Rítmico y vital

Clamor en el Teatro Jovellanos ante el concierto inspirado en 'Carmina Burana' en una versión dirigida por Mariano Rivas

RAMÓN AVELLO
La prestigiosa Sociedad Coral de Bilbao actuó anoche en el Jovellanos, en la versión que Rivas elaboró del 'Carmina Burana'. /E. C,/
La prestigiosa Sociedad Coral de Bilbao actuó anoche en el Jovellanos, en la versión que Rivas elaboró del 'Carmina Burana'. /E. C,

El éxito de público se resume en el cartel que dice 'No hay entradas'. La popularidad de la obra, el interés por escuchar, por primera vez en Gijón, a la afamada Sociedad Coral de Bilbao, precisamente el coro que estrenó en España, en 1960, el Carmina Burana de Orff, y la cercanía del Coro Infantil de la Polifónica Gijonesa, nos dan algunas de las claves de un Jovellanos al límite de su ocupación.

'Carmina Burana' es, en el fondo, y más allá de la calificación de «cantata dramática», una obra concertante para cantantes solistas, coros dispuestos en tres grupos, gran coro, pequeño coro y coro de niños, y, en este caso dos pianos y un pequeño grupo de seis percusionistas.

La reducción orquestal da mayor protagonismo al acompañamiento de la percusión protagonizado por el grupo vasco Opus Percusión Ensemble, siempre muy brillante y prácticamente similar a la familia de percusión orquestal, y sobre todo a las voces.

Mariano Rivas proyectó una versión del 'Carmina Burana' directa, comunicativa, bien estructurada en bloques sonoros, y que enriqueció la sencillez repetitiva de las piezas de la obra con garra rítmica, fuertes contrastes, y un tiempo variado, algo lento en los números iniciales de 'La Primavera', probablemente para generar, con el contraste, un mayor efecto de viveza. Así fueron desgranándose los himnos a la naturaleza, al amor, a las alegrías del vino, sobre un fondo de protesta contra el destino sombrío. Una versión de gran sentido unitario, y al mismo tiempo de una gran variedad.

Acoplado

La Sociedad Coral de Bilbao domina una obra de la que se puede decir que es su carta de presentación. Riqueza de matices, homogeneidad en las cuerdas, articulación precisa y afinación perfecta. Gusto mucho tanto por la belleza de color como por el encanto con el que cantaron, el Coro Infantil de la Polifónica Gijonesa. Ingenuo en 'Chume Chum geselle', y perfectamente acoplado en la alegre 'Tempus est iocundus', hacia el final de la obra.

Para los solistas, el 'Carmina' tiene la dificultad de las tesituras Pese a esas declamaciones aparentemente populares, la obra se mueve en registros agudos -re sobreagudo en el tenor- de difícil ejecución.

Excelente el tenor Asiain, con un timbre cercano al contratenor, pero cantado con voz natural y sin impostación.

Forzado en los agudos el barítono Russi Nikoff, no es para menos, y exquisitamente lírica la soprano, muy segura en todos los registros de voz, elegante en el fraseo, la soprano Victoria Loukianetz.

Tras los aplausos, el coro repitió uno de los números corales: 'Were diu Werit alle min', que quiere decir: 'Si todo el mundo fuese mío'. El mundo no sé, pero ayer todo el público fue de todos estos intérpretes del Carmina Burana.

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