El 'lobby' jovellanista de El Natahoyo

José Luis Casaprima contempla a Manuel Martínez, que muestra sus galardones. /
José Luis Casaprima contempla a Manuel Martínez, que muestra sus galardones.

El 'Gedo' recogió el Premio Campanil de la Asociación de Antiguos Alumnos del instituto, y Manuel Martínez, el del Alumno Distinguido

E. MONTES GIJÓN.

Lo dijo el senador socialista Vicente Álvarez Areces no sin un tenue barniz de envidia. La Asociación de Antiguos Alumnos del Real Instituto Jovellanos está dominada por lo que el político del barrio de La Arena llamó el 'lobby' de El Natahoyo y cuya trayectoria calificó, entre bromas y veras, de «imparable». Y no es para menos. Encabezado por el catedrático, ex ministro, preceptor en su infancia del Rey y prestigioso jurista Aurelio Menéndez, junto a él comparten barrio de origen, aulas escolares y relevancia social Pedro Sabando, médico y padre ideológico del sistema sanitario español, así como Manuel Martínez Sánchez, Antiguo Alumno Distinguido 2014, que desde El Natahoyo llegó hasta el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusets para quedarse. Primero como ingeniero aeronáutico y ahora como catedrático emérito.

Y para cerrar el círculo, el Premio Campanil, el que reconoce la labor de las entidades, recayó este año en la Fundación Revillagigedo, el 'Gedo', por lo que El Natahoyo copó ayer todo el esplendor del salón de actos de lo que hoy es el Centro de Cultura Antiguo Instituto y que durante años acogió a los niños que hoy peinan ya canas de jubilación. Y aunque el Alumno Distinguido fue Manolo, en realidad, el nexo, la constante, fue el 'Gedo'. Porque, además de sus propios méritos históricos, sociales y educativos, tiene en común haber sido casa escolar tanto de Pedro Sabando, glosador del centro de los jesuitas, como del propio homenajeado, que estudió allí los primeros años de Primaria. «Hasta tuve que repetir tercero, porque a mi padre se le olvidó matricularme en el Instituto Jovellanos y para no perder el tiempo, repetí», recordó, divertido, un emocionado Manuel Martínez Sánchez, quien dijo «perdonarle» a Tini Areces, su glosador, «las exageraciones que dijo de mí», por las veces que le obligó a tragar saliva mientras escuchaba su vida compartida, sentado junto al alto, fuerte y serio José Luis Casaprima.

Sabando, hombre poco dado a las religiosidades, resumió en una conversación que tuvo en su adolescencia con el amigo del alma Ulpiano Pañeda recientemente fallecido, el peso de la institución de la Compañía de Jesús en el barrio. «Él, que era de Jove, me preguntó: ¿por qué los de El Natahoyo os lleváis tan bien con los curas? A lo que respondí, porque hacen mucho y no se nota nada». Y ese resumen sucinto y verdadero, de hace muchos años, refleja de forma fehaciente «el efecto vertebrador que los jesuitas han tenido siempre en El Natahoyo, empeñados en el desarrollo de las personas de forma solvente, educando con valores jesuíticos pero genéricos, como el respeto, la solidaridad y el buen hacer».

En ese sentido, y después de recorrer en un tono ameno, intenso y cariñoso la historia del Gedo y de El Natahoyo, Pedro Sabando retrató, probablemente sin saberlo, el dibujo más halagador de la Fundación Revillagigedo y de los jesuitas para quienes no son creyentes. «De ahí, que para quienes conocemos la Fundación y la tarea de la Compañía de Jesús en El Natahoyo no nos resulten novedosas algunas de las novedades que propone y sorprenden del papa Francisco», de concepción franciscana.

La educación como eje

En realidad, entre unos y otros el elemento aglutinador fue la educación. Para José Luis Casaprima, como director del 'Gedo'; para Manuel Martínez, como catedrático emérito del MIT norteamericano y para el presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos del Real Instituto Jovellanos, quien abogó por la élite en la educación, al estilo norteamericano, «para que no se implante la ley de la caravana, en la que el más lento es el que marca el paso».

En ese sentido, Manuel Martínez, Manolo siempre y profesor de profesión, hizo una defensa sentida y viva de su sentido de la docencia. «En educación se ha aprendido muy poco de Platón para acá. Ahora se habla mucho del empleo de nuevas tecnologías en las aulas y yo no soy muy partidario de ellas. La persona, la comunicación entre el alumno y el profesor es lo que cuenta, porque si no conectas con el alumno, no hay nada que hacer. Es difícil de conseguir, yo lo sé, pero no hay nada que el estudiante capte más rápido que la autenticidad o falsedad del profesor».

Hoy ya es emérito, pero con él van todos los recuerdos que se generaron entre las paredes de su instituto «cuando las vivencias que se tienen con la falta de interés de los primeros años son las que echan raíces en uno por encima de las que vas adquiriendo posteriormente».

 

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