Un referéndum que interesa perder

Berlusconi, presionado por la Liga Norte, gastará 400 millones en intentar que fracase una consulta sobre el sistema electoral

ÍÑIGO DOMÍNGUEZ| CORRESPONSAL. ROMA
Berlusconi saluda a miembros de Protección Civil en Monticchio, una de las zonas sacudidas por el seísmo. / AFP/
Berlusconi saluda a miembros de Protección Civil en Monticchio, una de las zonas sacudidas por el seísmo. / AFP

Italia ha vuelto a dar otro espléndido ejemplo de la prioridad del cálculo partidista sobre el interés general y de la formidable resistencia al cambio de un sistema perverso que no funciona. En plena emergencia del terremoto del Abruzzo y mientras busca de dónde sacar el dinero para financiarla, el Gobierno de centroderecha de Silvio Berlusconi se va a gastar más de 400 millones de euros en celebrar dos jornadas electorales en vez de una: los comicios europeos y un referéndum para cambiar la actual ley electoral.

Unirlos el mismo día ahorraría ese gasto, pero favorecería la participación en un referéndum que requiere un quórum del 50% y que a la Liga Norte, socio del Ejecutivo, no le interesa nada, pues el plebiscito pretende acabar con los chantajes de los partidos pequeños e instaurar un sistema bipartidista. Es decir, intentar tener un país normal. Al final, Berlusconi ha cedido ante la Liga. «Habría hecho caer el Gobierno», llegó a decir ayer. Su aliado, Gianfranco Fini, le criticó duramente.

De este modo el 6 y 7 de junio serán las elecciones europeas, que tampoco despiertan entusiasmo, y la primera vuelta de las administrativas. El referéndum, no se sabe, pero la Liga Norte busca la mayor deserción posible y quiere el 14 de junio, pues la segunda vuelta administrativa es el 21 y a los italianos les tocaría votar tres domingos seguidos. Berlusconi aseguró ayer que intentará colocar el referéndum el día 21, pero necesita un decreto y el acuerdo de todos los partidos. Hasta la presidenta de la patronal, Emma Marcegaglia, ha puesto el grito en el cielo, pues una de las posibles vías de financiación de la emergencia del Abruzzo es una subida de impuestos. «Es absolutamente inaceptable», dijo ayer. Los promotores de la consulta indican que el gasto supone 40.000 euros por cada familia que se ha quedado sin casa tras el terremoto.

Al margen de la polémica, el referéndum tiene gran importancia. Merece la pena repasar el culebrón. Ofrece grandes momentos de cómo se concibe la política en Italia, siempre de espaldas al pueblo. La historia arranca en el último año del anterior Gobierno Berlusconi, en 2006. Viendo que iba a perder, aprobó un nuevo sistema electoral pensado para hacer la vida imposible a su rival, Romano Prodi, pues daba peso a los pequeños partidos y de ese modo hacía ingobernable su Ejecutivo. Fue exactamente lo que ocurrió. No en vano el promotor de la ley, Roberto Calderoli, de la Liga Norte, la bautizó como «ley cerdada». Estaba hecha para asegurar la inestabilidad política y su regreso al poder.

Trampa malévola

Con nueve partidos y dos escaños de mayoría en el Senado, el Gobierno Prodi languideció hasta caer en 2008. Lo malévolo de la trampa es que, obviamente, no logró cambiar el sistema electoral, pues sus socios enanos se oponían. Por todo ello había surgido una iniciativa ciudadana para organizar un referéndum, que arrasó en la recogida de firmas: se pedían 500.000 y recabaron 820.000.

El referéndum es una vía muy socorrida en Italia para resolver problemas, ya que los políticos atienden más los propios. Se han celebrado 59 en treinta años. Las anteriores reformas electorales se llevaron a cabo mediante esa fórmula en 1991 y 1993. Pero cuando todo estaba listo cayó el Gobierno y la llamada a las urnas se aplazó. Hasta ahora.

Berlusconi, entretanto, ha fundado Pueblo de la Libertad (PDL) y apunta al bipartidismo. Seguramente rece para que triunfe la consulta pero por el momento necesita a la Liga. Más graciosa es la oposición. El Partido Demócrata (PD) nació como la gran formación de centroizquierda, para librarse definitivamente de los partidos enanos, pero tras su derrota del pasado año está en plena disgregación. Vuelven a surgir corrientes y jefezuelos que desdeñan el referéndum, porque ya hacen planes para el futuro. En cualquier caso, como siempre, está en manos de los italianos dejar de lamentarse de sus políticos y decidir su destino. Aunque haya quEe molestarse en ir a votar.

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