Vagabundos de la Vía Láctea

RUBÉN FIGAREDO
Vagabundos de la Vía Láctea

Decimos que una idea es peregrina cuando transita entre la realidad y la ilusión, con el afán de acercar aquella a esta, convirtiendo en real lo que hasta entonces era sólo imaginario. Esta actividad goza de muy mala prensa, a no ser que el peculiar vista bata blanca y mire por un microscopio.

Parece mentira que las romerías de hoy tengan su origen en una moda oriental popularizada por Santa Elena, la madre del emperador Constantino y creadora también del turismo religioso, el que busca en el símbolo la materialización de la creencia.

Población de Campos es una hermana menor del Camino de Santiago, situada entre San Martín de Frómista y Villalcázar de Sirga. Fue feudo de la orden sanjuanista, sucesora de los templarios tras su disolución. De su estancia, de casi siete siglos, resta la ermita de Nuestra Señora del Socorro del siglo XII. En la capilla de San Miguel funcionaba antaño un lazareto que sirve hoy para el reposo de los peregrinos. Los que no descansan precisamente son los jóvenes que celebran las fiestas de la Magdalena. Esta es la advocación de su iglesia principal, aunque en el letrero oficial figura sólo como iglesia de Santa María, tal vez por aquello del oficio atribuido a la que, según los evangelios apócrifos, fuera compañera de Jesús.

Los juveniles cofrades comulgan con el pagano calimocho y se acuartelan en jocosas hermandades que tienen sus efímeras sedes en algunos establos del pueblo. Tras la estela de la cuadrilla lo comía, que parodiaba a los abanicados miembros del conjunto ochentero, surgieron otros grupos como lo dormía, lo bebía o lo temía. Las únicas discordantes son las chicas, cuya hermandad, más intelectual y dubitativa, se llama lo estamos pensando. Goyo y su mujer, que están a la fresca en la calle, me orientan acerca de las bellezas del pueblo y Mariano me obsequia con un vino del país, la dosis exacta para que la percepción se abra a un aire fresco de golondrinas que se pierden en el yermo, como las notas de la dulzaina y el tamboril que tocan madre e hijo por las empinadas calles.

Brañas es una aldea del concello coruñés de Toques, más cerca de la tumba del apóstol o del cuerpo de Prisciliano. El hereje, que en aquella época era todo aquel que pensaba por sí mismo en vez de hacerlo por los demás, escribió sentencias tan actuales como: «La palabra engañó a todos, pero yo no fui completamente engañado». La única verdad incuestionable es la que murmura su hermosa cascada que servía de motor a un desahuciado molino harinero, que el olvido ha exonerado de su función, igual que el símbolo de la vieira compostelana se atribuye a la abundancia del crustáceo en las costas gallegas, en vez de reconocer en ella el emblema de Venus, la diosa del amor.

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