Explosión en pleno despegue

Dos estallidos en el inicio de un vuelo obligan a aterrizar con un sólo motor a un avión en el aeropuerto de Asturias

El avión de Iberia que esta mañana tuvo que regresar al aeropuerto de Santiago del Monte. / ÍÑIGO NORIEGA/
El avión de Iberia que esta mañana tuvo que regresar al aeropuerto de Santiago del Monte. / ÍÑIGO NORIEGA

Un fuerte chasquido seco, metálico, seguido por una llamarada en el motor izquierdo zarandeó el avión en pleno despegue. Unos segundos después, la secuencia se repite: explosión, llama, vapuleo.

Los pasajeros reaccionaron con gritos, unos ahogados y otros no tanto, y mirándose entre sí. Apenas estabilizado el aparato, el comandante informó de que un problema sin importancia obligaba a regresar al aeropuerto.

Una vez en tierra explicó los verdaderos motivos: "Un fallo en el motor izquierdo" obligó a que "hubiera que pararlo. En esas condiciones no podíamos seguir el viaje".

Con una combinación de estupor, asombro y pánico contenido, los pasajeros comprendieron que la circunstancia teórica de que es posible volar y aterrizar con un sólo motor acababan de experimentarla en la práctica. De hecho, habían regresado a la pista sin que nada indicara que el aparato sufrió graves problemas técnicos que inutilizaban uno de sus dos reactores.

El primer vuelo del día desde el aeropuerto de Asturias con destino a Madrid IB0471, embarcaba esta mañana su pasaje con la rutina habitual, minutos después de las 7 horas, empezando por las últimas filas, a partir de la veinticinco, y los asientos 'bussiness'. Antes de las 7.30, hora oficial de salida, la sobrecargo daba instrucciones por la megafonía interior del aparato para agilizar el acomodo de los viajeros.

A las 7.40, una vez recorrida la pista de rodadura, el aparato tomaba velocidad, traspasaba el punto de no retorno y comenzaba a separarse de la pista. Apenas pasados unos segundos sobrevino la primera explosión y un fuerte zarandeo. Luego la segunda. José Luis, en el asiento 20 A, iba "precisamente mirando el motor. Vi un gran llamarada y humo. Con la segunda explosión de nuevo fuego".

Gritos ahogados, respiraciones hondas, sudores repentinos. Los peores pensamientos sobrevienen en estas circunstancias. Algún pasajero contenía el temor sin levantar la mirada de su periódico, o del informe que hojeaba. Los más buscaban la conversación con el hasta unos momentos antes desconocido acompañante de asiento. Un grupo de jóvenes estudiantes exteriorizaban más abiertamente sus reacciones y trataban de tapar el miedo con bromas.

Tras otro zarandeo, y una vez estabilizado el aparato, el comandante, con una voz que en absoluto denotaba lo que estaba ocurriendo, comunicó el regreso "a pista" por un problema "que carecía de importancia".

La vuelta a la senda de aproximación fue tranquila, en una mañana fría y radiante. La tripulación revisaba con aparente rutina la situación de los pasajeros.La toma de tierra, impecable. Una vez detenidos, el comandante transmitió con la misma tranquilizadora voz la realidad de lo ocurrido: "un fallo en el motor izquierdo, por lo que ha habido que pararlo. En estas condiciones no podíamos seguir el viaje". No olvidó agradecer al pasaje "la serenidad con la que han reaccionado".

Así que habíamos aterrizado con un sólo motor. Cuando los pasajeros lo asimilaron, un espontáneo aplauso brotó entre las filas de asientos y contagió a todos los ocupantes. Unas doscientas personas.

Ya en la terminal, los altavoces informaron de que los problemas técnicos inutilizaban el aparato: "Iberia gestionará su acomodo en posteriores vuelos". No todos los pasajeros aprovecharon la oferta.

Al cambiar el billete para las 10.35 horas, la compañía suministró vales de desayuno para quienes tenían que esperar. Lo que hubo que entregar y no fue posible conservar como recuerdo de la experiencia fue el resguardo de la tarjeta de embarque: "IB0471. Asiento 25 B".