Tito Bustillo en la Unesco

Las principales cuevas del Norte de España son hoy Patrimonio de la Humanidad, en un intento de ampliar la Declaración de la Unesco de 1985 para Altamira. No fue especialmente afortunada la selección de aquél año, pues las cuevas cantábricas se conocían ya, y también su parentesco cultural y su importancia conjunta. Curiosamente, en un momento en el que todavía no se habían realizado las transferencias de Cultura a las comunidades autónomas, por lo que, al menos en principio, hubiera sido más facil concebir un espacio global para la declaración y no centrarla en Altamira de manera exclusiva.

Lejos de mi intención quitarle importancia a Altamira, que no es solamente una maravilla, sino también la primera maravilla del Arte Rupestre Paleolítico autentificada en el mundo. Altamira es una referencia, y así lo concibieron los responsables de la Administración que estaban elaborando la Ley de Patrimonio Español, y que conocían bien el arte cantábrico. Una concepción así de restrictiva estaba también en la mente de los expertos de la Unesco que debían valorar el arte español, para los cuales una cosa era Altamira y otra las demás. Del resto peninsular, ni comentar. No existía para la mente de los transpirenaicos y así ha permanecido hasta la actualidad, con una honrosa excepción.

En el año 1998, el yacimiento paleolítico al aire libre del Côa en Portugal fue declarado Patrimonio de la Humanidad, lo que implicaba el reconocimiento de que no solamente que existía Arte Paleolítico en la Península fuera del cantábrico, sino que además existía una forma externa de ese arte, que hasta el momento se localiza fundamentalmente en la Raya fronteriza hispano-portuguesa. La declaración fue únicamente para el yacimiento del Côa, aunque hay alguno más en la zona, como el de Siega Verde, en Ciudad Rodrigo, Salamanca. De forma semejante a la declaración de Altamira, que dejó fuera los demás yacimientos cantábricos, en la del Côa se dejó fuera a Siega Verde, que era conocido desde antes y es el único que ha sido objeto de una publicación científica completa. Ahora, como sucede en el Norte, los que estudiamos Siega Verde estamos intentando, en colaboración con el Gobierno regional de Castilla y León, que la Declaración del Côa se amplíe al yacimiento salmantino y lo incluya.

En el Norte hemos hecho lo mismo.Ya en los años 90 intentamos la ampliación actual, que entonces contó con las reticencias de alguna autonomía norteña, celosa de sus competencias y recelosa de todo intento de uniformación estatal. Ahora ha habido suerte y el acuerdo ha sido completo desde Asturias al País Vasco, con una mayoría de cuevas cántabras, cosa natural, pues es la zona con mayor número de ellas de todo el Cantábrico. El año pasado, durante la visita de los expertos de la Unesco, se nos concitó a cada uno de los especialistas para mostrarlas sobre el terreno. A mí se me citó para enseñar Tito Bustillo, con un cierto fundamento.

Comencé a trabajar en la cueva riosellana en el año 1974 y aún continúo, lo que significa que su contenido es abundante, y mis años, muchos. Es un yacimiento grande, comparativamente mayor que el de casi todas las cuevas cantábricas, y desde luego muy superior a la propia Altamira. No es facil, ni seguramente apropiado, hacer un 'ranking' de las mejores cuevas paleolíticas del mundo, pero si hubiera que hacerlo -repetidas veces he sido puesto en ese disparadero-, Tito Bustillo estaría entre las cinco mejores y más ricas.

Los seiscientos metros de longitud lineal, más el recorrido de sus galerías laterales y de las comunicaciones con las otras cuevas del macizo de Ardines, dan fe de su tamaño. Posee representaciones artísticas hasta el más lejano de sus recovecos, un yacimiento de habitación de volumen muy relevante y una documentación que aún no hemos terminado, pero que supone ya decenas de artículos y libros. Es un yacimiento de primera importancia mundial, que no ha alcanzado la importancia mediática que merece por falta de una adecuada promoción, y mea culpa, por falta aún de una publicación de conjunto que estamos preparando. Su Panel Principal es amplio y variado, posee figuras de muy gran tamaño que representan animales de los últimos momentos glaciares y tiene más de cien figuras en una sala cuya decoración, color, variedad y grandiosidad, no se encuentra en cualquier sitio.

Tiene además, como se ha dicho, un espacio de entrada, donde vivían en gran parte sus habitantes paleolíticos, dormían, comían, pintaban, trabajaban y defecaban. Ese espacio de entrada es muy grande, y pudo reunir más de un centenar de personas en determinados momentos, personas que venían del entorno, para empezar del propio macizo de Ardines, donde existieron al menos ocho cuevas habitadas más al mismo tiempo. En Tito Bustillo se reunió una población importante, más de lo que hasta ahora se proponía para la época, un grupo organizado y productivo, que supo aprovechar sin destruir los recursos que le brindaba la naturaleza en el estuario del Sella. Caza, pesca y recolección, intercambio de productos, como el color de su cantera interior, relaciones con la cuenca del Sella y con el Cantábrico hasta el Pirineo, y un largo etcétera de actividades que caracterizaron el comportamiento del culmen de la cultura Paleolítica, no superada en esa forma hasta nuestros días.

Todas las comparaciones son odiosas. Altamira es la madre de las cuevas españolas, por su calidad, antigüedad en la valoración e importancia cultural, pero en número y variedad de representaciones, en tamaño general y en valor como centro cultural paleolítico, sería la hija, y Tito Bustillo la madre. No se trata de hacer comparaciones, aunque vengo de hacerlas. Se trata de que ahora, por primera vez en el organismo mundial de la cultura de todos, que es la Unesco, se pueden valorar Tito Bustillo y otras cavidades con las condiciones que merecen. No se puede entender el comportamiento artístico, gráfico y comunicativo de nuestro pasado paleolítico sin tener en cuenta la totalidad de sus representantes cantábricos.Tampoco sin los extracantábricos, pero ese es otro cantar que parece estar afinándose por parte de los que no son peninsulares y quieren hacer justicia a una realidad incomparablemente rica como la nuestra.