En calesa por el carril-bici hasta llegar a San Pedro

Carmen Moriyón y Javier Gómez Cuesta comparten, un año más, la tradicional bendición de la bahía de San Lorenzo con agua bendita y rosas rojas. /
Carmen Moriyón y Javier Gómez Cuesta comparten, un año más, la tradicional bendición de la bahía de San Lorenzo con agua bendita y rosas rojas.

La bendición de las aguas contó este año con un Javier Gómez Cuesta socarrón que pidió nuevo asfaltado para Cimadevilla

EVA MONTES GIJÓN.

«Sube, sube», le dijo Javier Gómez Cuesta a la alcaldesa, indicándole su particular púlpito cívico, esa pequeña tarima desde la que cada año el párroco de San Pedro celebra la festividad del patrono de Gijón con las Voces de Cimadevilla a su espalda y los gijoneses ante él. Carmen Moriyón, al contrario que su antecesora Paz Fernández Felgueroso, no gusta de compartir el protagonismo ciudadano del sacerdote y siempre evitó el singular duelo dialéctico que Gómez Cuesta tanto disfruta provocando con la autoridad política en el marco de la bendición de las aguas de la bahía de San Lorenzo.

Pero ayer la alcaldesa subió y el párroco, después de cuatro años de calma chicha en su prédica, volvió por sus fueros y tiró de esa socarronería playa adquirida para poner en solfa el carril-bici. «A este sancta sanctorum del Campo Valdés hay que llegar ahora por el carril-bici. No tardando mucho, tendremos campeones de la ciudad en la Vuelta a Asturias, en la de España y en el Tour de Francia. Y contemplaremos escenas típicas, viendo llegar a los novios en bici a la iglesia o al ayuntamiento para celebrar su matrimonio, y luego marchar juntos en calesa-bici tirada por grandes ciclistas de élite como Chechu Rubiera o Samuel Sánchez, Contador o el mismo Indurain. Una idea emprendedora, todo es posible».

Y por primera vez desde 2009, cuando le pidió a Paz Fernández Felgueroso «un aparcamiento para Cimadevilla en las tripas de Santa Catalina», Gómez Cuesta volvió a erigirse en portavoz vecinal. En esta ocasión para pedir un cambio en el empedrado de las calles del barrio, «porque el adoquinado que le da ese aire de antigüedad a Cimadevilla, hace muy difícil y peligroso el rodaje de las sillas de ruedas motorizadas de los discapacitados del barrio». Por eso, ante los evidentes gestos de la alcaldesa de que tomaba nota mental de la petición, el párroco de San Pedro sugirió que el Ayuntamiento hiciese extensivo al resto del barrio la actuación desarrollada en la plaza del Marqués. «Esos quedaron muy curiosos y guapos», dijo.

Arena color canela

En lo que coincidió Gómez Cuesta con la alcaldesa es en que ayer era un día para «empujar por Gijon todos juntos», como dijo Moriyón momentos antes de empezar la ceremonia de la bendición de las aguas, momento en que resultó ostensible la ausencia de concejales del Partido Socialista. En realidad, no fueron las únicas ausencias significativas. Apenas ninguna de las autoridades habituales hicieron acto de presencia. Sólo el jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Gijón, quien acudió vestido de calle. La Comandancia Militar de Marina no estuvo representada por su titular y la Policía Nacional no acudió al día del patrono de la ciudad.

Todo ello concitó algún que otro comentario entre la ciudadanía sobre lo «deslucido» de la representación institucional, pero sólo fue un momento. Enseguida se perdió entre las voces recias de Cimadevilla interpretando 'Gijón del alma' o enredándose entre los acordes a la gaita del himno de Asturias, mientras la alcaldesa y el párroco, el párroco y la alcaldesa, bendecían con agua y rosas un Cantábrico de nuevo en marea baja. Pero la petición al patrono de su párroco resonó en toda la bahía: «Que San Pedro nos bendiga el agua de San Lorenzo y que nos devuelva su arena color canela por la que es una gozada caminar».