«La literatura en asturiano es pequeñina, pero muy notable»

El próximo domingo le llega el turno en 'Las novelas de Gijón' a 'L'aire de les castañes', género negro

ALBERTO PIQUERO| GIJÓN
Vicente García Oliva es el autor de la novela que se entrega este domingo. / JOAQUÍN PAÑEDA/
Vicente García Oliva es el autor de la novela que se entrega este domingo. / JOAQUÍN PAÑEDA

Nacido en Gijón el 3 de julio de 1944, Vicente García Oliva, miembro de número de la Academia de la Llingua Asturiana y uno de los fundadores del grupo gijonés del Conceyu Bable, es el autor de la obra 'L'aire de les castañes', que el próximo domingo se incorpora a la colección 'Las novelas de Gijón', que entrega el diario EL COMERCIO.

-Fue su primera novela para lectores adultos, después de haber obtenido notorios reconocimientos por su literatura dedicada a un público infantil y juvenil. ¿Qué le decidió a dar el paso?

-Es una historia que llevaba dentro y que fue madurando de forma natural. Al final, salió de un tirón.

-La historia relata en clave de ficción, pero transparentando los hechos hasta cierto punto, el asesinato de Rambal, personaje popular de Cimadevilla. ¿Cuál era la personalidad de Rambal?

-Una personalidad singular. No había otro como él en el Gijón de la época, y mucho menos en el actual, cuando ya vivimos todos en el anonimato. A su popularidad contribuyó el propio barrio de Cimadevilla, sus costumbres de establecer las tertulias de puertas afuera. Y que Rambal era entrañable y cariñoso.

-Aquella época tenía sus connotaciones homófobas y Rambal era homosexual. ¿Se aceptaba esa tendencia suya?

-Había quien pretendía reírse de él, pero era él quien se acababa riendo de los demás, con gracia, con esa simpatía de buena persona que ganaba a la gente.

-El asesinato acontece en 1976, y por entonces hubo rumores de la participación del hijo de un político asturiano que nunca se sustanciaron. No obstante, la novela da por válida esa hipótesis...

-Claro está, no hay que confundir la realidad y la ficción. Yo sitúo los hechos en una etapa más cercana para que nadie se sienta aludido. Pero aquellos rumores que, en efecto, existieron, proporcionan una base verosímil.

-Entre las técnicas que emplea en la construcción novelística, está la transición de la voz del narrador omnisciente al uso de la primera persona del singular, que parecen muy novedosas, aunque existan antecedentes conocidos. ¿Qué efectos literarios buscaba?

-Ese tipo de recursos pasaron inadvertidos cuando se publicó la novela (1989), tal vez porque no hay una crítica de la literatura escrita en asturiano que repare en esas cosas. Yo pretendía ofrecer distintos puntos de vista sin que mediaran interrupciones, al tiempo que jugar con el lector y conmigo mismo. Ma parece importante el juego en literatura.

Richmal Crompton

-Hablando de juego, ha dedicado un ensayo a Richmal Crompton, la creadora del inolvidable Guillermo de nuestras lecturas infantiles. ¿Le ha influido mucho en su concepción de la narrativa para niños y jóvenes?

-Mucho. Me parece una injusticia que una escritora tan maravillosa no forme parte de los estudios obligatorios en literatura y se la trate como a una oficiante menor.Aunque hablara de mundos que nos resulten ajenos, se establecía una corriente de complicidad genuina.

-Ha pasado mucha agua bajo los puentes desde que se fundara Conceyu Bable. ¿Cuál ha sido la evolución de la literatura en asturiano?

-Conceyu Bable y el movimiento del Xurdimientu, entre otros, han contribuido a romper la idea de que en lengua asturiana sólo se podían escribir cosas toscas o festivas. Que se podían manejar tanto conceptos cotidianos como abstractos. Ese prestigio se ha conseguido. Luego, habrá escritores que lo hagan mejor o peor, como en cualquier otra lengua. Nuestra literatura es pequeñina, pero con individualidades muy notables. Y el tiempo nos irá diciendo si crecerá más o se quedará ahí.

-Usted ha escrito que apoya la oficialidad de la lengua asturiana, pero no su obligatoriedad. ¿Es lo que continúa defendiendo?

-Sí, que quien quiera optar por emplearla pueda hacerlo, pero sin obligar a nadie. Creo que obligar es contraproducente, porque provoca resistencias. En este asunto hemos de ser más flexibles todos para alcanzar un acuerdo.