan los servicios sociales, compiten por esos recursos. Pero hay quien coge y exagera las percepciones. Las últimas fueron las elecciones en las que más frontalmente se introdujo en España el discurso xenófobo, que ya se inició en las autonómicas, en sitios como Madrid o Cataluña, con mayor presión migratoria.

Mano de obra

-En Asturias hay sectores con parados y, paradójicamente, los empresarios no encuentran mano de obra. La patronal intenta ampliar los canales para contratar a extranjeros y los sindicatos lanzan el grito al cielo. ¿Qué solución propone?

-No se pueden fiar todas las necesidades laborales al reclutamiento de mano de obra extranjera: hay que movilizar a los parados de aquí. Si sólo traemos inmigrantes, acabamos reventando el mercado laboral. La entrada masiva de inmigrantes en los últimos años ha mantenido los salarios bajos y la temporalidad alta. Hay que traer extranjeros que hacen falta, pero apoyo a los sindicatos.

-En Alemania, hay jóvenes turcas que no pueden relacionarse con alemanes porque sus padres y hermanos hacen lo que sea para impedir el «contagio». ¿Ponemos medidas para que no pase aquí?

-No. En política migratoria empezamos con el mercado de trabajo, luego pusimos el acento en el control de los flujos, pero faltan políticas que integren. Eso se hace penalizando los tratos discriminatorios y dando igualdad de derechos, el resto viene solo. Ahora se habla de permitir votar a los que nacieron fuera votar. Es complicado, porque requiere reformar la Constitución, pero es importante convertir al extranjero en ciudadano político.