24 alumnos, dos aulas y «una familia»

Elena González atiende a los 15 alumnos de su clase de Primaria. /
Elena González atiende a los 15 alumnos de su clase de Primaria.

La 'Escuelina' de Pinzales, único colegio rural de Gijón, ha dejado atrás las amenazas de cierre

O. ESTEBAN

En noviembre, ninguno de los 24 alumnos cumplió años. Así que en este mes se han quedado sin la tarta casera de la que suelen disfrutar en esos festejos. Menos mal que las 'profes' se han inventado las 'chupifiestas', en las que todos comparten, por ejemplo, platos tradiciones asturianos. O no tan tradicionales. En la última, disfrutaron del delicioso bizcocho de chocolate que hizo Adrián, repostero de 7 años. Con detalles como estos no es de extrañar que cuando se pregunta a los alumnos del colegio de Pinzales si les gusta su centro, el rotundo «¡sí!» se escuche en todo Cenero.

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Son 24 niños de Infantil y Primaria los que dan vida al último colegio rural de la red pública de Gijón, después de que en el curso 2008-2009 cerrara sus puertas el de Casares-Porceyo por falta de alumnado. El de Pinzales se salvó, pero también pasó tiempos difíciles. En el curso 2006-2007 se había quedado con sólo cuatro alumnos y todo hacía indicar que cerraría. Pero los padres se movilizaron y lograron convencer a otra familia. Con cinco niños fue posible continuar. Su aula, una única aula, siguió abierta. Desde entonces la cifra no ha hecho más que aumentar. Por eso fue necesario desdoblar. Ahora, la 'Escuelina' de Pinzales tiene dos clases. Una, para los más pequeños: Infantil y primero de Primaria, en la que 9 niños aprenden de la mano de Verónica Cobián, que además es la directora. Y otra para los de segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto de Primaria, con 15 niños y Elena González de 'profe'. A Verónica y Elena les ayuda, a media jornada, Beatriz Menéndez. Y los días que corresponde, los de música, llingua y educación física. En total, 24 niños este año y 28 el próximo.

Porque dejará la 'Escuelina' Abraham, único alumno de sexto. Pero esperan cinco nuevas matriculaciones. Pinzales seguirá creciendo en niños e ilusiones. En espacio es complicado. Esa es su principal limitación. Dos plantas, dos aulas (ambas con ordenadores y rincón de biblioteca, con servicio de préstamo para el fin de semana) y un pequeño gimnasio que sirve de patio en los días de lluvia, ya que el de Pinzales es el único colegio público de Gijón que no tiene el patio cubierto. De seguir así, habría que ampliar el centro. Aunque esa ampliación tampoco vendría mal ahora, cuenta Verónica. Por ejemplo, para facilitar las clases de asignaturas con dos opciones: Cultura o Llingua Asturiana y Religión o Valores. Eso, unido a que en los días de tormenta les falla la conexión a internet, son sus principales dificultades. Pero, a juzgar por las palabras de profesoras y alumnos, pesan infinitamente más las ventajas. «Nos conocemos todos y jugamos juntos», dice Álvaro, 10 años. «En un 'cole' con 200 niños no sé cómo lo hacen. Aquí nos ayudamos todos», insiste Omar, 9 años. «Somos como una familia. Si alguien se cae, siempre hay alguien que llama a la 'profe' para que le cure». Son palabras de Carlos, 7 años. Lucía, 9, lo tiene claro: «Mis compañeros son como mis hermanos». Es el aprendizaje cooperativo. Todos aprenden de todos. Todos ayudan a todos.

«Es enriquecedor»

Verónica y Elena también se llevan halagos. «Es enriquecedor trabajar así». Tienen, presumen, tiempo para cada uno de sus alumnos, para escucharles y atenderles. «Me gusta tener una profe buena», cuenta Miriam, 6 años. Ekaitx, de 7, añade que además de ser buena «hace fichas 'guays'». Esas fichas son muy importantes. El centro ha entrado en la dinámica de los proyectos. No tienen libros de texto en Ciencias Naturales y Ciencias Sociales, hay que elaborar el material, con gran ayuda siempre de las nuevas tecnologías. Y adaptarlo a cada nivel. Porque, eso sí, las características del centro obligan a las maestras a un exhaustivo trabajo de organización y preparación de las clases, para poder dar la misma materia, al mismo tiempo, a niños de diferentes niveles. Pero todo se supera, dicen, «con ganas de trabajar y compromiso». Y de eso sobra en Pinzales. Entre las profesoras y también entre las familias, otro de los pilares del colegio. El contacto con ellas es continuo y se involucran en todos los proyectos. Incluso en las tartas.