Andolina, 71 niños a su propio ritmo

Niños en el taller de carpintería de Andolina. /
Niños en el taller de carpintería de Andolina.

El colegio mantiene su pedagogía libre, sin ninguna plaza vacante y con unas 40 solicitudes en lista de espera

O. ESTEBAN GIJÓN.

Este es su cuarto curso, tienen 71 alumnos de Educación Infantil y Primaria, de 50 familias de toda Asturias, y muchos niños en lista de espera. El colegio Andolina, privado, laico y mixto, «pequeño y cálido» y ubicado en Cabueñes, crece año a año. El grupo de padres que puso en marcha el centro a través de una cooperativa sin ánimo de lucro siguiendo el modelo de educación finlandés ha visto en este tiempo cómo «cada vez más gente se va concienciando con este tipo de pedagogía», que no es una «moda pasajera», sino una forma de enseñar «libre», en la que «el respeto por los demás y por uno mismo» es la base del funcionamiento diario.

Andolina tiene un método muy distinto al del resto de colegios. Aquí no hay clases al uso ni deberes. Los alumnos están agrupados, mezclando diferentes edades. Y las familias no es que estén implicadas, es que atienden el teléfono, organizan los cursos de formación para adultos, las actividades extraescolares, llevan las cuentas y el mantenimiento... Sólo los seis docentes (cinco a jornada completa y uno a media jornada, a los que siempre se unen profesores en prácticas) y la persona de la limpieza están en plantilla.

Así ha arrancado un curso más en el Andolina, a la vez que en el resto de colegios. Pero allí las ratios son significativamente más bajas, con 11 niños por curso. Y los pequeños tienen muchísima libertad: a primera hora de la mañana participan en una asamblea (sólo los de Primaria) para tratar el orden del día. Y entre las 9.30 y las 11 tienen el primer momento «de libre elección», en el que cada niño decide en qué invertir su tiempo. Entre las 12.30 y las 13.15 se volverá a repetir. La jornada acaba como empieza, con una asamblea, en la que hacen un repaso del día y comentan los conflictos, si los ha habido.

Las cifras dan una idea de lo conseguido en sólo cuatro años. Hay 50 socios usuarios de la cooperativa (es decir, que tienen a sus hijos escolarizados allí) y otros ocho socios colaboradores (que tienen ya plaza reservada para niños que nacieron en 2012 y que comenzarán las clases el próximo año). Para ese curso, por cierto, no hay plazas libres. Están todas, en cualquier curso, cubiertas. Y, además, hay unas 40 personas en lista de espera.

«Nos duele que familias tan concienciadas no puedan entrar», lamenta María Jesús Álvarez, madre de dos alumnos, un niño de 8 años y una niña de 4, a los que deja cada mañana en el 'cole' «con una sonrisa, porque es un entorno precioso y porque tienes otra sensación...».

Cuando acceden al centro y, por tanto, a la cooperativa, las familias aportan 3.500 euros (que pueden recuperar cuando la abandonen, si no hay pérdidas que asumir entre todos) y una cuota mensual de 275 euros al mes por niño.

«Crianza respetuosa»

María Jesús y sus hijos están «felices». Porque han logrado un colegio en el que «se respetan los propios ritmos de los niños y se atienden sus necesidades fundamentales», un espacio en el que seguir con la «crianza respetuosa» del hogar y que, creen, no puede ser atendida en ningún otro centro con las ratios actuales. «En esos colegios, los profesores hacen una labor titánica», reconoce.

Y aunque admite que «sigue habiendo rechazo al que hace las cosas de otra manera», insiste en que «sólo queremos lo mejor para nuestros hijos» y en que quienes están en el Andolina lo hacen tan convencidos que han aprendido a convivir con las críticas.