«'Sonatina gijonesa' armó un gran revuelo en la ciudad»

La obra de José Fernández Barcia llegará a los lectores el próximo domingo junto con EL COMERCIO

ALBERTO PIQUERO| GIJÓN
Álvaro Ruiz de la Peña, ayer, en Oviedo, rodeado de libros. / MARIO ROJAS/
Álvaro Ruiz de la Peña, ayer, en Oviedo, rodeado de libros. / MARIO ROJAS

Profesor titular de Literatura Española y director del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII en la Universidad de Oviedo, Álvaro Ruiz de la Peña es el co-director literario, junto a Elena de Lorenzo Álvarez, de la colección 'Las novelas de Gijón', que todos los domingos llega a los lectores de la mano de EL COMERCIO. Esta semana la obra correspondiente será 'Sonatina gijonesa', de José Fernández Barcia.

-¿Se puede definir al autor como un hombre que se hizo a sí mismo y un autodidacta?

-Fue un autodidacta en el sentido estricto de la palabra, con una vida que podríamos llamar romántica, desde que se embarcó rumbo a la Argentina en 1911. Trabajó en los más diversos oficios, siempre durante tiempos breves; en Uruguay, se enroló en la Guardia Nacional; después, fue sindicalista en Marsella... Un culo de mal asiento y una vida tremenda. De Francia, volvió a Gijón, que es cuando comienza a escribir 'Andanzas', una autobiografía. Y otra vez se marchó.

-'Sonatina gijonesa' también es muy autobiográfica. ¿Se trata de un género propio de la época?

-Tal vez sí, aunque con resultados desiguales. Estaba por ahí la influencia de la literatura inglesa; por ejemplo, la de Carlyle... Pero yo creo que el rasgo distintivo en Barcia y otros coetáneos es el comienzo de una ruptura con la narrativa tradicional y los tanteos en un experimentalismo todavía rudimentario.

-¿Otro aspecto sería la crítica social?

-Sin duda, él era un hombre heterodoxo, anti-burgués y anti-clerical, lo que se refleja en la obra, criticando el parasitismo social, la zafiedad, la vileza y el tartufismo de la plutocracia de la ciudad. También era un provocador, y el hecho es que tras la publicación de la novela, en 1929, se armó un gran revuelo, porque muchos de los personajes eran perfectamente identificables.

-¿Hasta qué punto llegó ese alboroto?

-La verdad es que esa vertiente no está estudiada hasta ahora, lo que reclama a gritos una tesina de licenciatura que se ocupe del asunto. Es un trabajo que no sólo aportaría luces acerca de la literatura de Fernández Barcia, sino en torno a la sociología de aquel momento.

Gijón, bien novelada

-Esta es la tercera de 'Las novelas de Gijón', que a su término completarán quince obras. ¿Qué visión le quedará de la ciudad al lector en la perspectiva general?

-Una visión inevitablemente poliédrica, que abarca desde finales del siglo XIX a las grandes transformaciones que ha vivido Gijón a lo largo del siglo XX. Y si vale la redundancia, un sentimiento gijonesista, porque esa es una característica de estas novelas. Un fondo costumbrista, un embeberse del ámbito popular que no se advierte en las novelas de Oviedo, salvo excepciones. Y quizá asimismo un desmentido respecto de la idea de que sólo Oviedo es la ciudad bien novelada.