Granero de paradojas

E l hórreo ofrece una radiografía particularmente certera de Asturias tanto en el pasado como en el inmediato presente. La vigente ley del Principado de Patrimonio Cultural, que al enunciar los principios de protección del patrimonio etnográfico proclama que 'formará parte de una acción global dirigida a la protección del medio natural y el paisaje, así como de las actividades económicas tradicionales de las áreas rurales' (artículo 71, a) y que dedica atención específica a hórreos, paneras y cabazos (artículo 75) se mira en el espejo de una realidad en que la ley a todas luces es papel mojado. Son hábiles las excavadoras para colarse entre sus artículos y reducir a escombros el estorbo de la Historia.

Las mismas instituciones que citan recurrentemente los hórreos en su promoción turística toleran catálogos mediocres cuando no desastrosos, asumen a regañadientes los traslados y los realizan con desgana -seguro que hay excepciones, pero no invalidan el panorama-, se acogen gustosos a desafortunadas horquillas cronológicas de la ley siempre a favor de la destrucción y olvidan las sanciones. Algunas, incluso, envuelven en cifras económicas el fracaso de su política y la falta de ideas.

Por referir una paradoja próxima, la construcción de esa Zona de Actividades Logísticas e Industriales de Asturias en San Andrés de los Tacones, que entre otras cosas pretende crear infraestructuras y servicios para el almacenamiento y la distribución de mercancías, conlleva la aniquilación del hórreo y la panera que antaño funcionase precisamente al servicio de esa misma idea.

El problema del hórreo son muchos problemas al tiempo; es el problema de la gestión pública del Patrimonio Cultural y su consideración real; el de una buena ley sin reglamento ni recursos económicos; el de las peculiaridades de lo etnográfico; el de la falta de conocimiento riguroso -es bochornoso que no sea posible precisar el número de hórreos, paneras y cabazos conservados en Asturias-; el de tantos cargos públicos sin una formación mínima. El problema del hórreo es de ordenación del territorio; de integración en el planeamiento; de repensar aspectos fiscales y políticas de conservación. Es muchas veces un problema de corrupción y mala fe, de recalificación y saqueo empapelado de legalidad. Como insiste Xuan Pedrayes, el problema del hórreo es el problema de la aldea. Es, en el fondo, un problema de identidad.