El catalán Josep Maria Rodríguez se hace con el Premio Emilio Alarcos con el poemario 'Raíz'

Son unas treinta obras que hablan de lo cotidiano con el ánimo de ir más allá de la realidad a través de una poesía limpia

M. F. A.
Josep Maria Rodríguez./
Josep Maria Rodríguez.

Tiene 32 años, es natural de Sùria (Barcelona), vive en Lleida y atesora ya dos de los grandes premios poéticos del país. Josep Maria Rodríguez se hizo en 2003 con el Premio Emilio Prados y es desde ayer el ganador del Emilio Alarcos en su séptima edición, cuyo fallo hizo público ayer un jurado constituido por Susana Rivera, José Luis García Martín, Luis García Montero, Aurora Luque y Jesús García.

'Raíz', su cuarto poemario en castellano, se hizo con un galardón que ayer tenía a este catalán un «poco conmocionado», por el prestigio del propio premio y porque supone publicar con la editorial Visor. «Es una poesía cotidiana que intenta ir más allá de la realidad, es como si vas en un coche, y la realidad está siempre detrás de la luna; se trata de pasar el cristal, ir más allá de las apariencias, de lo visible, de todo lo que nos pasa día a día para intentar llegar al fondo», anuncia, y aclara después que intentar tocar ese final es a veces más valioso que conseguirlo.

Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Lleida, Josep M. Rodríguez (que así firma sus libros) se confiesa un «pluriempleado» que trabaja en una librería, da clases para adultos en un instituto y encuentra tiempo para traducir los poemas del japonés Kobayashi Isaa, para empezar una novela, para escribir ensayo. Pero es la poesía la amante más querida de un mundo literario que se escribe en castellano. «El catalán es la lengua que empleo para comunicarme y el castellano, para inventar», dice, y explica que la biblioteca de su casa se nutría de volúmenes en español, y eso ha condicionado su manera de enfrentarse a la literatura.

Pese a que también ha frecuentado la crítica literaria, no encuentra con facilidad palabras para definir 'Raíz', una obra compuesta por una treintena de poemas distribuidos en cuatro partes encabezadas cada una de ellas por una cita. «Hablo de distintas cosas que me han ido pasando en los últimos años», relata a modo de introducción, y sin escatimar detalles, que incluyen una ruptura sentimental. Y es que este trabajo ganador del Alarcos de poesía -dotado con un premio de 18.000 euros y la publicación de la obra- incluye los versos escritos a lo largo de los últimos cuatro años. Fue en 2004 cuando publicó su último poemario, y el tiempo ha pasado desde entonces sin prisas, porque así lo ha querido el autor barcelonés: «Si uno se planta delante de 'Las Meninas', a nadie le preocupa el tiempo que Velázquez tardó en pintarlas, yo no tengo necesidad de publicar por aparecer», se justifica.

El lector, partícipe

En ese tiempo ha sido capaz de elaborar una poesía «muy limpia», en la que se detecta una cierta evolución sobre sus trabajos anteriores, porque el tiempo no pasa en balde, porque la juventud más rabiosa da paso a una forma más madura de entender la vida, porque en ese periodo han sucedido muchas cosas que ha querido transmitir de una manera clara. «Es una poesía que tiene la voluntad de hacer al lector partícipe, facilitar que pueda leer los poemas y emocionarse», asegura. No quiere eso decir que sea la suya una poesía simple, sino que permite diferentes lecturas y a distintos niveles: «Creo que el libro ofrece distintos registros».

Es ésa una de las virtudes de un trabajo que llega después de 'Las deudas del viajero (1998), 'Frío' (2002) y 'La caja negra' (2004). Están también sus versos en un par de antologías y su prosa en ensayos, crítica literaria y puede que, pronto, en una novela aún en pañales.

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