«La vida es buscar sin pretender encontrar nada»

El gijonés vuelve con 'El Manifiesto Desastre', un disco que ve como la foto de este momento de su vida

MARÍA DE ÁLVARO| GIJÓN
No es frecuente que Vegas sonría con una cámara delante, ayer, en Gijón, lo hizo. /ALEX. PIÑA/
No es frecuente que Vegas sonría con una cámara delante, ayer, en Gijón, lo hizo. /ALEX. PIÑA

No ha salido a la calle -será el lunes- y ya es una revolución en internet. 'El Manifiesto Desastre', séptimo disco en solitario de Nacho Vegas, cuarto largo, copa webs y blogs de comentarios e interpretaciones. Hay quien dice que es lo mejor de su carrera. Y quien dice que lo peor.

-¿Y usted que dice?

-Pues no sé. Yo es que creo que los discos son como fotos, un reflejo tuyo en el tiempo en que los hiciste.

Su foto refleja a un tipo que nació en Gijón hace 34 años, que vive entre este Norte, Madrid y la carretera y que lo hace de la música «y con eso ya es bastante». Nacho Vegas es un músico que escribe, un poeta que canta, un tímido con careta de borde, un casioptimista bien disimulado fan de Pessoa y de su «vivir es no conseguir». Ahora, después de tres años en los que ha pasado un 'Tiempo de las cerezas' con Bunbury, un 'Verano fatal' con Christina Rosenvinge y una experiencia con la canción popular asturiana con Lucas XV, vuelve solo.

-Dice su compañía (Limbo Starr) que quien tenga algo que preguntarle merece un premio porque lo dice todo en el disco. ¿Tan autobiográfico es?

-Yo mismo me sorprendí con eso. Quizá sí es más confesional que otros. Utilizo más la primera persona, pero las canciones trascienden un poco lo autobiográfico. Yo parto de experiencias que conozco y las transformo. En realidad, utilizo la ficción para llegar a ser sincero.

-No siempre. Tiene canciones comparables a salir desnudo a la calle. Y pienso en 'El ángel Simón' (es de 2001 y se la dedica a su padre. Cuenta su suicidio).

-Bueno sí, en canciones como la de 'El ángel Simón' me expuse muy al límite. Pero hay que crear una distancia entre la realidad y lo que cuentas para que no resulte demasiado impúdico todo.

-¿Hay algo 'impúdico' en este disco? Resulta curioso que alguien que parece tan tímido cuente así su vida...

-Sí, sí, y lo soy, y hacer música me ha servido mucho. A lo mejor en este disco la última canción ('Morir o matar') vaya un poco por ahí, pero tan al límite y hasta con nombres reales no he vuelto a hacerlo.

-¿Pues sabe que en este disco se le ve más contento?

-¿Siiii?

-Pues sí, ¿lo está?

-No sé, la verdad es que las emociones son bastante diversas. Hay canciones del sentimiento de pérdida de algo, pero también del sentimiento de encontrar algo nuevo.

-Ahí iba. Siempre habla de desamor, de amor no tanto. Ahora sí, aunque parece obsesionado con fastidiarlo.

-Pues sí.

-¿Y por qué?

-Pues supongo que porque cuando tienes ante ti algo que es importante, que es muy bueno, y puede ser el amor hacia una persona, pero también la música, llega esa incertidumbre. Y la incertidumbre es precisamente una de las esencias, porque esas cosas son muy poderosas pero a la vez muy frágiles.

-El paso del tiempo también está muy presente. ¿Se ha hecho mayor? Es que hasta confiesa que lee 'La Razón'. Perdone, pero no me lo puedo creer.

-¡Yo tampoco me lo explico! (Carcajada). Las canciones muchas veces salen de cosas incomprensibles, de cosas que no sabes cómo explicar.

-¿Pero se ha hecho mayor o no?

-Bueno, a medida que cumples años te vas haciendo más consciente de que el tiempo pasa y deja huella.

-También dice que por fin ha aprendido a pararlo. ¿Cómo lo hace?

-Eso se aprende en cuanto te empiezas a emocionar de verdad con cosas; con una canción, con un libro, con una película... Hay que tratar de conservar esa facultad. Eso es vivir el momento, hacerlo eterno. El problema es que la mayor parte del tiempo somos muy conscientes de que está pasando. Y eso hace que todo el mundo sienta que hay algo frustrante en el hecho de vivir.

-Sobre todo algunos. Una «sucesión de desengaños» llama usted a la vida en 'El Manifiesto...' Uff.

-Es que, entre otras cosas, lo es. Se la pasa uno más intentando que consiguiendo, recorriendo un camino, pero nunca llegando a la meta. De hecho creo que la vida es buscar pero sin pretender encontrar nada. Es frustrante, pero es la esencia.

-De nuevo vuelven a estar sus canciones plagadas de referencias bíblicas. ¿En qué dios cree?

-(Se lo piensa) Creer o no creer es una cuestión de fe, tienes que querer hacerlo y yo estoy convencido de que se puede ser creyente a tiempo parcial. Y lo de las referencias a la Biblia, pues es verdad, pero es que yo la entiendo como poesía, como ese lenguaje que recoge todo lo que se escapa a la razón y a la lógica pero que, en realidad, es algo que sientes. Y de manera muy potente.

-Siempre canta a situaciones extremas. ¿Vive así?

-Las canciones tienen que hablar de sentimientos extremos. Los términos medios están muy bien a la hora de tener una existencia tranquila, pero para esto no valen.

-Las mezclas sí, porque se ha marcado usted hasta una ranchera.

-Sí, es un homenaje a José Alfredo Jiménez y también a Pessoa. José Alfredo representa esa parte de la música popular muy sencilla y a la vez muy pura. Y muy extrema.

-¿Le preocupa tener un estilo? ¿Es usted cantautor, rockero o qué es?

-No me importa que hablen de mí como un cantautor, pero a lo que yo aspiro es a tener una voz propia utilizando sobre todo el rock, porque es el estilo más bastardo que hay.

-¿Le sorprende si le digo que también se ve humor en sus canciones?

-Pues me sorprendo, porque mucha gente me dice lo contrario, pero me alegro. Lo que pasa es que la comicidad es una cosa y el sentido del humor, otra.

-¿Puede ser no tomarse las cosas demasiado en serio?

-Sí, claro, desdramatizar las cosas es una manera de acercarse a ellas, de mirarlas a la cara. Pero, cuidado, que también es peligroso. Se puede utilizar para huir. El cinismo puede ser malo, pero Leonard Cohen, por ejemplo, ha hecho del cinismo un arte.

-Hablando de artistas. He leído que va a hacer un disco con Calamaro.

-Se me escapó en una entrevista, sí. Yo soy muy fan de Calamaro y este verano contactó conmigo. ¡Me hizo muchísima ilusión! Quedamos en hacer algo, pero aún no hay más.

-Parece cómodo trabajando con otros. ¿Repetirá con Bunbury y Rosenvinge?

-Hombre lo natural es que sí, que los caminos vuelvan a encontrarse, con Christina ya tengo alguna idea, pero poco a poco.

-Con Lucas XV ni le pregunto porque ya están cantando canciones en directo que no están en el disco...

-Sí, sí, el cancionero asturiano da para mucho más. Habrá más Lucas XV, pero siempre discos hechos con mucho mimo y sin estar pendientes de las reglas del mercado.

-Hombre, no se le ve a usted muy pendiente de las reglas del mercado.

-Procuro que no. Es una suerte sacar discos al ritmo vital que me salen las canciones. Y una obligación.

-Ha publicado un libro. ¿Se plantea contar más cosas sin cantarlas?

-Me gustaría y me han hecho alguna propuesta, pero le tengo mucho respeto. Si lo hago me gustaría dedicarle todo el tiempo.

-Y ha hecho sus pinitos de actor.

-Sí, eso, pinitos. Me atrae la profesión de actor. Al fin y al cabo cuando sales a un escenario estás actuando. Creas un personaje.

-Esa impresión da, que esa seriedad suya es una pose, un personaje. Usted no es un borde y a veces en el escenario o ante una cámara lo parece.

-¿Ah sí? Bueno es que hay dos tipos de personaje. Cuando salgo al escenario necesito una mascara, no para esconderme, si no para decir las cosas más de verdad. Otra cosa ya es el personaje que puedes llamar más mediático, que tiene más que ver con el morbo y nada con el otro, es una cosa más frívola.

-¿Y no le gusta?

-No, sí, me puede hacer gracia, pero creo que es una manera de autoparodiarme y de reírme de mí mismo.

-¿Le interesa la política?

-Sí.

-¿Y qué le interesa?

-Todo. Todo es política. Yo soy de izquierdas y de una izquierda bastante extrema. Y para mí eso es una manera de posicionarme y de ver el mundo. Hay muy pocas cosas que tenga realmente claras en la vida. Esta es una de ellas.

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