«Vivimos en un sistema estúpido e inhumano»

Armando Menéndez, en su consulta. /
Armando Menéndez, en su consulta.

Armando Menéndez, médico y acupuntor, acaba de publicar el libro 'El monje mentiroso', con el que recauda fondos para su fundación

A. VILLACORTA

«Quien os escribe no es nada, ni siquiera nadie». Así se presenta el médico gijonés Armando Menéndez Suárez (1957) en la introducción de su tercer y último libro, 'El monje mentiroso', una fábula que nace del viaje -físico, pero, sobre todo, interior- que este reconocido acupuntor formado en China inició allá por 2004. Fue entonces cuando aterrizó en Calcuta «sin tener muy claro a qué iba». Aunque muy pronto lo descubriría: iba a encontrarse con un monje budista que le pidió «ayuda para sus casi veinte niños recogidos en un cuchitril a las afueras de la ciudad». Una aventura que le llevaría a recorrer India, Nepal y Bután los siguientes diez años. Entre monasterios y 'dalits', «la casta más baja, los desheredados, a los que nadie ayuda».

Esa fue su particular caída del caballo, el inicio de un proceso hacia el autoconocimiento que ha quedado plasmado en este libro con el que pretende recaudar fondos para su fundación (DAF), una causa a la que ya ha sumado instituciones como el Rotary Club y a muchos de los pacientes de quien se define como «un médico del tercer mundo». «Lo soy porque me formé en el tercer mundo y allí ejerzo gracias un permiso que me concedió el Gobierno indio para trabajar en todo el país con los más pobres. Mi rol de médico en el tercer mundo me encanta porque todo lo que no tenemos de recursos y ciencia lo tenemos de amor y de entrega», explica.

Juntos en la Fundación DAF, han logrado ya poner en marcha un orfanato-hospital «para albergar a más de 80 pequeños abandonados en las calles de Calcuta» y un colegio mixto para cerca de 600 alumnos, con una residencia anexa en la que comen y duermen. Pero no quieren pararse ahí. De hecho, ahora el objetivo es acondicionar un local para convertirlo en dispensario y escuela de enfermería. «Cosas muy sencillas, muy humildes», basadas en «un sistema humanista, de respeto al medio ambiente y a las culturas».

Esa es, precisa Armando Menéndez, otra de las vertientes de la fundación: la comunicación interreligiosa. «Si yo no respeto tu cultura o tu religión, ¿cómo me voy a acercar a ti para ayudarte? Lo primero que tengo que hacer es respetar tu pensamiento, tu creencia. Y, además, ¿por qué la tuya va a ser inferior a la mía? Nosotros no tenemos ese afán colonizador, evangelizador. Todo lo contrario: vamos a aprender de ellos».

El «fraude» de la educación

Esa fue también una de las razones por las que Menéndez ha profundizado en el hinduismo y el budismo: todo, «por meterse en su piel». Y su convicción es profunda: «Como ser humano, me merecen bastante respeto. Más que yo mismo, porque yo tengo unos privilegios que ellos no tienen. Durante todos los años que llevo por el mundo, que ya son treinta, me he dado cuenta de que hay mucha gente maravillosa y de que son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan. La teología tiende a separarnos, mientras que la filosofía de las religiones tiende a unirnos».

Y, conociendo como conoce esa otra realidad, la denuncia llega sola: «El mensaje que venimos a dar aquí a Gijón, a España, a Europa, es que existe pobreza porque a alguien le conviene la pobreza. Ellos producen, por un salario de miseria, cosas que nosotros no necesitamos. El sistema capitalista es el que crea esto. Nosotros les decimos a los chavales, cuando vamos a los colegios, que estamos consumiendo muchas cosas que no necesitamos y que nos quieren convencer de que con ellas seremos felices y es mentira». Conclusión: «Si queremos que no haya pobreza, tenemos que denunciar el modelo económico. Porque falla. Es un modelo económico que se basa en la depredación del planeta, de los recursos naturales, y en la explotación del hombre por el hombre, un sistema medieval y, por su puesto, totalmente caduco. Un sistema que degrada». Y, como en este sistema «estúpido e inhumano» nada es inocente, tampoco lo es la crisis y «la manipulación a la nos someten». Un «fraude» que comienza en el sistema educativo y que pasa por que tengamos «miedo», algo que «sólo se combate dando de ti mismo. Cuanto más compartes, menos miedo tienes. El egoísmo y la insolidaridad son la mayor causa de angustia».

El iPad o el museo

El problema es que cada vez tenemos más pero somos menos. «Cada vez se habla menos del ser humano. Y del hombre se habla en filosofía, poesía, literatura, música, arte», pero «ahora todo el mundo quiere estudiar business» y hay que tener claro que «uno no está aquí para trabajar, disfrutar de unos bienes y llegar a la jubilación si llegamos. El hombre está aquí para disfrutar de ese alma que se expresa en la belleza y que a los niños no les enseñan. Los enchufan a un iPad o a un videojuego y no saben lo que es un museo. Es desolador».

El motivo está claro: «Lo único que te hace libre es la cultura, ¿y a quién de los de arriba le interesa que seas libre?». Y la solución, también: «Una sociedad no la cambia un partido político, sino la suma de los cambios individuales de sus ciudadanos».