Premio para los que no se rinden

Todos los premiados y los participantes de la convocatoria, en el Antiguo Instituto, tras la entrega de los galardones. /
Todos los premiados y los participantes de la convocatoria, en el Antiguo Instituto, tras la entrega de los galardones.

La Fundación Municipal de Cultura entregó sus galardones educativos anuales

O. ESTEBAN

Sus padres son feriantes y vendimiadores así que ella, junto a sus tres hermanas, se incorpora a clase más tarde que el resto de sus compañeros y finaliza antes también. Y lo hace para viajar con su familia por Asturias y Galicia y «ayudarles mucho». Pese a todo, y con «mucho esfuerzo», consiguió siempre ir al ritmo de la clase y aprobarlo todo, incluso las Matemáticas que se le resistían. Es la historia de Diana Fernando Galito, que acabó la ESO el curso pasado en el colegio Montiana. La historia que le ha hecho merecedora del primer premio en la categoría de esfuerzo personal en la VII edición de los Premios Educativos del Ayuntamiento de Gijón. Diana fue ayer la voz de todos los premiados, y ante todos demostró lo que le enseñaron en casa: «Nunca hay que rendirse». Gracias a ellos, y al apoyo de los profesores, consiguió acabar la ESO. Ahora estudia en el Instituto Mata Jove.

Recogió su premio Diana en un llenísimo patio del Antiguo Instituto. Participantes, premiados, profesores y familias aplaudieron con entusiasmo cada galardón y cada diploma, entregados por los concejales Rafael Felgueroso y Fernando Couto, acompañados por Xosé Nel Riesgo, director de la Fundación Municipal de Cultura, y Manuel González, jefe del departamento de Educación de la Fundación. Los Premios Educativos han reconocido, un año más, el trabajo de los escolares, pero también de los profesores, recordó Felgueroso, que también tuvo palabras para los padres y para los tan necesarios abuelos.

La de esfuerzo personal es una de la categorías recogidas, además de las de Expediente Académico y Sociabilidad personal y colectiva. En total se habían presentado 43 candidaturas, de las que 24 correspondían a alumnos que habían finalizado la Secundaria y 19 a escolares que terminaron Primaria el pasado mes de junio.

Entre esas candidaturas estaba la de Laura Rodríguez Rubio, del colegio Montedeva. Su número, sin ninguna duda, es el 10: es la puntuación que ha obtenido siempre, curso tras curso, en todas y cada una de las asignaturas durante la ESO. Tan solo una vez, una, bajó al 9. Fue en el primer curso de Secundaria, en Inglés. No se volvió a repetir. Eso le ha valido el reconocimiento al mejor expediente, galardón que compartió en la categoría de Secundaria con Miguel Armayor Martínez, del IES Jovellanos, cuyas notas nada tienen que envidiar a las de Laura. Ella, que ahora estudia el Bachillerato Científico, asegura que el secreto está en «organizarse». Así, asegura, hay tiempo para todo. A ella, después de estudiar, le queda todavía para el baloncesto y para tocar la flauta travesera en una banda de música.

La historia de los 22 alumnos que el año pasado formaban el grupo de 4º A de ESO del Padre Feijoo es otra. La cuenta su tutora, Encarna Merino, que no oculta su orgullo. Tras 20 años de enseñanza y tutorías, esta fue la primera vez que vio claro que ese grupo «tan especial» merecía un premio. «Muy diferentes entre ellos», de carácter, de capacidad, de país de origen... lograron una casi perfecta convivencia, conformaron un grupo «muy tranquilo», una «mezcla estupenda» en el que todos los problemas se solucionaban con diálogo y sensatez. Y «el éxito personal logró el éxito académico» y que casi todos hayan continuado sus estudios.