«Era como su arquitectura, sencillo y discreto, y así nos dejó»

La familia de Chema Cabezudo, en primera fila, en el acto de homenaje en los Jesuitas. /
La familia de Chema Cabezudo, en primera fila, en el acto de homenaje en los Jesuitas.

Familiares, amigos y compañeros rindieron un afectuoso homenaje a Chema Cabezudo, fallecido el pasado mes de febrero

OLAYA SUÁREZ

«Un arquitecto tiene la suerte de poder hacer ciudad, de constituir las redes sociales en los que anidan los sentimientos. Chema contribuyó a ello con una arquitectura discreta y sencilla, tal cual era su vida y tal cual se fue». Aunque todos los que tuvieron la oportunidad de conocer a Chema Cabezudo lo recuerdan con su eterna sonrisa dibujada en la cara, ayer a muchos les costó contener las lágrimas cuando sus amigos y compañeros esbozaron su semblanza en el homenaje organizado por la Plataforma Apostólica Local de la Compañía de Jesús cuando están a punto de cumplirse los tres meses de su muerte.

La viuda, Itziar, su hijo Chema y su hermano Diego, estuvieron arropados en el acto que se celebró en su adorado colegio de la Inmaculado -fue presidente de los antiguos alumnos entre 1989 y 2008- por los muchos amigos a los que Chema «ha dejado un enorme vacío difícil de llenar».

Uno de sus íntimos, Luis Antuña, lo definió como «un cultivador de la amistad, una persona con una enorme fe y un gran arquitecto». Se le quebró la voz al recordar ante el público la última vez que Cabezudo acudió a la comida de la tertulia de los viernes, a la que no faltó durante quince años. «Llovía y lo vimos llegar con una gabardina negra; cuando le pregunté por qué había venido con el día tan feo que hacía, me contestó que a los pocos días le daban una nueva sesión de quimioterapia y no sabía cuándo iba a poder volver...», dijo. No volvió a su cita de los viernes, pero a diario lo recuerdan «por lo mucho que dio en vida». Y no solo por sus obras -como la discoteca Tik, la remodelación del San Eutiquio o la capilla de San Pedro-, sino por las enseñanzas vitales y el cariño que transmitió durante sus muy vividos 60 años.