Una nube tóxica generada en Química del Nalón puso a Trubia en alerta máxima

El incendio de un depósito de naftalina obliga a confinar en sus casas a 3.000 vecinos de cinco localidades

MIGUEL LLANO | OVIEDO
La enorme columna de humo que generó la nube tóxica. / MARIO ROJAS/
La enorme columna de humo que generó la nube tóxica. / MARIO ROJAS

Más de 3.000 personas pendientes del cielo, de una descomunal columna de humo negro, una nube tóxica vomitada por Química del Nalón a las seis de la tarde tras un incendio en un depósito de naftalina (500 toneladas, según la empresa) que provocó un despliegue de seguridad sin precedentes en la región durante la última década. No hubo heridos graves, sólo dos trabajadores de la empresa intoxicados por inhalación de gases, que fueron atendidos y dados de alta, y otros dos vecinos con similares afecciones.

Pero la alerta inmediata llegó a Trubia, Godos, Sograndio, Las Caldas y San Juan de Priorio como orden de «confinamiento»: «Que se mantengan en sus casas con las puertas y ventanas cerradas. Si hay alguna rendija, colocar un paño húmedo». Era el nivel 3 del Plan de Emergencia Exterior de la empresa, el máximo que se puede activar. Aparte de la reclusión de la población, y entre una marabunta de coches de Policía, Bomberos, Guardia Civil y ambulancias, se cortaron de inmediato los accesos por carretera (la Nacional 634) y ferrocarril a Trubia.

Como en las grandes catástrofes, la densa humareda se divisaba claramente desde buena parte de los barrios del oeste de Oviedo. Su ascenso y dispersión sobre el valle duró hasta las 19.45, momento en que el control del incendio logró atajar el escape nocivo, según informó la Guardia Civil. El día era malo: fuertes vientos y lluvias intensas. Sin embargo, el temporal rebajó la peligrosidad, como coincidieron los alcaldes de barrio de Soto de Trubia y Godos, José Manuel Suárez Sánchez y Adolfo García, respectivamente: «La suerte que tuvimos es que se levantó mucho el humo por el viento; si no, hubieran muerto hasta animales. Si no sube el humo, te mata aquí radicalmente. Por suerte, no ha pasado nada», decía aliviado García. Además, sin viento, los gases habrían bajado a nivel de tierra y complicado aún más el confinamiento del fuego.

Quizá no fue la única fortuna: según describió a EL COMERCIO un trabajador que se encontraba en una nave anexa, próximos al depósito siniestrado se ubicaban los tanques de nitrógeno, cuyo estallido hubiese amplificado la desgracia. Sin embargo, otras fuentes de la industria defendían que la distancia era más que segura.

Cerca estaban también los depósitos de nafta líquida, altamente inflamables, y que fueron protegidos de inmediato con cortinas de agua. Además, justo debajo del almacén afectado, existe un depósito de aceite hidráulico de 45 x 20 metros, que fue una de las principales preocupaciones de los bomberos. «Oíamos el aceite burbujeando como en una sartén», relató José Manuel Torres, jefe de Bomberos de Oviedo. Para impedir que ardiera, emplearon más de 1.200 metros cúbicos de espuma de baja, media y alta expansión. Esta última continuaba aplicándose al cierre de esta edición para evitar la entrada de aire y refrigerar la zona. Torres calculaba que deberían permanecer hasta las cinco de la mañana antes de poder dejar la situación a cargo de los bomberos de la planta.

Un posible cortocircuito

La Policía Local, acompañada de los alcaldes de barrio, se enfrascó en movilizar a las poblaciones de los cinco pueblos en alerta, cuyos censos suman 3.000 residentes. Apenas hubo momentos de nerviosismo, e incluso muchos comentaban la similitud con el siniestro sufrido en la empresa en 1990. Entonces ardió un tanque de alquitrán, que hizo volar por los aires una tapa de varias toneladas. En los años sesenta, el complejo registró otro accidente de importancia.

Con los viejos sistemas de seguridad, un siniestro como el de ayer «hubiese hecho estallar todo», apuntaban varios trabajadores que aguardaban en la entrada por si se les requería durante la extinción del fuego. Coincidían ademas en señalar un cortocircuito como la causa más probable. Se habría producido en el horno que se emplea para sellar herméticamente los sacos de naftalina. La investigación abierta determinará en los próximos días la causa final de lo ocurrido.

Un incendio de estas características, con productos químicos, no puede ser sofocado por el método común. Hay que aislar la zona en llamas mediante cortinas de agua y confinarlas hasta lograr su autoextinción. A las doce de la noche, y según una nota de prensa del Gobierno regional, el fuego seguía activo, pero ya controlado.

Según el plan de seguridad de la empresa, el depósito de naftalina posee una manguera y un hidrante (boca de agua) de 45 milímetros de diámetro. Aparte, la planta cuenta con 185 extintores, 400 litros de espuma y dos bombas que se dedican a vigilar los tanques de brea. Por su actividad, Química del Nalón está obligada a realizar un simulacro al año, en distintas épocas del calendario y, cada tres años, en horario nocturno. El último ensayo se desarrolló hace unas semanas, con un supuesto similar al ocurrido ayer.

El plan de emergencias se benefició también del acuerdo con Repsol y Dupont para prestarse apoyo accidentes Ayer, los tanques de espuma de seguridad de las dos compañías aunaron fuerzas con los trabajadores privados y públicos. Hasta el lugar se desplazó el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, y también la portavoz municipal socialista, Paloma Sainz.

Bomberos de Asturias realizará esta mañana un reconocimiento aéreo de la zona para comprobar cuál ha sido el comportamiento y evolución de la nube tóxica.