Pravia devora, siente, escribe, lee

IGNACIO DEL VALLE
El grupo de autores que participó en las jornadas literarias de Pravia, en un receso de su encuentro. / TANIA/
El grupo de autores que participó en las jornadas literarias de Pravia, en un receso de su encuentro. / TANIA

Se acabó la magia praviana. Las jornadas de literatura abrieron de nuevo ayer sus ojos con la bienvenida de nuestro anfitrión, el alcalde Antonio de Luis Solar. A pesar de una larga noche alimentada por las cenas romanas con que nos agasaja Pravia -esa maravillosa carrillera con patatas-, y la inevitable bohemia que mezcla alcohol y amigos en proporciones exóticas, la gente cumple y se presenta a una hora tan intempestiva para una mesa literaria como las diez y media de la mañana.

En este primer turno nos reúne la gastronomía. Modera un brillantísimo y guasón Julio Rodríguez, que tiene que lidiar con Pepe Iglesias, Manolo Villarroel y un servidor. Guerra no damos, pero sí ideas que se enredan como cerezas, al igual que la esencia de la cocina, que es la misma que la de la literatura: hibridación, erotismo, memoria, proporción, imaginación, belleza.

Una hora más tarde llegó una de las mesas más esperadas: el sentir. Hacen los honores Eva Vaz y Miguel Rojo guiados por José Luis Espina. Lamentablemente, echamos de menos a Susana Pérez-Alonso, con un pequeño problema de salud que todos deseamos se resuelva satisfactoriamente.

Con Eva llega el erotismo que nos vuelve locos y el deseo que no se conforma con penetrar en otro cuerpo, sino que busca sepultarlo en su piel; con Eva llega el sexo trascendente que no se limita a un intercambio de fluidos, sino que es un deseo que nunca se extingue y sobrevive a cualquier contingencia.

Por su parte, Miguel Rojo, autor de la estupenda 'La senda del cometa', hace un exhaustivo repaso del erotismo y la religión -Powerpoint incluido-, llenos de vírgenes, huríes, Caravaggios, pechos, sublimaciones, perversiones, panteísmo.

Literatura de la emoción

A la una de la tarde se hace un inciso para inaugurar la plaza de los escritores, con gaitas incluidas. Un homenaje a todos aquellos que creyeron en el sueño de una Pravia como capital de una literatura de la emoción, que hace que nos reconozcamos en los libros, que identifiquemos nuestra opción de vida, y, a su vez, hace posible que entremos en contacto con otras opciones distintas, otros compromisos, otras verdades, lo que debería saldarse si no en la comprensión total, como mínimo en la tolerancia.

La siguiente mesa la tenemos a las cinco, y entremedias comemos, conversamos, interactuamos; Guillermo del Pozo me cuenta que prepara un nuevo poemario para la primavera de 2009; Javier Cellino me habla con pasión de su aventura en 'Voces de Chamamé', un instrumento este, el de los premios literarios, tan necesario como las bibliotecas para mantener la cantera de escritores asturianos; Manolo Abad me recuerda que va a ir a Madrid y que me reserva una entrada para uno de sus conciertos alternativos; Pelayo Fueyo me regala una recopilación de su obra, un libro que debería de estar en las estanterías de todo buen degustador de poesía. Y luego postre, café, copa y puro.

Y más y más placeres. Esta vez el de escribir, una mesa gobernada por Mariano Arias, y desarrollada por Manuel García Rubio, Antón García y José Havel. Hablan de esa necesidad, o ese vicio, o ese oficio, o lo que sea, que para unos trata de decir lo inexpresable, lo que se presiente, pero no se acaba de definir, y para otros se basa no sólo en la palabra, sino en el silencio, en esos espacios que el lector debe rellenar con su imaginación. Escribir, lanzar los dados sin saber nunca lo que va a salir; avanzar sobre una capa finísima de hielo que en cualquier momento puede resquebrajarse bajo tus pies o llevarte a tu objetivo; destilar inclinaciones, afinidades, manías personales... Escribir. Desear. Escribir. Desear.

La última mesa trata del placer de leer. Nuestra eficaz bibliotecaria Cristina Jerez Prado se encarga de timonear por primera vez en su vida una tertulia, eso dice ella, aunque por la seguridad con que se estrena no acabamos de creérnoslo. La mesa la completan Luis Alberto de Cuenca, José Luis Piquero, Ángela Sánchez y José Ángel Zapatero, una muestra heterogénea de editores y autores, los mimbres básicos de la industria editorial.

Ellos se encargan de destapar perfumes antiguos, recuerdos de un tránsito vital en el cual la literatura ha sido una piedra basal. Desgranan los libros que les han apasionado, seducido, entusiasmado, deslumbrado, embaucado; libros que han apuntado a sus sentidos, que les han producido un soberano placer, que les enseñaron a mirar el mundo de una manera diferente, que les emocionaron y, como decía Josep Pla, les hicieron pasar el rato, que sigue siendo lo único importante.

Las jornadas finalizan con una última lectura, 'Días de Amor y Tiempo', realizadas por una miscelánea de miembros que unirán sus poemas y voluntades a la música de Pablo Moro para poner una guinda a esta acumulación de placeres. A las doce de la noche, Manolo Abad pidió la palabra para cerrar definidamente las VIII Jornadas de literatura de Pravia, dejándonos por delante un año de espera que se hará muy, muy largo.

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