'El Termómetro' tendrá oficinas de lujo para alquilar

Los despachos, de hasta 200 metros cuadrados, estarán terminados en 2011 La propiedad recuperará la imagen original del 'mejor rascacielos' ovetense

P. ALVEAR| OVIEDO
'El Termómetro'. / M. ROJAS/
'El Termómetro'. / M. ROJAS

La Casa del Termómetro tiene nueve plantas, más la baja. Hoy en día, a nadie extraña un edificio con tal altura, pero cuando Vidal Saiz Heres (1901-1967) vio su obra terminada en 1943, hubo a quien le pareció una excentricidad. El edificio chocó en un primer momento, pero, pronto, se ganó el reconocimiento del 'mejor rascacielos' construido en Oviedo. Constituye un elemento más de la renovación urbana tras los sucesos del 34.

Más de seis décadas después, el esbelto inmueble sigue suscitando alabanzas desde su esquina de la plaza de la Escandalera. Su acusada verticalidad y su curva acristalada llevó a los ovetenses a llamarlo 'el Termómetro', que, junto con el edificio del Servicio de Salud del Principado (SESPA), ejemplifica la corriente racionalista en la ciudad.

Ahora, la propiedad del inmueble, Inversiones GF-4, S. L., invertirá 772.000 euros en la reforma de este principal referente de la arquitectura moderna. El pasado enero, sus 1.800 metros cuadrados quedaron vacíos de inquilinos y el Ayuntamiento ha concedido ya la licencia de obra. «Esperamos comenzar los trabajos a finales de agosto o en septiembre», informaron fuentes de la promotora, que ejecutará directamente la obra.

Tras 18 meses de 'limpieza de cara', los dueños pondrán en alquiler las oficinas, que, como informó el estudio de arquitectura Borja Bordiú, autor del proyecto, «serán de 'alto standing' y tendrán entre 50 metros cuadrados y 200». En las plantas tercera, cuarta y quinta habrá tres viviendas de 225 metros cuadrado cada una y que no saldrán a la venta, según explicaron desde Inversiones GF-4, S. L. Quedarán en su propiedad.

Vidal Saiz Heres firmó el proyecto en mayo de 1936. El edificio sigue en pie, pero su imagen original «se ha perdido por completo a causa de las diversas intervenciones independientes que se han hecho desde los años 70 y han desmenbrado la idea unitaria del edificio al modificar sus carpinterías, materiales y cromatismos iniciales», según explican los autores del proyecto de reforma. «Recuperar su imagen original» es la clave. El trabajo es complejo. Por ejemplo, la fachada muestra múltiples patologías: en un principio, estaba formada por banderas horizontales con dos tipos de aplacados, pero, más de sesenta años después, únicamente prevalece uno de ellos, el otro «se debió eliminar en alguna actuación y fue sustituido por un mortero monocapa».

Para devolver a 'el Termómetro' su estética perdida, «se retirará el mármol de la fachada», que sufre numerosas fisuras a pesar de estar anclado (los anclajes tienen una oxidación avanzada). En su lugar, se colocaran piezas «exactamente iguales a las originarias, tanto en material, composición y cromatismo». El mismo sistema «se aplicará para la carpintería, que está en un avanzado estado de deterioro y deformación», explicaron desde el estudio de arquitectura.

La obra comenzará con la instalación del andamiaje y protección y, acto seguido, los operarios liberarán de peso el inmueble, tanto del interior (mobiliario, puertas, módulos de pladur, sanitarios...), como los aplacados del exterior. Para seguridad de todos los paseantes de esta zona tan transitada, se apuntalarán aquellas plantas cuya estructura se encuentra en un estado delicado.

Para su tía

Vidal Saiz Heres diseñó este edificio para su tía Concha Heres, que en Oviedo poseía ya un chalé en la calle Toreno, derribado en los años 80 para construir la sede actual del Banco de España. El arquitecto lo 'dibujó' en 1936, pero la guerra civil y otras irregularidades en el proyecto demoraron su construcción. El edificio, finalmente, se inauguró en 1944, un año después de la muerte de su tía. Concha Heres, como recoge el libro 'Arte, cultura y sociedad en la emigración española a América', falleció en Madrid, donde pasaba largas temporadas, el 2 de junio de 1943. Tenía 79 años. La enfermedad le impidió disfrutar de uno de los referentes de la arquitectura moderna de la ciudad, pensado por uno de sus cuatro sobrinos, herederos de su fortuna.

Según recoge la 'Guía de Arquitectura y Urbanismo de la Ciudad de Oviedo', 'el Termómetro' es el resultado de las influencias neoyorquinas de su autor «con claras referencias a la arquitectura expresionista alemana». Es, subraya, un ejemplo de «proa o faro urbano» desde el «importante espacio de centralidad de la plaza de la Escandalera». En 2011, el céntrico inmueble volverá a ser cómo lo diseñó su arquitecto, Vidal Saiz Heres.

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