Domingo de Ramos multitudinario

San Pedro recupera la procesión de 'La Borriquilla' en un pletórico Domingo de Ramos. «Hoy es el día de los niños», resaltó Gómez Cuesta

J. ESCUDERO| GIJÓN
Gómez Cuesta rocía de agua bendita los ramos en la capilla. / PIÑA/
Gómez Cuesta rocía de agua bendita los ramos en la capilla. / PIÑA

«¿Y esos señores?», preguntaba una niña a su madre mientras veía acercarse la procesión de La Borriquilla a las inmediaciones de Campo Valdés. Con su pequeña palma y luciendo sus mejores galas -la tradición obliga a estrenar alguna prenda este día-, la pequeña contemplaba con asombro los estandartes de la Ilustre Hermandad de la Santa Vera Cruz, la Hermandad de la Santa Misericordia y la Cofradía del Santo Sepulcro, que abrían paso a la nueva imagen de la Semana Santa gijonesa que ayer recorrió por primera vez las calles de la ciudad.

Encargada al imaginero Manuel Martín Nieto por la iglesia de San Pedro, la nueva talla que representa la Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén fue el centro de las miradas de los cientos de gijoneses que la acompañaron en procesión. Todos honraban la figura de La Borriquilla con sus ramos y palmas ya bendecidos por el párroco Javier Gómez Cuesta en el pórtico de la capilla de los Remedios. Una bendición que empapó en agua bendita a más de uno.

El párroco de San Pedro también bendijo la nueva imagen, acompañada en la carroza que la transportaba por decenas de niños y por la escolanía de San Pedro, que ayer realizó su primera salida en público ataviada con unos hábitos inmaculados. «Los niños necesitáis imágenes, porque lo que vivimos de niños se lleva en el alma y no se olvida», manifestó Gómez Cuesta, quien aseguró que «el día de los Ramos es el día de los niños»

Y es que La Borriquilla no fue la única protagonista del Domingo de Ramos. Como cada año, los niños gijoneses salieron a la calle en un día en el que entregan las palmas a sus padrinos a cambio del tradicional bollo. Grandes, pequeñas, lisas, enrevesadas y hasta con flores, las palmas pusieron la nota discordante al dominio de los ramos de laurel, que fue elegido sobre todo por adultos y mayores para rememorar el recibimiento que los habitantes de Jerusalén ofrecieron a Jesús a lomos del animal bíblico.

Colapso en Begoña

La nueva talla de la parroquia de San Pedro restó cierto protagonismo al resto de procesiones de la ciudad que abrieron una semana repleta de celebraciones religiosas. El paseo de Begoña volvió a teñirse de verde un año más para acompañar a la tradicional imagen de La Borriquilla que salió de la iglesia de Begoña. La muchedumbre se agolpaba en las escaleras del templo, por lo que algunos fieles tuvieron que ocupar un carril de la carretera de la Costa para no perderse la salida del único paso que la iglesia de los carmelitas saca en procesión durante la Semana Santa.

Después de que La Borriquilla superara el complicado paso por la puerta del templo, los fieles alzaron sus ramos al cielo para recibir la bendición católica. La variedad de colores de las cazadoras, chaquetas y jerseys quedó tapada por una densa y amplia capa de color verde. Tras la bendición de los ramos y la apertura de un estrecho pasillo, la imagen comenzó a moverse lentamente mientras los fieles tocaban con sus ramos y sus palmas la figura de Jesús a lomos del pollino.

Muchos de los feligreses que no pudieron acercar el ramo a los pies de Jesús acompañaron a la imagen hasta encontrar un hueco entre la multitud para cumplir con el ritual. En el otro lado de la moneda estaban los portadores, que aguantaron de manera estoica el peso de La Borriquilla y la muchedumbre que abalanzaba hacia ellos durante las paradas de la procesión. La talla continuó su recorrido hasta la altura de la fuente de Begoña, en donde dio la vuelta y regresó al templo para permanecer en él hasta la Semana Santa del año que viene.

Misa al aire libre

Los niños también protagonizaron la bendición de los Ramos en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. Los más pequeños buscaron con sus palmas las gotas de agua bendita que el párroco lanzó por los cuatro costados para cumplir con el ritual litúrgico. Tras la bendición, los fieles asistieron a una misa que tuvo lugar en el pórtico del templo de El Bibio aprovechando el buen tiempo que reinó en Gijón durante la jornada de ayer.

En otra zona de la ciudad, en la parroquia de la Inmaculada, los feligreses salieron en procesión por los alrededores del templo tras consagrar las palmas y los ramos de laurel. Una procesión corta pero que congregó a cientos de fieles que quisieron celebrar la llegada de la Semana Santa en la iglesia de los jesuitas.

Somió también vivió ayer su tradicional procesión de La Borriquilla. Tras la bendición de los ramos en el convento de las Madres Agustinas, los vecinos de la parroquia gijonesa acompañaron la imagen de La Borriquilla por las avenidas Profesor Pérez Pimentel y Dionisio Cifuentes hasta la iglesia de San Julián de Somió, en donde se celebró la tradicional misa solemne de Ramos que contó con la presencia de la Coral San Julián.

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