Muere Benedetti, el poeta del amor y el compromiso social

Autor de más de ochenta obras, su fallecimiento deja huérfana a la literatura hispanoamericana de uno de sus autores más prolíficos y venerados

JUAN ANTONIO SANZ| MONTEVIDEO
Mario Benedetti, en una lectura de poemas en 2005 en Montevideo. / PABLO PORCIUNCULA-AFP/
Mario Benedetti, en una lectura de poemas en 2005 en Montevideo. / PABLO PORCIUNCULA-AFP

El escritor uruguayo Mario Benedetti murió anoche en Montevideo a la edad de 88 años. El poeta, que arrastraba un delicado estado de salud, falleció en su casa. Había estado ingresado cuatro veces en el último año debido a diversos problemas físicos. Su muerte deja huérfana a la literatura latinoamericana de uno de sus poetas y narradores más prolíficos, venerado por generaciones por su ética social y su melancólico canto a la vida. Firmó más de 80 novelas, ensayos, cuentos y poemarios que reflejan la coherencia de alguien que creyó «en la vida y en el amor, en la ética y en todas esas cosas tan fuera de moda».

«Él siempre dijo que se sentía más poeta que otra cosa», señaló la biógrafa del escritor, Hortensia Campanella, cuando presentó hace unos meses el libro 'Mario Benedetti. Un mito discretísimo', con el que trazó la trayectoria de uno de los gigantes de la literatura hispanoamericana del siglo XX y quizá la conciencia poética de todo un continente. Esa poesía se convirtió en el único báculo para afrontar sus últimos años, tras la muerte en 2006 de su esposa, Luz López, su compañera desde hacía más de seis décadas y su mejor crítico. La de Benedetti ha sido «una vida que ha ido persiguiendo la utopía y que por eso mismo ha encontrado en la poesía su mejor expresión, o por lo menos, la más querida, la más auténtica», señala Campanella.

Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Pedro Guerra, Rosa León, Juan Diego o Nacha Guevara son solo algunos de los cantautores que han puesto música a los versos de Benedetti. La poesía, decía Benedetti, es «un altillo de almas», un «tragaluz para la utopía» y «un drenaje de la vida/ que enseña a no temer a la muerte».

Fue también el martillo que le permitió forjar una carrera literaria compaginada con las profesiones más diversas: currante en un taller de automóviles, taquígrafo, cajero, vendedor, contable, funcionario público, traductor y periodista, antes de dedicarse a lo que más quería. «Cuando tengo una preocupación, un dolor o un amor tengo la suerte de poder transformarlo en poesía», afirmaba.

Títulos como aquel primerizo 'La víspera indeleble', sus 'Poemas de la oficina', el oriental y tan uruguayo 'Rincón de Haikus', los grandiosos tres 'Inventarios' o las 'Canciones del que no canta' se vieron coronados el año pasado con su último poemario, 'Testigo de uno mismo'. Este libro vino a ser «un poco el resumen de una carrera poética extraordinaria», con todos los grandes temas de la poesía universal desbordando sus páginas, como dijo la novelista Sylvia Lago.

«Cargo conmigo mismo»

Además, en esta obra presentía ya el final de sus días, sin tapujos, a la vez que insistía en la soledad sin su amada Luz y con un mundo reducido: «Acontece la noche y estoy solo/ cargo conmigo mismo a duras penas/ al buen amor se lo llevó la muerte/ y no sé para quién seguir viviendo».

La poesía dejó también mucho espacio para la prosa en la obra de Benedetti y así su principal novela, 'La tregua', es uno de los faros de la literatura del continente, con más de 140 ediciones en 20 idiomas desde su publicación en 1960.

También dedicó tiempo a los cuentos, en los que «cada palabra tiene valor por sí misma» y, sobre todo, «tienen que ver con los sentimientos», como explicó en 1998 en un Taller de Literatura de la Casa de América de Madrid.

El cuento «es el género más gratificante, tanto para el autor como para el lector», pues «desde tiempo inmemorial a las personas les gusta que les cuentes cosas, y a algunos nos gusta contarlas», decía el autor de 'Geografía', 'La vecina orilla' o 'Montevideanos'».

Tanto la prosa como la poesía de Benedetti fueron reconocidas con amplitud y así lo corroboraron galardones como el Premio Reino Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Iberoamericano José Martí (2001) y el Menéndez Pelayo (2005).

En su última aparición pública, en diciembre de 2007, Benedetti fue condecorado con la Orden Francisco Miranda por el presidente venezolano, Hugo Chávez, en la Universidad de la República del Uruguay, aclamado por los cientos de estudiantes que reconocían en el poeta a su bardo nacional. Chávez reconoció al autor de 'Gracias por el fuego' como un icono de la izquierda latinoamericana.

Pero Mario Benedetti explicaba que si bien «los poetas no tienen capacidad de influir sobre los Gobiernos», sí «llegan al ciudadano de a pie, y a veces sirven para esclarecer una duda, para dar una tímida respuesta a una pregunta que tiene alguien».