El arte de la pérdida

El Barjola inaugura 'El espectáculo de la periferia', una muestra que reflexiona sobre la identidad cultural gallega

M. F. A.| GIJÓN
Eduardo Valiña posa junto a las fotografíass de la serie 'Para sempre'. / VICTORIA FERNÁNDEZ/
Eduardo Valiña posa junto a las fotografíass de la serie 'Para sempre'. / VICTORIA FERNÁNDEZ

Eduardo Valiña (O Páramo, 1972) forma parte de una generación de gallegos que vio pastar las vacas mientras escuchaba a The Cure. Quizá por eso la inspiración artística le ha llegado desde lo más profundo de su tierra, desde la Galicia más auténtica que aún conserva Lugo, desde un territorio que poco a poco a está perdiendo su identidad, desde una periferia que apenas si resiste al acoso del centro.

De eso reflexiona en su última obra, 'El espectáculo de la periferia', que ayer abrió sus puertas en el Museo Barjola, y que muestra con la ironía y la metáfora cómo aliadas cómo ese mundo rural va perdiendo fuelle, va cayendo en el olvido. Se sirve el artista gallego para hacerlo de varias piezas. Abre la muestra una serie de fotomontajes bautizadas 'Para sempre' en las que se presentan escenas rurales creadas para la ocasión. Son cinco escenas compuestas e hiladas de manera narrativa y con el verde del paisaje gallego inundándolo todo. Reconoce en el artista que en estas imágenes, y en todo el proyecto expositivo, ha puesto mucho de sí mismo, que ha mezclado arte y vida, que las autorreferencias están sisempre presentes.

Habla de su tierra, y desde allí ha viajado un inmenso tronco de castaño centenario convertido e la pieza central de la muestra. Pesa más de tres mil kilos y colocarlo bajo la cúpula de la capilla de la Trinidad no fue tarea sencilla. El esfuerzo mereció la pena, porque la belleza del árbol lo llena todo, de forma especial cuando el humo que desprende se convierte en esa niebla que de nuevo remite a Galicia. Los sonidos de espacios naturales gallegos acompañan a la obra, junto a la cual se sitúa una inmensa lápida que denuncia la muerte de la identidad.

Un vídeo de poco más de un minuto de duración, un juguete para niños hecho con espinas y una fotografía de gran formato y real, sin ninguna intervención, completan la propuesta.