Principado, conservacionistas y empresarios rechazan «el uso económico» de los osos

El anuncio de las visitas guiadas al parque de Somiedo crea un frente que aboga por las políticas de protección y da prioridad a la supervivencia de la especie El Fapas pide una regulación para evitar un aumento de la presión en el futuro

RAÚL ÁLVAREZ

Desterrado el pesimismo extremo sobre la supervivencia del oso pardo cantábrico, el mismo éxito de los planes para la recuperación de la especie plantea hoy un problema con el que nadie soñaba enfrentarse hace años: la presión turística de decenas de visitantes ansiosos por fotografiar a un animal en libertad. La revelación, a principios de este mes, de que un touroperador británico ofrecía a sus clientes visitas guiadas al parque natural de Somiedo con el objetivo de avistar osos avivó una polémica instantánea que, sin embargo, se ha aplacado en los últimos días. El Principado, las asociaciones conservacionistas y los empresarios turísticos del Suroccidente coinciden en que sobre el terreno no hay indicios de alarma. Existe también la convicción generalizada de que la legislación actual es suficiente para garantizar la protección de la reserva si se aplica con los criterios de los últimos años.

Para Roberto Hartasánchez, presidente del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas), cuya red de cámaras sirve para dejar constancia tanto de los movimientos de los osos como de las transgresiones de los excursionistas que se adentran en zonas de acceso restringido, el salto del asunto a las noticias ha resultado «sorprendente». A su juicio, la actividad de las empresas dedicadas a promocionar las visitas «no puede ser muy consistente», porque su organización, que mantiene permanentemente personal sobre el terreno, no tiene constancia de las excursiones.

Hartasánchez, sin embargo, sostiene una opinión con pocos seguidores. El responsable del Fapas considera apropiado abrir un debate acerca de las actividades turísticas en los espacios protegidos. «Puede que este caso no sea muy grave, pero algún día aparecerá una empresa con más capacidad de hacer año, porque los osos llaman mucho la atención», advierte. La primera oportunidad para abordar cambios en la normativa actual llegará en la reunión del consejo rector del parque de Somiedo que la consejera de Medio Ambiente, Belén Fernández, se comprometió a convocar en respuesta a las críticas a la actividad de Naturetrek, que dio origen al escándalo.

Las intrusiones registradas por las cámaras del Fapas indican la mayor concienciación de los visitantes de Somiedo en los últimos años. Las intrusiones en zonas vedadas al público alcanzaron un pico en 2004 y han descendido desde entonces hasta unas cifras escasas, clavadas en unos 15 infractores al año. Nada muy alarmante para Hartasánchez, que atribuye esas entradas menos a intenciones dañinas para la fauna que «al gusto por incumplir las normas que algunas personas exhiben en todos los ámbitos de la vida, como quien conduce sin carnet».

Contra las normas

Otra organización conservacionista, Ecologistas en Acción, también se mostró perpleja por la polémica. «No sé a qué obedece, porque el plan de uso y gestión del parque de Somiedo es el mismo de siempre. Lo que no estaba permitido hace un año tampoco está permitido ahora», señaló su portavoz, Claudio Hermosilla. En su opinión, el punto central de la discusión es encontrar el equilibrio entre la protección y la observación. «No soy demasiado esencialista. Quienes hacen trabajo de campo y tienen todo el mérito de la recuperación de la especie no muestran un rechazo frontal de los avistamientos», reflexiona.

Hermosilla opina que habilitar lugares desde los que se pueda observar a los osos sería admisible si su funcionamiento fuera «compatible con la reproducción y la conservación de la especie». También cree irrenunciable que esos puntos queden bajo el control de la Administración. «El oso no puede ser una fuente de negocio. No es lo mismo el espectáculo prometido por una empresa privada que aprovechar su presencia para montar un aula de la naturaleza. Y el límite, desde luego, está en la interferencia con su vida», distingue.

Ese equilibrio entre observación recreativa y conservación está también en la base del enfoque del Gobierno regional, según señaló la consejera Belén Fernández en defensa de su gestión. «Nuestros instrumentos de planificación son eficaces», afirma. En caso de que el uso turístico y el bienestar de la especie entren en conflicto, no habrá dudas sobre la primacía del segundo.

En pleno parque natural, protegido por la Unesco como Reserva de la Biosfera desde 2002, los empresarios locales también anteponen la conservación al uso turístico. «El oso es un tesoro insustituible en caso de que se pierda», apunta el presidente de la Federación Asturiana de Turismo Rural (Fastur) desde su establecimiento en la localidad somedana de Villar de Vildas. Adriano Berdasco añade que, en sus catorce años de experiencia en el sector, no se ha encontrado con ningún cliente interesado por llegar al corazón de las zonas oseras. «Les hablo de 'Paca' y 'Tola', aunque la mayoría ya las conocen antes de llegar», asegura.

Un buen reclamo

En la organización local, la Asociación de Turismo Rural del Parque Natural de Somiedo, la postura es muy similar. Su coordinadora, Emma Álvarez, admite el uso de la imagen del oso como reclamo en sus campañas de promoción, que también incluyen otros elementos característicos del concejo: el paisaje de los lagos y las cabañas de 'teito'. Pero se trata sólo de iconos. «Hasta me ofende la idea de invadir el hábitat de los osos. Ni locos se nos ocurriría animar a nadie a hacer deportes náuticos en los lagos, pernoctar en los 'teitos' o salir a avistar animales», se indigna. «En realidad, no creo que se haga, porque no lo he visto nunca. Pero, si de verdad sucede, no debe regularse, sino perseguirse. Está prohibido. No vamos a cambiar ahora toda la estrategia de conservación para beneficio de empresas que no aportan nada a la población estable».

Para la Fundación Oso, la institución que ha pilotado los proyectos regionales de recuperación de la especie el debate «debe cortarse de raíz, antes que surjan intereses creados». Su director, Carlos Zapico, «es obligatorio prevenir» el riesgo de aumentar la presión humana sobre un territorio «tan valioso y reducido». ROBERTO HARTASÁNCHEZ

CLAUDIO HERMOSILLA

EMMA ÁLVAREZ

CARLOS ZAPICO