La Unesco declara el arte rupestre del Cantábrico Patrimonio de la Humanidad

Las cuevas de Tito Bustillo, El Pindal, La Covaciella, Llonín y La Peña obtienen la máxima distinción cultural y de protección mundial junto a otras doce de Cantabria y el País Vasco

PACHÉ MERAYO| OVIEDO

La Unesco dijo que sí y desde anoche la candidatura del arte rupestre paleolítico de la cornisa cantábrica ya no es sólo una candidatura sino una parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad. Este título que define su «excelencia» se adhiere a 17 cuevas de Asturias, Cantabria y País Vasco. La caverna de La Peña, de Candamo; Tito Bustillo, de Ribadesella; Llonín (o la del quesu), de Peñamellera Alta; El Pindal, de Ribadedeva, y La Covaciella, en Cabrales son las representes asturianas. Todas convertidas con los siglos en el mejor albergue del pasado artístico de nuestros ancestros.

Con ellas ahora destacadas con el prestigioso título figuran las grutas de Chufín, Hornos de la Peña, El Castillo, La Pasiega, Las Monedas, El Pendo, La Garma, Las Chimeneas y Covalanas, de la comunidad cántabra, y Santimamiñe, Latxerri y Ekain, situadas en el País Vasco.

La noticia fue recibida con entusiasmo en la Consejería de Cultura, que dirige Encarna Rodríguez Cañas, pero sin sorprensas, ya que todos estaban convencidos de que se iba a ganarse el beneplácito de los expertos. El mejor argumento del optimismo es la riqueza artística que albergan las cuevas, pero también es destacable y así lo hacían ayer los responsables políticos, «el magnífico trabajo realizado para que la candidatura llegara a buen puerto y fuera finalmente tenida en cuenta».

El director general de Patrimonio, el arqueólogo Adolfo Rodríguez Asensio, fue el primero en conocer la respuesta de la Unesco, pues a él le correspondió ser embajador asturiano en Québec, la ciudad canadiense, en la que se celebra la conferencia del Comité del Patrimonio Mundial, encargada de aprobar la propuesta «absolutamente singular». Así la calificaba ayer Asensio, quien añadía que «en conjunto forman un grupo difícilmente igualable desde un punto de vista artístico».

En un principio, esta candidatura encerraba un conjunto de tan sólo 14 grutas y con ese número fueron presentados los primeros informes técnicos y artísticos (firmados por el prestigioso historiador Jean Clottes) al Ministerio de Cultura para que éste diera oficialidad a la petición, lo cual hizo el año pasado consolidando la primera reunión celebrada en octubre de 1997 en Santillana del Mar en la que se tomaba la decisión de aunar esfuerzos del Norte.

El posterior crecimiento de la candidatura afectó a todas las comunidades. Asturias ganó, como el resto, una cueva más. Inicialmente estaba representada por Tito Bustillo, la Peña, Llonín y El Pindal, pero en febrero los asesores de la Unesco propusieron la inclusión de la Covaciella, del mismo modo que dieron su visto bueno para que Las Chimeneas, en Cantabria, y Altxerri, en el País Vasco, participaran también del título logrado después de meses de trabajo.

El conjunto de grabados y pinturas que encierran en sus oquedades las grutas no sólo asturianas -con los singulares bisontes heridos de Llonín, los caballos de Tito Bustillo o el extraordinario mamut del Pindal-, sino también de Cantabria y del País Vasco son verdaderas joyas y una fuente de información desde la que descubrir la Prehistoria.

Otros tres enclaves

Joyas que se suman ahora a los otros tres enclaves españoles que ya eran patrimonio mundial. Atapuerca, en Burgos; la cántabra de Altamira, donde se encuentran las obras maestras de la pintura del paleolítico, y las manifestaciones prehistóricas del Arco Mediterráneo.

La cornisa cantábrica constituye uno de los territorios clásicos del arte rupestre paleolítico, reuniendo entre el río Nalón y las cuencas de los ríos Pas y Besaya, la mayor concentración de cuevas con pinturas y grabados del Paleolítico Superior.

El conjunto configura una región de primer orden entre las primeras manifestaciones artísticas murales de la humanidad. El número de las cavernas ornadas, su variedad iconográfica, la diversidad de técnicas y estilos, la larga duración milenaria de su complejo ciclo artístico y su remota antigüedad, convierte las cavernas de la cornisa en centro fundamental en la historia de la creatividad artística humana.

Demuestra el arte hallado en estas cuevas que el hombre, desde su origen en la Tierra, es capaz de crear y por eso adornaba las paredes que habitaba. El arte rupestre es una de las manifestaciones culturales más relevantes de la historia de la Humanidad. Aparte de sus cualidades propiamente estéticas, la importancia deriva de su carácter representativo de una etapa crucial en la evolución humana: la aparición del homo sapiens. Se trata de un fenómeno a gran escala, tanto en el espacio como en el tiempo, que se extiende desde los Urales hasta la Península Ibérica y se prolonga unos 20.000 años, desde hace unos 35.000 hasta 11.000 años antes del presente.