«¿Por qué Finlandia es mejor? Ni idea»

Harri Mäkinen y Sari Saavalainen, en el patio del Emilio Alarcos. /
Harri Mäkinen y Sari Saavalainen, en el patio del Emilio Alarcos.

Dicen que no ven grandes diferencias. Pero allí toda la red es pública, los niños se escolarizan a los 7 años y solo los mejores pueden estudiar Magisterio

O. ESTEBAN

«Los alumnos son los mismos. Los profesores también. Y la forma de enseñar, también. Incluso el clima es igual -bromean-. No hay diferencias». Pero alguna debe haber para que Finlandia esté considerado el país con el mejor sistema educativo de Europa y uno de los mejores del mundo por sus resultados, y España quede lejos de ese puesto. «Sabemos que los estudios dicen que somos mejores. Pero ¿por qué? Ni idea». Harri Mäkinen y Sari Sari Saavalainen no encuentran una explicación. Profesores del Seinäjoen Lyseo, un centro con 600 alumnos de entre 13 y 16 años, en la localidad finlandesa de Seinäjoki), han pasado una semana en Gijón. En concreto, en el IES Emilio Alarcos, donde han llegado gracias al programa Erasmus + para conocer de primera mano el programa bilingüe del instituto gijonés, ya que su centro quiere implementar algo similar. Harri es profesor de Música y Sari, de Educación Física.

Su agenda durante su estancia ha sido más que apretada. Incluso la entrevista con el 'local newspaper' está convenientemente detallada en su horario. Querían participar en el mayor número de clases posible. Clases en las que, aseguran, no han visto cosas tan distintas a las que ellos acostumbran. Si hay alguna diferencia, dicen, puede que sea para bien. «Los alumnos aquí se comportan mejor y son menos ruidosos», comenta Sari. Quizás los chicos que llenan las aulas no sean tan distintos. Pero las cosas sí lo son.

Confirman estos dos profesores que en Finlandia todos los centros educativos son públicos. Con muy pocas excepciones, quizás algún colegio para extranjeros. Públicos y gratuitos. No solo la educación. También lo son los libros de texto, la comida y el transporte escolar. Allí, la educación obligatoria comienza a los 7 años. Pero, pese a que consideran «demasiado pronto» llevar a los pequeños al colegio a los tres años, su dato tiene 'trampa'. Porque la mayoría de los niños finlandeses acude a los que llaman 'kindergarten', es decir, jardines de infancia o a algún centro de preescolar. Y allí, como aquí, los abuelos son indispensables para lograr la conciliación. Aunque también en eso nos llevan ventaja: las madres tienen ayudas para aparcar el trabajo fuera de casa durante el primer año de vida de sus hijos.

En cuanto a la organización de la jornada escolar y del curso tampoco es todo igual. Tienen los escolares finlandeses más asignaturas que los españoles, pero repartidas de forma distinta. Es decir, su horario no es el mismo para todo el curso. Por el contrario, cada nueve semanas cambia. Las clases duran 45 minutos, comienzan a las ocho de la mañana y, según el día y el centro, finalizan entre las 13 y las 15 horas, con descansos.

Tienen en Finlandia 192 o 193 días lectivos, frente a los 175 de aquí. El curso acaba esta semana, pero estará de nuevo en marcha el 10 de agosto. Tendrán vacaciones en octubre y en Navidad y una semana más en marzo, aproximadamente.

80 elegidos de 2.400

Y pese a que en un inicio Harri y Sari no vieran diferencias, lo cierto es que éstas continúan. Magisterio es un título con números clausus, con mucha demanda y muy pocos elegidos: para ser maestro de Primaria pueden presentarse 2.400 personas. Solo 80 acceden. Hay un cupo para chicos, para que no todo sean maestras. Para ser profesor de Educación Física hay una escuela oficial: 2.000 aspirantes y 60 elegidos. Solo los mejores acceden a esos estudios. Cuando terminan, por lo tanto, están tan bien considerados que nadie les cuestiona. «El Gobierno considera que estás preparado» y los padres les respetan. «Bien considerados y bien pagados», confirman, con un matiz: «También allí ha habido recortes». En cuanto a Secundaria, la situación se parece más a la de aquí. «Acceden muchos profesionales de otras carreras».

Al final de la conversación, y pese a ser evidentes las diferencias, Harri y Sari insisten en que «no idea». No saben por qué son superiores en todos los rankings. Lamentan, bromeando, no poder confesar el secreto del éxito. Porque no lo hay, aseguran.

El Emilio Alarcos ha finalizado satisfecho la experiencia. Porque ellos también viajan en busca de nuevos métodos de enseñanza. Desde 2014, el centro tiene un proyecto común de Erasmus+ (valorado como el séptimo mejor de España), lo que ha permitido que en este curso seis docentes del centro hayan podido formarse en el extranjero. Han vuelto a solicitar el programa, además de presentar un proyecto común con centros de Bélgica, Holanda y Hungría.

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