Lazos parragueses de Pérez Galdós

Los descendientes del reconocido escritor canario relatan para EL COMERCIO la relación que mantuvo con la parraguesa Lorenza Cobián y con el pueblo de Bodes

ANA MORIYÓN| ARRIONDAS
Lorenza Cobián, con su hija María Pérez-Galdós, fruto de una relación con el escritor canario, ilustrado en la fotografía de la derecha. / E. C./
Lorenza Cobián, con su hija María Pérez-Galdós, fruto de una relación con el escritor canario, ilustrado en la fotografía de la derecha. / E. C.

Benito Pérez Galdós, autor de obras tan leídas como 'Doña Perfecta' o 'Fortunata y Jacinta', se paseaba a finales del siglo XIX por los rincones de Parres acompañado por la lugareña Lorenza Cobián, de quien se dice estuvo muy enamorado y con quien mantuvo durante años una relación fruto de la cual nacería su única hija, María Pérez Galdós Cobián. Ésta, y todos sus descendientes, han conservado lazos con el pueblo de Bodes, de donde era oriunda Lorenza, lo que ha motivado que el Ayuntamiento de Parres aprobara recientemente en Pleno darle a la Casa de Cultura de Arriondas el nombre del ilustre escritor canario.

Para el descubrimiento de la placa ya hay fecha. Será el 3 de octubre y se espera que estén presentes varios biznietos del dramaturgo que ya han confirmado incluso que realizarán una importante donación de libros a la biblioteca municipal. «Estamos muy agradecidos con la iniciativa, muy satisfechos y orgullos de que le pongan el nombre de mi bisabuelo a la Casa de Cultura por la relación que la familia mantiene con Parres y el pueblo de Bodes en concreto», comenta a EL COMERCIO la biznieta del escritor.

Ángeles Verde sabe, por lo que le contaba su abuela, que los padres de ésta -Benito Pérez Galdós y Lorenza Cobián- se conocieron en Santander, donde la joven parraguesa pasaba largas temporadas con unos tíos. «Mi abuela siempre explicaba que su padre, Pérez Galdós, se burló de su madre porque no sabía quién era, e incluso le preguntó si no había leído ningún libro suyo. Pero la respuesta de Lorenza no se hizo esperar y le espetó un: 'No he leído nada de ti ni de nadie'».

En Santander se enamoraron y pronto tendrían un primer hijo que falleció al poco de nacer. En 1891, cuando Lorenza Cobián tenía 39 años y Benito Pérez Galdós contaba ya 48, engendraron a María Pérez Galdós Cobián. La pareja nunca llegó a casarse aunque «él se lo pidió a mi bisabuela, pero ella no quiso porque no creía en el matrimonio, decía que cuando uno se casaba perdía la ilusión». Eso no impidió que la hija de ambos fuera reconocida por el escritor, quien se ocupó de su manutención y de su educación. «Mi abuela hablaba muy bien de los dos así que me imagino que no tendrían ningún problema en ese sentido», apunta Ángeles Verde.

De vacaciones

Con el tiempo ambos vivían en Madrid aunque no bajo el mismo lecho. Durante varios veranos coincidieron en sus vacaciones en Santander, donde él se hizo una casa, y también en Parres, donde Lorenza regresaba al calor de su hogar. Fue una época dulce en la que la pareja disfrutó de la compañía de otros escritores ligados a Asturias como Pereda y Leopoldo Alas Clarín. Como prueba de las esporádicas visitas de Pérez Galdós al oriente de Asturias quedarán para siempre en la historia de la literatura española fragmentos de su obra 'El amigo manso' (1882), en los que el escritor describe la zona de Covadonga y Parres.

Lorenza Cobián era una mujer muy bella para los cánones de la época y fue incluso modelo de numerosos pintores como Fenoyera y Emilio Sala. Sin embargo, la propia biznieta reconoce que no fue la única mujer en la vida de Pérez Galdós, al que se le conocen varias relaciones más. «Todo el mundo sabe que fue mujeriego y se le relaciona con otras mujeres», admite Ángeles Verde.

La historia de la parraguesa Lorenza Cobián, sin embargo, se tornó triste. «A los 50 años comenzó a tener depresiones y un verano quiso tirarse al tren. La Policía la llevó a la casa de socorro donde dijeron que tenía enajenación mental, pero en vez de llevarla a un hospital la encerraron en el Gobierno civil. Por la mañana apareció ahorcada», relata su biznieta. Su cuerpo descansa en el cementerio civil de Madrid, en una tumba a la que su hija, María Pérez Galdós Cobián, iba asiduamente a llevarle flores.

Ésta se casó con Juan Verde y tuvo con él cuatro hijos. Al mayor le puso de nombre Lorenzo en honor a su madre, aunque murió siendo apenas un bebé, y también perdió a la niña que en ese momento llevaba en el vientre. El matrimonio crió a sus otros dos hijos, Rafael y Benito Verde Pérez Galdós, y cada verano regresaban a la finca de El Gallán, en Bodes, para disfrutar de sus días de descanso en la casa familiar. «Primero en la casa de mi bisabuela y más tarde en otra vivienda que construyeron en la misma casería», concreta.

Cementerio de Collía

En el verano de 1959 perdió la vida Juan Verde, el yerno del escritor, y la familia no dudó en enterrarlo en el cementerio de Collía donde aún descansan sus restos fúnebres. «La relación que tenían con el pueblo y con sus vecinos era muy bonita. Les llamaban los madrileños y mi abuela siempre compraba medias para regalárselas a las mujeres», recuerda Ángeles, quien también fue testigo de aquellos veranos en los que el comedor de su abuela era el lugar de encuentro para todos los vecinos del pueblo. «Era la vida social que había entonces y, como mi abuelo era muy chistoso y le gustaba hacer juegos de malabares, se juntaba allí mucha gente», rememora. «Mis abuelos estaban muy integrados y cuando fuimos naciendo los nietos nos congregaban allí a toda la familia», recuerda. La cita obligada de cada verano era la visita a la Santina de Covadonga y la posterior parada en la ciudad de Cangas de Onís para comer en el ya desaparecido restaurante Ventura.

María Pérez Galdos Cobián falleció en Madrid en 1906 y sus hijos, Rafael y Benito Verde, decidieron poner la vivienda en venta. Sin embargo, la relación con el concejo queda aún viva ya que uno de ellos adquirió un piso en Arriondas. En la actualidad aún viven cuatro biznietos del escritor, dos de ellos asentados en Santander y los otros dos en Madrid, y aunque sus visitas a Parres no son tan habituales como antaño todos guardan buenos recuerdos de su infancia en el municipio: «Solemos ir al menos una vez al año para visitar a la gente y la tumba de mi abuelo que está en el cementerio».

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