Las empresas asturianas deben afrontar la jubilación de 55.000 trabajadores en los próximos siete años

ELENA RODRÍGUEZ |GIJÓN

elena rodríguez gijón

Las empresas asturianas deberán afrontar en los próximos siete años la jubilación de 55.000 trabajadores, el 12% de la población ocupada del Principado. Cubrir estas bajas supone un auténtico reto para el mercado laboral local, sobre todo si se tiene en cuenta la evolución de la población en la región. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), entre 2002 y 2017, el Principado perderá 10.700 menores de 18 años y ganará, por contra, 16.400 personas de más de 65 años. De hecho, en la pirámide demográfica, ya empieza a adelgazar el tramo de edad entre los 20 y 24 años, que es, precisamente, la edad de incorporación al mercado laboral tras la finalización de los estudios.

Esta situación comienza a pasar factura a sectores como el del metal, que no encuentra mano de obra cualificada para responder al relevo generacional. Sociólogos y economistas coinciden en que la demografía cambiará profundamente el mercado de trabajo y que, en un mundo cada vez más globalizado, será lógico que trabajadores de otras comunidades y también inmigrantes cubran los huecos que dejen los más veteranos. Ante estas perspectivas y teniendo en cuenta que «ahora estamos en la mejor situación demográfica de los próximos 30 años y hay población joven», el director del Servicio Público de Empleo del Principado, José Luis Álvarez, insta a las empresas a que sean «previsoras» en la gestión de recursos humanos.

Desde hace ya tiempo, el Servicio Público de Empleo viene llamando la atención acerca de la importancia del relevo generacional en las compañías. «En todas las empresas es fácil saber la edad que tiene la plantilla y predecir casi la fecha exacta de salida, con lo cual es posible hacer planes concretos para relevar a las personas con nombre y apellidos». Para facilitar la incorporación de las nuevas generaciones, con un mayor nivel formativo, el Principado ha puesto en marcha el Plan de Empleo Joven que, en esta legislatura, se ha abierto a todos los menores de 30 años, indistintamente de su formación.

El programa financia las contrataciones indefinidas, los contratos en prácticas y de formación y los contrato-relevo. Además, recupera la figura del aprendiz, como pedía el sector del metal, para ofrecer una formación teórica, pero también práctica en el puesto de trabajo que se ajuste lo más posible a la realidad del tajo diario.

No más prejubilaciones

Estas medidas tienen lugar en un momento en el que la Unión Europea (UE), alertada precisamente por el envejecimiento de la población, lanza un claro mensaje a los Estados miembros para que pongan en marcha políticas que ayuden a retener al trabajador el mayor tiempo posible. Es lo que denomina el envejecimiento activo. Para ello, pide acabar con el frenesí de prejubilaciones.

Según el profesor de Fundamentos del Análisis Económico César Rodríguez, «desde mediados de los años 80, Asturias no ha hecho otra cosa que prejubilar. En la minería del carbón, en el metal, en la construcción naval y en el campo, sobre todo. Eran sectores que estaban sobredimensionados y que, con la entrada en la UE, no tenían nivel para competir. Hubo que reconvertir; no se podía hace otra cosa». El caso de la banca, sostiene, fue distinto «porque se acabó con los mayores en Asturias y en España por una cuestión puramente de coste. Su trabajo no es tan cualificado como para que un joven no pueda sustituir a un veterano con un pequeño período de aprendizaje y la compañía ahorra muchísimo en salarios».

Según el profesor, «la política que se ha seguido en Asturias ha sido claramente la de acabar con el segmento de los mayores. En 1977, su tasa de empleo era del 34% y ahora es de casi el 15%, cuando en España esa caída ha sido menos acusada al pasar del 28,04% a un índice del 19,6%».

El modelo de reconversión aplicado en Asturias se caracterizó por la alta protección social y por evitar el conflicto por la vía de las prejubilaciones. El resultado es que «en veinte años, hemos perdido casi 40.000 empleos públicos», recuerda el secretario general de la Federación Asturiana de Empresarios (Fade), Alberto González. «El problema que tenemos es gordo porque estamos perdiendo muchísimo conocimiento y posibilidades en sectores importantes que podrían seguir siéndolo de cara al futuro de nuestra región».

En este sentido, González advierte de que esa pérdida de capital humano no sólo se produce en los estamentos superiores de la empresa, sino también en los cuadros intermedios y de obreros. «Hablamos de torneros, soldadores, matriceros, operadores de grúa...», afirma. En este contexto, el director general de la Cámara de Comercio de Gijón, Javier de la Ballina, recuerda que un elemento distintivo de Asturias es el «fuerte salto generacional que se produjo en la vida empresarial y social. Bajo el crecimiento de los años 60 y el cambio político y social de los 70, llegaron jóvenes a los cuadros de mando e intermedios. Ello supuso un salto que anuló la entrada de la siguiente generación, lo que ha precisado, para cubrir los huecos, la llegada de más y más jóvenes».

Con estos puntos de partida, ¿hacia dónde deben dirigirse ahora las políticas de recursos humanos? El profesor de la Universidad de Oviedo César Rodríguez sostiene que «es muy importante» retener a los veteranos, por su saber hacer, pero también desde el punto de vista del sistema de pensiones. En Asturias añade, por cada activo tenemos un inactivo. Si tuviéramos que pagarnos las pensiones con una caja propia, no podríamos. Es fundamental alargar la edad de jubilación en lo posible. Es un reto que tiene Europa en general, no sólo Asturias y España».

También el secretario general de Fade es partidario de «acabar con la tendencia a acortar la edad de jubilación». Alberto González expone varias razones: «Porque el sistema de pensiones no lo aguanta, porque ya no estamos en épocas pasadas donde primaba evitar el conflicto social y se intentaba resolver por la vía de prejubilaciones y porque las condiciones laborales tampoco son las de antes y eso influye para alargar el tiempo de trabajo».

No apoltronarse

Asimismo, González cree que «hay que cambiar el chip en cuanto al concepto de antigüedad. «No digo que se pague menos aclara, sino que habría que cambiarlo por otra retribución que vaya acorde con la aportación del trabajador, independientemente de la edad. Sería un concepto ligado con la productividad y obligaría al trabajador a esforzarse más y a no apoltronarse». El secretario general de Fade afirma que la cuestión fundamental no es «retener el talento, sino abordar un cambio sociológico y cultural, que empiece por los propios trabajadores, entre los que me incluyo. Debe cambiar la manera en la que el individuo se enfrenta y se relaciona con su trabajo, porque si no, llegan otros detrás que están más preparados y con más capacidades desarrolladas para hacer el mismo trabajo aunque, eso sí, tengan menos experiencia».

En su opinión compartida por el director del Servicio Público de Empleo, José Luis Álvarez, «lo que hay que tratar de buscar es el equilibrio entre la experiencia de los que llevan años en la empresa y el empuje de los recién incorporados». «A las empresas no les queda más remedio que rejuvenecer plantilla añade Rodríguez porque mayores de 55 años prácticamente no quedan. Ahora bien, para formarse como un buen soldador hace falta mucha experiencia laboral, y éste es el problema de muchas empresas: que tienen dificultades para conseguir oficiales. Lanzamos pocos estudiantes de FP. Los alumnos universitarios triplican la cifra de los estudiantes de FP y las demandas del mercado no son ésas».

Javier de la Ballina sostiene, por su parte, que «la estrategia de rejuvenecimiento ha sido una constante en las firmas asturianas por el extraordinario nivel de formación y cualificación de la juventud, el importante número de demandantes jóvenes, sobre todo mujeres, que suponían condiciones de salario muy competitivas y una estructura laboral que suponía elevar los costes de la persona con más tiempo enplantilla».