Amén con los puños en el pecho

El párroco de Jove oficiará mañana, a la una de la tarde, la primera misa para sordos en el concejo

J. ESCUDERO| GIJÓN
José Manuel Álvarez, párroco de Jove, ensaya una palabra con el lenguaje de los sordomudos. / PALOMA UCHA/
José Manuel Álvarez, párroco de Jove, ensaya una palabra con el lenguaje de los sordomudos. / PALOMA UCHA

Los dos puños a la altura del pecho, uno enfrente de otro, y con los dedos para abajo. Así se representa en lenguaje de signos una de las palabras cristianas por excelencia: amén. Y eso es lo que verán los fieles cuando el párroco de Jove, José Manuel Álvarez, empiece mañana la misa de las 13 horas en la iglesia de Santa Cruz. Será una eucaristía dirigida a «los olvidados no sólo por la Iglesia sino también por la sociedad»: los sordos.

José Manuel Álvarez decidió acercar la palabra de Dios a los sordos cuando hace dos años casó a una pareja de sordomudos. Entonces sintió «impotencia por no poder comunicarme con ellos». Tras apuntarse a un curso de la Universidad Popular y contar con la ayuda del cura ovetense Regino Chiquirrín, el párroco de Jove oficiará mañana la primera misa en lenguaje de signos en el concejo de Gijón, en donde hay más de 300 sordos. «Me lanzo mañana porque tenía que establecer una fecha», reconoce.

José Manuel Álvarez realizará los diferentes signos a la vez que oficia la misa, ya que «muchos sordos leen los labios». Además, contará con la ayuda de Regino Chiquirrín durante la lectura del evangelio y de un intérprete durante la homilía. El párroco de Jove realizará estas misas de signos los últimos domingos de cada mes, porque, como él mismo asegura, «¿cómo van a ir los sordos a misa si no se enteran de nada?».

«Abandonados»

El sacerdote asume que «el mensaje tiene que ser el mismo, por lo que deberían traducirse las ideas y no tanto las palabras» y explica que el objetivo de esta iniciativa es «poner una parroquia como punto de referencia, ya que nos tenemos que abrir a los sordos». En opinión de José Manuel Álvarez, «la Iglesia tiene que estar abierta a cualquier ciudadano, y más hacia los sordos, a los que tenemos abandonados». Por ello insiste en que «lo de menos es la misa. Lo importante es el mundo de los sordos y la persona».

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