La parroquia rojiblanca

Desde 1961 el Sporting cuenta con un capellán como parte integrante del cuadro auxiliar en el organigrama del club

M. R.| GIJÓN
Fueyo, con una bufanda conmemorativa del triunfo en Barcelona y otra de su peña. / SEVILLA/
Fueyo, con una bufanda conmemorativa del triunfo en Barcelona y otra de su peña. / SEVILLA

El Sporting cuenta con un capellán oficial desde el año 1961. Aunque la trayectoria del club a través de sus directivas siempre tuvo un talante religioso, fue el equipo directivo encabezado por Víctor Manuel Felgueroso quien incorporó al primer sacerdote. La costumbre no era habitual en los equipos de fútbol.

Los tres primeros capellanes fueron párrocos de La Asunción. Luego pasó a los carmelitas, por ser una iglesia relacionada con el club gijonés, para acabar en San Nicolás de Bari, por el fervor rojiblanco de Fernando Fueyo. Anteriormente había algún sacerdote con más vínculos a la entidad rojiblanca, pero sin tener el título oficial de capellán de la entidad.

José Arango, párroco de La Asunción, fue el primer capellán rojiblanco. Estuvo en el cargo desde 1961 hasta 1966, al dejar la vida eclesiástica. Poco tiempo después falleció en un accidente que tuvo una profunda repercusión en la ciudad. Le sucedió en el cargo Miguel Zabala, quien también ocupó su puesto en la parroquia de La Asunción tras pasar a la vida seglar. Poco tiempo después ocupó su cargo Emilio Blanco, también de La Asunción, cuya presencia en el puesto fue de corta duración.

En 1971, en el periodo presidencial de Carlos Méndez Cuervo, se le ofrece el cargo al carmelita Dionisio Alonso, fallecido la pasada semana, que fue quien hasta ahora más tiempo estuvo en la entidad. El club se había quedado sin capellán y en un desplazamiento a Las Palmas coincidió la expedición rojiblanca con el carmelita.

Antes de instituir los viajes a Covadonga, como acción de gracias, el día de la presentación era habitual decir una misa de campaña en el terreno de juego de El Molinón, después del primer entrenamiento de la temporada y los correspondientes discursos, a los que posteriormente se sumaron los políticos. Esta costumbre quedó anulada en la última década, que coincidió con una etapa en la que estos actos se utilizaban como válvula de escape en las protestas de los aficionados. Fernando Fueyo fue colaborador de Dionisio Alonso tras regresar a Gijón, después de un tiempo de misionero en Burundi, a donde llevó su sportinguismo hasta el punto de llegar a formar un equipo al que dotó de uniformidad rojiblanca en tierras africanas. Ejerció de capellán auxiliar hasta que el carmelita decidió dejar el cargo. Fernando Fueyo es el que más vinculado está al equipo, pese a que tiene que repartir sus tareas como párroco de San Nicolás de Bari, en El Coto, y presidente de la Peña Sportinguista La Gaita.

El capellán se encarga de oficiar las misas en las concentraciones, además de prestar sus servicios religiosos al personal del club, tanto deportivo como administrativo, aunque en las últimas temporadas, el equipo gijonés no se concentra para los partidos de casa. El contacto de Fueyo con los futbolistas se mantiene, ya que suele acudir a los entrenamientos con una frecuencia semanal y también aprovecha algún desplazamiento, bien con los viajes de la peña que preside o por invitación del consejo. En estos casos, antes se habilitaba la sala donde se lleva a cabo la charla técnica para oficiar una misa, con libertad de asistencia para jugadores, técnicos y dirigentes. Sin embargo, esta costumbre se diluyó en las últimas campañas.

Un sacerdote diferente

El capellán es una figura carismática en el seno de club, arraigado tanto en la directiva como en la primera plantilla, aunque en el caso de Fueyo también hay preocupación por la marcha de los filiales. No es un capellán al uso, ya que sobresale su sportinguismo y su actividad con la peña La Gaita.

Tiene presencia habitual en el inicio de las temporadas, además de gestionar el desplazamiento de acción de gracias a Covadonga. Fueyo, a quien no le falta un detalle, suele pedir que la Santina tenga el manto rojo y blanco en la visita de los sportinguistas y cuida minuciosamente su discurso, en el que tiene recuerdos y palabras de ánimo para todos. Es uno más del cuadro auxiliar. Al menos, así consta.

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