Greenpeace aborda un buque en Gijón para protestar contra el uso del carbón

La organización pide el cierre de las centrales térmicas «porque no son rentables» y generan el 15% de las emisiones de CO2

E. C.| GIJÓN
Activistas de Greenpeace pintan en el barco la frase 'Abandonemos el carbón'. / AFP/
Activistas de Greenpeace pintan en el barco la frase 'Abandonemos el carbón'. / AFP

Cuatro activistas de Greenpeace abordaron durante la madrugada del lunes en Gijón el buque 'Windsor Adventure', cargado con 54.000 toneladas de carbón y procedente de Colombia, para protestar contra la influencia que el uso de este mineral tiene en el cambio climático. En la operación, que se inició a la una y diez de la madrugada, cuando el buque entraba en El Musel, participaron ocho miembros de esta organización, divididos en dos grupos que operaron por tierra y por mar. Así, mientras unos subían al buque, otros pintaban en el casco de la embarcación, de 190 metros de eslora y 15 metros de calado, la frase 'Abandonemos el carbón'.

Desde el interior del carguero, los ecologistas intentaron desplegar una pancarta, pero no lo hicieron al ser requeridos por la Guardia Civil a desembarcar. Una vez en tierra, los activistas fueron trasladados a dependencias del puerto, donde, tras tomarles declaración, quedaron en libertad sin cargos, según informaron los representantes de Greenpeace.

La organización ecologista ofreció ayer dos ruedas de prensa simultáneas, una en Madrid y la otra a bordo de su barco 'Artic Sunrise', que desde anteanoche se encuentra amarrado en El Musel. La responsable de la campaña 'Cambio climático y energía' de Greenpeace, Raquel Montón, afirmó que el carbón «es el responsable número uno del cambio climático» y que las 22 centrales térmicas de España (cuatro de ellas, situadas en Asturias) proporcionan un 23% de la generación eléctrica, un 64% de las emisiones de CO2 del sector y un 15% de las globales, por lo que deberían cerrarse.

«Subvencionado y caro»

La dirigente ecologista ha asegurado que este mineral «no contribuye a la autosuficiencia energética, no es reserva estratégica, está fuertemente subvencionado y es cada vez más caro». Raquel Montón considera que «mantener la actividad minera no evitará el impacto social del cierre de las explotaciones, porque cada puesto de trabajo salvado le cuesta al Estado 214.000 euros brutos al año». Greenpeace reclama la eliminación de las ayudas y considera «una aberración» que el Estado subvencione este mineral y al mismo tiempo otorgue ayudas a las energías renovables. Según Montón, esta política provoca que «se hagan agujeros en la misma caja, reduciendo los fondos que podrían darse a otro tipo de energías compatibles con el medio ambiente». El estudio 'El carbón en España, un futuro negro' presentado ayer, afirma que las centrales españolas se encuentran obsoletas, con una media de 30 años de edad y una vida útil restante de unos 10, y, además, advierte de que apenas quedan reservas del carbón más utilizado (hulla y antracita) para 24 años.

Esta industria recibirá 2.337 millones por el plan de Reactivación de las Comarcas Mineras entre 2009 y 2012, cantidad que supera las primas destinadas a las energías renovables, según el responsable de energía de Greenpeace, José Luis García. La organización considera que se podría abastecer el cien por cien de la demanda de electricidad sólo con fuentes renovables para el año 2050. Dice que los costes de inversión «son perfectamente asumibles y que el precio de la electricidad en el futuro sería más barato». Hoy se debate en el Parlamento europeo una normativa sobre las emisiones de CO2. Los ecologistas abogan por dejar de apoyar el carbón y por subastar las concesiones de derechos de emisión. España importa más del 60% del carbón que consume. Los países que más producen son, según Greenpeace, los que más se oponen a un acuerdo contra el cambio climático.