«Sabemos más de la superficie de Marte o de la Luna que del fondo del mar»

«La crisis parece haber provocado un paso atrás de algunos gobiernos en la actitud respecto al cambio climático, que está relacionado con la biodiversidad»

NACHO PRIETO| GIJÓN
Luis Valdés, en su despacho del Centro Oceanográfico de Gijón, durante la entrevista./ P. CITOULA/
Luis Valdés, en su despacho del Centro Oceanográfico de Gijón, durante la entrevista./ P. CITOULA

Gijón tiene hijos en puestos relevantes a escala internacional dentro del mundo marítimo. Uno de ellos es, desde hace tiempo, Luis Valdés Santurio, director del Centro Oceanográfico de Gijón y representante de España en el Consejo Internacional para la Exploración del Mar. A partir del próximo enero, tal como anunció EL COMERCIO el pasado miércoles, afrontará un nuevo reto como director del área de Ciencias Oceánicas de la Unesco.

-Muchas de las noticias que llegan a la opinión pública sobre oceanografía están relacionadas con la explotación pesquera, pero su próximo cargo le aleja de ese aspecto.

-En efecto, el estudio del mar relacionado con las pesquerías para la ONU lo lleva la FAO. La Unesco se ocupa de la parte científica, que incluye, por ejemplo, todo lo relacionado con el cambio climático, la biodiversidad y la gestión de zonas costeras, de forma que los objetivos son muy amplios.

-¿Hay marcada una buena línea para combatir el cambio climático?

-La crisis parece haber provocado un paso atrás de algunos gobiernos sobre un tema que ya estaba bastante maduro. Tenemos que seguir trabajando en eso porque, además, el cambio climático está relacionado con la biodiversidad. Hay especies que se desplazan, ya sea por aumento de la temperatura del agua o de la acidez.

-En el caso de la pesca, los investigadores suelen quejarse de que los políticos no les hacen mucho caso a la hora de tomar decisiones. ¿Ocurre lo mismo en otros campos de la oceanografía?

-En lo relacionado con el cambio climático, mi alarma sobre un posible paso atrás se fundamenta en las últimas noticias. Sería una lástima, porque la opinión pública está ahora muy sensibilizada. Tenemos que acostumbrarnos a tomar los convenios en serio y a establecer protocolos con medidas y objetivos útiles. El año próximo, por ejemplo, está previsto revisar el convenio de Kioto. Muchos me preguntan si fue positivo, a pesar de que algunos países no lo firmaron o lo incumplieron. Yo creo que sí, porque hay que marcar un punto de comienzo.

-¿Qué aspectos de la mar son los menos conocidos?

-La mar sigue siendo un medio muy desconocido, al menos en comparación con la tierra o, incluso, con el espacio. Conocemos mejor la superficie de Marte o de la Luna que el fondo marino. Pero también es cierto que a la mar cuesta mucho trabajo arrancarle información. Lo que estamos viendo es la cáscara del huevo y hay que llegar a la yema.

El océano profundo

-¿Progresan los medios para profundizar en el conocimiento?

-Se avanza razonablemente. Los satélites son herramientas potentísimas. Sólo sirven para estudiar la superficie, pero permiten llegar al centro de los océanos sin tener que fletar un barco varios días. También hay robots para investigar a 100, 500 ó 1.000 metros de profundidad, pero cuestan un montón de millones de pesetas y, por lo tanto, no es fácil tenerlos disponibles. En ese sentido, disponemos ahora de una boya, llamada Argos, que el barco oceanográfico hunde y luego efectúa distintos análisis del agua a medida que va subiendo, a partir de 2.000 metros de profundidad. Una vez en la superficie, manda los datos obtenidos por satélite y ella misma vuelve a hundirse, para efectuar nuevas mediciones periódicamente. Es un instrumento crucial para estudiar el océano profundo, pero hay 3.000 boyas de esas en todo el mundo, y necesitaríamos el doble.

-¿Se centra la inversión en investigación oceanográfica en sus aspectos de más impacto económico, como las especies pesqueras?

-Yo creo que también es rentable el conocimiento de los aspectos que influyen en el cambio climático, por ejemplo, o en las corrientes. Es vital, porque estamos hablando de cómo es el radiador de la Tierra. El océano es el regulador del clima en el planeta Tierra. El estudio de las corrientes también es esencial para la navegación y permite prevenir olas o tsunamis.

-¿Qué lleva a un gijonés que trabaja en lo que le gusta y en su región, al que tampoco le falta proyección internacional a través del ICES, a meterse en la aventura de la Unesco?

-Es un nuevo reto profesional. Se trata de un puesto de los que hay pocos en el mundo y creo que voy a aprender mucho. A ver si puedo también aportar algo. Abrir líneas y establecer programas, trabajar para que los investigadores puedan desarrollar su labor con comodidad y eficacia es también hacer ciencia.

-¿Cómo queda el Centro Oceanográfico de Gijón?

-Poner en marcha este centro fue también un reto importante. Desde octubre de 2000 a febrero de 2001, cuando fue inaugurado, todo el equipo, compuesto en aquel momento por 15 personas, hizo un trabajo encomiable para tener el centro operativo en sólo tres meses. Se reclutó una plantilla joven, brillante y motivada. Se hizo una buena labor, y el Centro Oceanográfico de Gijón tiene ya un pequeño nombre en el mapa de Europa.

-¿Y qué deja pendiente?

-Estamos trabajando en un programa que estudia las especies marinas no nativas que llegan en las aguas de tanques de lastre de los buques. El problema es que los barcos son espacios soberanos y no hemos encontrado facilidad para investigar a bordo, de forma que, en una primera fase, el muestreo tuvo que hacerse en aguas del entorno de El Musel. Sería bueno, para la continuidad del estudio, convencer a los armadores de algunos barcos para que colaboren, pero tenemos ya una base de datos estupenda de especies foráneas.

-¿Qué perfil le gustaría que tuviera su sustituto?

-Eso es potestad del director general del Instituto Español de Oceanografía, pero creo que el perfil no varía mucho del deseable para cualquier cargo directivo de institución o empresa: dialogante, capaz de mantener el equipo unido y con capacidad de liderazgo para plantear nuevas ideas.

-¿Existe esa persona en Gijón o hay que buscarla fuera?

-Hay gente buena en todos los sitios, pero no me comprometa. He mantenido alguna reunión con el director general y estudiamos dos o tres alternativas, pero ahora debe ser él el que decida. Yo no puedo posicionarme.