La familia del recluso que pide el indulto por un «error judicial» recoge firmas

Quiere que se revise el caso de J. O. S., que cumple en Villabona 7 años por dos robos, pese a que las víctimas le descartaron

O. SUÁREZ
PATIO. Cárcel de Villabona, donde se encuentra J. O. S. / P. UCHA/
PATIO. Cárcel de Villabona, donde se encuentra J. O. S. / P. UCHA

Familiares y amigos del joven condenado a siete años por robo -pese a que las propias denunciantes le exculparon del delito- recogen firmas para solicitar la revisión del caso. Los allegados del preso intentan recabar todos los apoyos posibles para tratar de solventar «un grave error judicial». J. O. S., de 36 años, cumple condena en la cárcel de Villabona acusado de dos supuestos robos a punta de navaja cometidos a dos comerciantes gijonesas en 2004.

Mientras prosigue la recogida de firmas, su abogado, Guillermo Calvo, ha solicitado el indulto ante el Ministerio de Justicia tras ver cómo se agotan las vías judiciales que den la libertad a J. O. S. El joven ingresó en la cárcel en 2005. El juez Lino Rubio Mayo lo condenó a siete años de prisión a pesar de que las propias víctimas aseguraron que él no había sido el autor de los hechos.

En una primera rueda de reconocimiento, tres de las denunciantes confirmaron que no era el delincuente. Otra tuvo dudas y una quinta persona lo identificó como el autor de los hechos. Sin embargo, esa misma mujer reconoció después al que consideró el verdadero atracador en una fotografía que la Policía le llevó a su comercio. «Es ese sin lugar a dudas», dijo y firmó el documento para que quedase acreditado su nuevo testimonio. Sin embargo, esa prueba no llegó nunca a ser adjuntada al procedimiento judicial contra J. O. S.

Llegó el día del juicio y la mujer aseguró de nuevo que él no había sido quien la había amenazado con una navaja y robado. Llegó al juzgado como testigo y se fue como acusada. El fiscal la denunció por falso testimonio. Finalmente, el juez la absolvió de los hechos delictivos que se le imputaban.

«Todo esto no tiene ni pies ni cabeza y lo peor de todo es que ni en la Audiencia ni en el Tribunal Supremo han reconocido las anomalías», dice la hermana de J. O. S. Los familiares agotan los últimos cartuchos mientras el condenado permanece entre rejas. «Estuvo muy mal al principio, muy bajo de ánimo, pero ahora va saliendo adelante. Mantiene la cabeza ocupada apuntándose a todos los talleres que puede», dicen.