El novio

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F lavio Briatore por fin se ha decidido y se casa. Y lo hace a los 58 años. Una vez conocí a un hombre que solía confesar: «Me casé a los cuarenta y cinco... Y me precipité». Es de esperar que Flavio lo haya meditado con calma y no se precipite; porque a ciertas edades las caídas son fatales.

La afortunada, y nunca mejor dicho, porque Flavio otra cosa no... pero fortuna tiene de sobra, se llama Elisabetta (casualmente, como la novia de Drácula) y es una neumática joven que se autodefine como italiana tradicional, muy del sur y muy de su 'famiglia' (¿Aviso a navegantes, quizá?). El caso es que Flavio, con un rostro que denota la tensión del que se siente en capilla, posa con ella esta semana en una conocida revista, a bordo de su yate de insultante eslora.

Viéndolos ahí, cuesta adivinar quién de los dos se está llevando el trofeo. Si él o ella. Elisabetta desde luego puede presumir de haber sido la mujer que logra retirar de la circulación sentimental a uno de los 'playboys' más recalcitrantes de Europa. Pero, claro, se ha subido a ese crucero con un cierto 'décalage'; en ese preciso momento en el que una ya no sabe si se está casando con el hombre de su vida... O con lo que queda de él. Y luego están esos vicios tan difíciles (a partir del medio siglo, imposibles) de erradicar. Entre ellos, los que ha adquirido Briatore en sus muchas décadas de acendrada soltería. Dice Flavio que está dispuesto... pues bueno, en fin... a cambiar «un poquito» porque, claro, él comprende que ya no podrá vivir como vivía hasta ahora; o sea, para sí mismo. Y que, vale, que lo va a intentar... Como propósito de la enmienda suena más bien debilucho, pero hay que decir en su honor que el primer cambio ya se ha producido. Para empezar, en el yate se aprecian muchas menos cajas de 'Kleenex'. Será porque ya no las hace llorar.

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