Los pescadores de salmón culpan de la mala temporada a las capturas en la mar

Solicitan medidas por parte de la Administración regional «que no vayan contra el pescador de río» y que protejan la especie

IKER CORTÉS| CANGAS DE ONÍS
Uno de los participantes en el Campeonato de Lanzamiento de Mosca y Precisión. / N. A./
Uno de los participantes en el Campeonato de Lanzamiento de Mosca y Precisión. / N. A.

En un ambiente de celebración y, quizá, con algo de pesimismo flotando en el aire -algunos de los presentes aseguraban que la de este verano «ha sido la peor temporada de pesca» que se recuerda por estos lares-, se celebró ayer, por segundo año consecutivo, la Fiesta del Pescador en la capital de Cangas de Onís. Sobre el terreno, todo se desarrolló bajo el programa dispuesto, si bien con algo de retraso. Pero en las mentes y charlas de muchos de los pescadores el «fraude» del salmón en la comarca y en la región seguía presente.

Así lo reconocía Javier Vega Díaz, que aseguraba que «este año ha sido malísimo. No hubo salmones». Lo cierto es que en el Sella se han capturado este año 85 salmones, frente a los 528 del año pasado, y «normalmente ochenta se pescan en dos buenos días de mayo. Un fiasco». ¿Las razones? Vega Díaz, que participó en el segundo Campeonato de Lanzamiento de Mosca y Precisión, aporta una idea: «Pensamos que han podido ser barcos en altamar los que los hayan pescado». Y es que si hubiese ocurrido en un solo río, las causas estarían más claras «ya que podría deberse a que quizá un año se han criado mal los salmones». Pero no ha sido así. En el Cares-Deva, se capturaron este año 105, frente a los 369 del pasado año, y en el resto de cauces asturianos las cifras también han bajado considerablemente.

La cosa se entiende menos si se conoce que hace tres años, los salmones desovaron perfectamente en el río y «había miles», recuerda el pescador Antón Caldevilla, que este año no acudió a la fiesta por encontrarse de caza. «No sabemos por qué no han vuelto, pero la explicación hay que buscarla en la mar», explica este experto. Cuando comenzó la temporada, se habló de una posible epidemia, de una enfermedad que hubiera diezmado a la especie, pero el secretario de la Sociedad de Pescadores El Esmerillón, Juan José Peruyero, niega tal extremo de forma tajante. «Ha pasado no sólo en Asturias, también en Santander, pero en los ríos de Irlanda y Escocia están pescando muchísimos salmones, así que la teoría no es válida», comenta. En este sentido, Caldevilla sí reconoce que en Francia ha escaseado el manjar, «mientras que en Islandia siguen capturando piezas sin problemas», algo que, en su opinión, coincidiría con la idea de que es la pesca costera de las embarcaciones la que ha ocasionado el problema. Peruyero, por su parte, lo tiene claro. «Fuimos a exponer nuestro problema ante la Consejería de Medio Rural y Pesca y ésta organizó unas jornadas con expertos de distintos ámbitos». La única conclusión a la que se llegó es que el problema estaba en la mar porque en el río se estaban haciendo las cosas bien. Es más, apunta Caldevilla, «hemos estado pescando en cloacas con muchos ejemplares y ahora que se puede beber del río es cuando faltan los salmones».

En su opinión, queda por comprobar si esto se repite el año que viene o si ha sido una anomalía. Lo que sí hace Caldevilla es augurar «problemas importantes» para dentro de dos o tres años ya que si este año «han desovado poco, dentro de dos años aparecerán muy pocos ejemplares».

Medidas razonables

En todo caso, según comenta Peruyero, la consejería podría dar esta semana las directrices a seguir para facilitar la afluencia de los salmones de cara a la próxima temporada. Aún con todo, Peruyero ya se teme que las directrices no sean más que «otra rebaja en el cupo que tienen los pescadores» y que este año ya fue de ocho salmones para cada deportista. «Deberían meter mano en la mar, donde un barco puede llevarse hasta 25 toneladas». Por otro lado cree que si a la Administración le preocupase el tema «invertirían más dinero» en los dos únicos contadores de salmones que hay, uno en el Sella y otro en el Cares. El primero está a 25 kilómetros de la entrada y «lleva sin funcionar tres años». El segundo «está ubicado en Niserias y funciona muy mal», cuenta.

Por su parte, Caldevilla exige a la consejería «realizar más estudios fuera del río». En su opinión deben realizar «restricciones a favor del salmón pero no contra el pescador». Para el experto, los cupos «no hacen nada» y propone, por ejemplo, «contar bien los salmones que entran y sobre ese número decidir, en total, cuantos se pueden pescar». Otra opción, comenta, sería «prohibir pescar en algunos 'santuarios', ni siquiera sin muerte».