'Batería de recetas, reparto de culpas', por Juan Neira

JUAN NEIRA
'Batería de recetas, reparto de culpas', por Juan Neira

EL debate sobre el estado de la nación se ubicó en el calendario en un momento inoportuno para el Gobierno, cuando faltan poco más de tres semanas para las elecciones europeas y sin contar con el apoyo de socios parlamentarios. Traducido a estrategia militar podríamos decir que es algo similar a plantear una batalla con un río a la espalda. Ante esta coyuntura, Zapatero echó mano de la táctica que es recurso de políticos y militares cuando están en una situación estratégicamente perdida. Para abordar el debate realizó anuncios inesperados, como la rebaja de cinco puntos en el Impuesto de Sociedades para las pymes que mantengan el empleo, o como la ayuda de 2.000 euros para todos los que compren un coche nuevo; más sorprendente fue aún el cambio anunciado en el tratamiento fiscal de la compra de viviendas, al poner fecha de caducidad (año 2011) para las deducciones fiscales, que sólo se mantendrán para los compradores que tengan unos ingresos anuales inferiores a los 24.000 euros. A las principales promesas se sumaron otras de rango inferior, aunque también sensibles para el ciudadano, al manifestar que el Gobierno entregará un ordenador portátil a todos los niños que estudien quinto curso de Educación Primaria.

La táctica de Zapatero chocó con el discurso de Rajoy, que convirtió al presidente del Gobierno en causa de la crisis al recordar su negativa a aceptar la recesión económica. Rajoy recordó las tremendas cifras de nuestra economía, que acumula cuatro millones de parados, mientras camina hacia un déficit público superior al 8% del PIB, para alcanzar un nivel de endeudamiento cercano al 50%.

El líder de la oposición pidió reformar el sistema fiscal, laboral y educativo. No hace falta aclarar que el debate sobre el estado de la nación se convirtió en una discusión sobre la crisis económica con reparto de culpas y variadas recetas.

Desde el pasado verano en España no se habla de otra cosa que de la crisis económica o de la «crisis» por antonomasia. Como en el Parlamento hay que tratar lo que le preocupa a la gente en la calle, la controversia se centró en la salida de la recesión. El problema es que Zapatero, Rajoy y el resto de portavoces (Erkoreka, Duran Lleida) tienen una formación económica muy elemental, y así no pueden surgir ni discursos coherentes ni soluciones acertadas.