Freno a la polución

MIGUEL ÁNGEL RUBIO FERNÁNDEZ

He leído en la 'Gaceta de Gijón' unas páginas dedicadas a la utilización racional del automóvil en nuestra ciudad. Es cierto que ha aumentado espectacularmente el número de vehículos en estos últimos años y, por consiguiente, los problemas derivados de tal proliferación, entre otros, como el aparcamiento, el ruido y los atascos, está el de la contaminación atmosférica. Creo acertada la recomendación de usar el coche de manera eficiente para evitar en la medida de lo posible dichos problemas, pero parecen olvidar que la mayor fuente de polución atmosférica procede de la fábrica de Acerlor en Veriña apoyada por Aboño en su meta de mantener a Gijón como una de las ciudades más contaminadas de España. Cualquier persona puede observar, sobre todo en días despejados por la mañana y desde diferentes lugares, por ejemplo, Cimadevilla o La Providencia, la nube de humo o 'partículas en suspensión' que nos regala diariamente Acerlor. Dicha nube normalmente se desplaza a muy baja altura, a diferencia de Aboño, desde Veriña hasta perderse más allá de la Campa de Torres ,pasando por Jove y El Muselín. Digo normalmente porque el desplazamiento de la nube depende de la dirección del viento que puede ser hacia Poago, Santa Ana o al Valle de Tamón, pero, a veces, tiene tan mala uva que la envía directamente a la ciudad. ¿Es que sólo para los ciudadanos de a pie está regulada la obligación de pasar revisiones a nuestros automóviles y a nuestras calderas para emitir un límite permitido de emisiones? ¿No existe legislación para evitar este tipo de actuaciones de las grandes empresas? ¿No existe tecnología suficiente o no hay voluntad de invertir en ella? La sostenibilidad nos debe implicar a todos, en mayor medida a quien más contamina. No creo conveniente caer en el error de la habituación y mirar para otro lado en un tema que afecta de tal manera a la salud pública. Por cierto, si quieren promocionar el uso de la bicicleta, habiliten, aunque sea una esquinita, en los aparcamientos públicos, porque ofrecen muy mala imagen atadas en las farolas y corres el riesgo de quedarte sin ella.