Los monjes de Valdediós acatan la orden de la Santa Sede y dejarán el monasterio

El Císter deberá abandonar el cenobio antes del 26 de enero para que sea ocupado por los hermanos de San Juan Los vecinos ya preparan un homenaje con el que agradecer su labor a quienes impulsaron la recuperación del edificio

PACHÉ MERAYO| OVIEDO

La temida por unos y esperada por otros orden del Vaticano ya llegó al monasterio de Valdediós. Y llegó con ultimátum. Los monjes del Císter, que han sido sus fieles inquilinos en los últimos años, deberán abandonar el cenobio en menos de un mes, exactamente antes del día 26 de enero. De hecho, según pudo saber ayer EL COMERCIO, el padre prior, Jorge Gibert, ya está buscando nuevos muros a pesar de que su intención siempre ha sido «morir en Valdediós», tal y como, de hecho, declaraba a este periódico el pasado verano al término de la última asablema del Círculo de Valdediós. Mientras tanto, los vecinos de Villaviciosa ya están pensando cómo despedir a la congregación. Quieren que se «vayan con la cabeza bien alta y entre aplausos», decían ayer en el pueblo, recordando «lo mucho que han hecho por revivir el convento».

La marcha de estos monjes que se rigen por el Derecho Pontificio, y no por el Diocesano, permitirá la ocupación de los hermanos de la orden de San Juan, que sí se someten a sus reglas y por tanto al mandato del Arzobispado de Oviedo. Cuatro representantes de esta comunidad llevan desde agosto esperando en la Casa Rectoral de Santa María del Naranco a que en Roma se pusiera fecha y hora para el relevo. Ahora ya es un hecho.

Cabe recordar que la primera notificación llegó al convento de Santa María en febrero. Entonces los hermanos recibían una carta de la Santa Sede, de la que dependen directamente, pidiendo el cierre del monasterio «ante el escaso número de vocaciones que ha acogido en los últimos años», argumentaba la misiva. Aquella petición fue contestada con rechazo, mientras, desde el Arzobispado, que dirige Carlos Osoro, se iniciaban contactos con todos los ocupantes para que su marcha no quedara traducida en desamparo.

Al parecer, se buscó alternativa para todos los monjes. Incluso se llegó a barajar la posibilidad de que el prior Gibert se trasladara al Instituto Superior de Liturgia, de Barcelona. Pero nunca se produjo el acuerdo. La única respuesta de los hermanos cistercienses a esas alternativas era la petición de quedarse en Valdediós. Hasta hace bien poco tiempo esperaban que la voluntad de la Senda Sede cambiara de rumbo y finalmente el traslado no se hiciera realidad. Pero no ha podido ser. Ayer desde muchos ámbitos se traducía con tristeza la noticia.

El Círculo, afectado

Entre los afectados están los miembros del Círculo Cultural de Valdediós, que siempre se han mostrado «tremendamente bien acogidos», en palabras de su presidente, Martín Caicoya, por quienes han sido durante años sus anfitriones. «Nos apena su marcha», decía ayer el máximo responsable de esta asociación cultural, «pero nuestra intención es seguir con la programación. No creemos que el relevo en los muros del monasterio tenga por qué detener nuestra actividad».

Están convencidos en el Círculo de que los nuevos hermanos serán también hospitalarios con ellos. Los representantes de San Juan, comunidad religiosa de procedencia francesa, pero con sede en 21 países, especialmente en aquellos de habla española, tendrán una misión bien diferente a la de los monjes que aún ocupan el cenobio. Quiere el arzobispo Osoro que colaboren en distintos trabajos en la diócesis. No que se dediquen sólo a orar y recibir peregrinos en su hospedería. En su voluntad está, según fuentes cercanas al Arzobispado, que los nuevos inquilinos de Valdediós puedan ayudar, entre otras cosas, en la pastoral universitaria, así como atender aquellas parroquias que no tienen su propio representante de la iglesia. Igualmente, podrían asumir tareas asistenciales e incluso de tipo cultural.

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