Y la Luna se hizo Sol

Tras una semana llena de incertidumbres por la meteorología, la ópera 'Carmen' se representó en la plaza de toros de Gijón con toda su monumentalidad y arrebato

ALBERTO PIQUERO
Mariano Rivas, en primer término, dirige la orquesta frente a un escenario colorista y repleto de intérpretesdurante la representación . /JOAQUÍN BILBAO/
Mariano Rivas, en primer término, dirige la orquesta frente a un escenario colorista y repleto de intérpretesdurante la representación . /JOAQUÍN BILBAO

Quizás sea preciso en ocasiones atravesar vicisitudes inquietantes e incógnitas varias para alcanzar la gloria merecida. O eso parece que le sucedió a la 'Carmen' de Bizet, que por fin pudo alzar el telón en El Bibio después de una semana de nervios mirando al cielo ante la amenaza de lluvia. La velada comenzó, sin más contratiempos, a las diez y diez de la noche y puso bajo las estrellas la emoción soberana que sólo es capaz de ofrecer el arte mayor. La incertidumbre merecio la pena. Unas 1.600 personas fueron testigo de un espectáculo histórico y, por momentos, más que intenso.

Así fue desde los compases iniciales de la 'ouverture', con la espléndida dirección escénica y y escenográfica de Francisco López y Jesús Ruiz, respectivamente, y con el ambiente que fueron creando el grupo de soldados, «Por la plaza/ todos pasa,/ todos vienen, todos van...» a la espera de la irrupción llena de 'sentío' de la mismísima Carmen (Nancy Herrera) con su «¿Cuándo os amaré?/ A fe mía, no lo sé...», cantado con esa voz de tonalidades oscuras, hondas, de matices brillantes e interpretación tan seductora como conmovedora que arrancó los aplausos de un público entregado que interrumpió en repetidas ocasiones su actuación.

Un elenco de nivel

Si ella tuvo un gran papel no fue menos el del resto de elenco, los otros tres solistas, el tenor catalán Albert Montserrat, la soprano navarra Sabina Puértolas y el bajo italiano Antonio de Gobbi, pusieron al respetable en pie con sus interpretaciones de Don José, Micaela y Escamillo. El coro del Teatro Villamarta de Jerez, además de la Orquesta de l'Academia del Gran Teatre del Liceu, espléndida en sus violines, violas y óboes recibieron continuas ovaciones a lo largo de una representación lírica intensa . El trabajo de su director, el gijonés Mariano Rivas, que regresaba a casa, fue inspirado, arrebatador y monumental. La fría noche veraniega bullía de pasión, a la lluvia ya no se la esperaba y la Luna se hizo Sol.

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