Dos años para equipar los túneles de Pajares

El último 'topo' que perfora los macrotúneles de la variante de Pajares terminará su labor en unos días, pero aún queda mucho trabajo antes de que el AVE estrene la infraestructura

RAMÓN MUÑIZ| GIJÓN
El túnel Este, calado el pasado mes de septiembre, aún está a la espera de la segunda fase de obras. / E. C./
El túnel Este, calado el pasado mes de septiembre, aún está a la espera de la segunda fase de obras. / E. C.

Imagine que un día el Ministerio de Fomento decide hacer dos túneles subterráneos, de casi 25 kilómetros, que vayan desde Oviedo a Gijón. Los perfora a mil metros bajo la superficie y para ello se ve obligado a retirar una cantidad descomunal de tierra. Al final de la construcción, queda tal montaña de rocas y materiales que con ella se podría rellenar un edificio de un kilómetro de alto.

Esos túneles ya existen, pero se están horadando bajo la cordillera Cantábrica, entre Asturias y León. Son 500 los operarios que en las últimas semanas avanzan en unos tubos que darán forma a la variante de Pajares y que recortarán una hora y cinco minutos a los viajes ferroviarios entre el Principado y Madrid. Para alcanzar ese ahorro en tiempo, el Estado desembolsa 1.379 millones de euros, cantidad lo suficientemente importante como para que, en los próximos días, acudan a las obras el ministro de Fomento, José Blanco, y el presidente del Principado, Álvarez Areces.

Ambos verán el último paso de L'Ayalga, la tuneladora creada en Asturias y encargada de despejar el túnel Oeste, por donde los técnicos prevén que el tren circule en sentido Madrid. Será un momento histórico, cuyo primer síntoma se produjo en marzo, en Sotiello. Allí tienen su fábrica y almacén de dovelas las empresas Copcisa-Hispánica, Constructores-Brues y Fernández Construcciones-Azvi, responsables del tramo que ejecuta L'Ayalga. Los gerentes dieron entonces la orden de detener las máquinas en la retaguardia. En esos momentos se había creado la dovela número 47.936, la última que necesitará el 'topo' para completar su trabajo. Para que pueda instalarla en el lugar preciso, los topógrafos se afanan ahora con el giroscopio. La idea es afinar al milímetro el avance de la tuneladora: el tubo que está abriendo desde la localidad asturiana de Teyedo debe encajar a la perfección con el que ya se abrió en la vertiente leonesa. En estos momentos, una pared de cuarcita de unos ocho metros de ancho separa ambas cavidades.

Alta precisión

A simple vista parece poco margen para equivocarse, pero los túneles diseñados para trenes de alta velocidad tienen unas restricciones «muy esctrictas en cuanto a la precisión del calado, ya que no hay muchas posibilidades de variar el trazado». Así lo justificaba hace unos años Pedro Arranz, responsable del emboquille de los túneles de Guadarrama, los más parecidos a los que ahora se abren en la variante de Pajares. En aquella ocasión el trabajo de los topógrafos logró reducir el error de calado a nueve centímetros en horizontal y 1,3 en vertical, poco si se considera que los túneles miden 28,4 kilómetros

Los técnicos manejan con tal cuidado esta operación de emboquille que se niegan a decir cuándo concluirá. Sin embargo, los políticos calculan asistir al cale en la próxima semana. Será un momento para felicitarse, y así lo subrayarán en sus discursos. Sin embargo, también lo es para meterse prisa. Según confirman técnicos que trabajan en la variante asturiana, «aquí queda todavía mucho por hacer; después del cale necesitaremos otros dos años de trabajos».

Es la llamada fase de superestructura, consistente en rellenar los tubos con vías, andenes, señalización, sistemas de seguridad, ventilación, cableado telefónico, etcétera. Entre las tareas aún pendientes, están reforzar la impermeabilización de unos tubos que según los geólogos tardarán un mínimo de ocho años en ser estancos. En estos momentos por el tubo Este y pese a las dovelas de 50 centímetros de espesor, se desaguan alrededor de 100 litros de agua por segundo. «Es un fenómeno normal, al bajar el agua también descienden sedimentos que poco a poco irán taponando esas grietas», indica un geólogo de la variante.

Los dos años estimados por los expertos coincide con la experiencia de Guadarrama. Allí, la ex ministra Magdalena Álvarez asistió al cale final en junio de 2005, pero no fue hasta septiembre de 2007 cuando los viajeros pudieron estrenar la infraestructura.

Ese plazo permitiría al presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, cumplir de forma muy ajustada su pronóstico de que «en ésta legislatura veremos la entrada de la alta velocidad a la región». De agotar el mandato, esa promesa indica como fecha tope junio de 2011. Para ceñirse a ella, urge que Fomento termine la redacción de los contratos de la fase de superestructura y empiece a licitar la segunda fase de las obras.