Poner precio a la vida

La batalla contra el cáncer avanza lenta hacia un claro dilema: ¿puede el Estado pagar 30.000 euros al año por un tratamiento?

RAMÓN MUÑIZ| OVIEDO
El doctor Carlos Suárez Nieto, en su despacho. / MARIO ROJAS/
El doctor Carlos Suárez Nieto, en su despacho. / MARIO ROJAS

Hace unas semanas, Eduard Punset paseó un rostro ya sin rizos por la televisión para divulgar su noticia científica más personal: tiene cáncer, y, tras la quimioterapia, el ex político descubrió que todos los avances de los que lleva años informando «no han llegado al hospital». «Es que la lucha contra el cáncer es terriblemente compleja y no se ha traducido aun en un avance espectacular como fueron los antibióticos», reconoce el doctor Carlos Suárez Nieto, catedrático y director del Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias.

«Existen más de 200 tipos distintos de cáncer diferentes y, lo que sirve en uno a lo mejor en otro fracasa», expone el doctor. Cada año mueren en Asturias más de 3.500 personas por culpa de algún tipo de tumor. El mal está tan extendido como las ganas de cantar victoria, de recibir buenas nuevas. Eso empuja a veces a agrandar lo que, en el fondo, no dejan de ser «pequeñas victorias en una guerra muy amplia», según define Suárez Nieto.

En ese escenario, los expertos tienen claro que la siguiente pugna está en las moléculas y los genes, frentes en el que trabaja este catedrático de Otorrinolaringología. «Entre un 10 y un 15% de los tumores tienen base genética, heredamos una predisposición a desarrollarlos; de lo que se trata ahora es de que, cuando recibamos a un paciente, sepamos si ha transmitido esa información genética en sus descendientes», informa.

Así se pueden desarrollar estrategias preventivas. Ingresar al padre seguirá siendo una pésima noticia, pero el hallazgo puede servir para prevenir el mal en los hijos, a los que se les harían las pruebas pertinentes. «En algunos casos podremos extirpar ese órgano señalado antes de que empiece a atacar al resto», plantea el doctor Suárez Nieto que aplica esta línea en los paraglanliomas. «Es un tumor muy raro, de naturaleza benigna pero que a veces se vuelve muy agresivo», presenta el experto. El interés por esta extraña enfermedad deriva en que «un tercio de los casos tienen origen genético», una proporción alta que le permite avanzar en esa línea de detectar herencias no deseadas.

El precio de curar

El otro frente de batalla pone al cáncer privado como problema de Estado. En medio de los debates sobre el futuro de las pensiones, el envejecimiento de la población y el gasto sanitario, llegan las terapias moleculares. «Hay mucho optimismo respecto a ellas», confía Suárez Nieto. Los científicos están depurando una serie de moléculas formadas por anticuerpos y que podrían bloquear los mecanismos más activos de determinados cánceres.

El hallazgo tiene un problema de letra pequeña. Los trabajos los financian empresas multinacionales, con más olfato para apostar por los mejores avances, pero con un interés privado legítimo que pone caros estos tratamientos. «Algunos cuestan 30.000 euros al año, y son de por vida», ilustra el presidente del Instituto de Oncología.

¿Qué pasa si esa medicina se generalizan? ¿Quién la pagará? A Suárez Nieto la voz se le apaga al tratar el tema. Teme a una «medicina de dos velocidades: el que pueda pagárselo bien, y el que no...». Conoce los dos lados de la bata. Ha visto escapar a pacientes, pero también las facturas que da investigar. «En estos temas, producir la pastilla tiene un precio muchísimo menor, pero las empresas lo que te cobran es la rentabilidad que le quieren sacar a toda esa inversión en investigación que han desarrollado», diagnostica.

A la hora de mirarse el Estado, muestra cierto orgullo por que en esto «España ha sido el primer país en aprobar que estos fármacos entrarán en el sistema público». Otros países aun están cuadrando números, viendo las consecuencias, debatiéndolo. Porque, 30.000 euros por paciente resulta una cantidad «lesiva, que invita a buscar algún tipo de pacto con la industria farmacéutica», receta un catedrático que tiene clara una cosa. «Los medicamentos siempre cuestan menos de lo que dicen las empresas; sí que hay recorrido para rebajar un poco el precio», asegura el galeno.