Lucha contra el cáncer en la Antártida

Juan Moles, Carlos Leira, Patricia Álvarez, Javier Cristobo, Conxita Ávila y Oriol Sacristán-Soriano, tras una inmersión en Gijón. :: E. C./
Juan Moles, Carlos Leira, Patricia Álvarez, Javier Cristobo, Conxita Ávila y Oriol Sacristán-Soriano, tras una inmersión en Gijón. :: E. C.

El Centro Oceanográfico de Gijón participará en una campaña de investigación

MARCO MENÉNDEZ

Cada vez está más claro que la farmacia de la Humanidad está en la mar. Algas y animales marinos pueden proporcionar a los científicos las sustancias que les ayudan a combatir las más mortíferas enfermedades. Es por ello por lo que especialistas del Centro Oceanográfico de Gijón, la Universidad de Barcelona, la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Harvard colaboran en un proyecto que tiene como objetivo localizar animales bentónicos, es decir, los que viven en el fondo marino, que sean capaces de producir sustancias bioactivas que se puedan utilizar para la lucha contra el cáncer. Pero en esta búsqueda también es importante encontrar estos animales en las condiciones menos contaminadas posibles, por lo que las aguas de la Antártida son ideales para ello.

Por el centro gijonés participará en la expedición su director, Javier Cristobo, quien partirá el próximo invierno -verano austral- junto a sus compañeros hacia el extremo sur de la Tierra. Será su octava incursión en esa extrema zona. Una buena noticia que han tenido los miembros de esta expedición -capitaneada por la catalana Conxita Ávila- es que el Comité Polar Español les ha concedido más tiempo de estancia tanto en el barco 'Hespérides', como en la base antártica de Gabriel de Castilla, ubicada en la Isla Decepción. Javier Cristobo explicó que «podremos recoger muestras abisales en el estrecho de Drake, a más de 4.000 metros de profundidad. Para ello, pasaremos unos diez días en el barco y luego estaremos cinco o seis semanas en la base. Muestrearemos áreas diferentes a las habituales de las islas Decepción y Livingston». En las inmediaciones de la base española se realizarán labores de buceo a unas profundidades de unos 30 metros.

Colores fuertes

Cristobo indicó que «queremos conocer la fauna bentónica, que en la Antártida es muy desconocida. Además de ampliar el conocimiento, el objetivo es identificar aquellos organismos marinos potencialmente utilizables en la lucha contra el cáncer. Son, por ejemplo, aquellos animales con colores fuertes que generan sustancias bioactivas, venenos, para evitar a sus depredadores. Esos compuestos se pueden usar para combatir enfermedades».

Para detectar qué animales pueden ser válidos para este objetivo es muy importante el papel que juega la estrella de mar. En los laboratorios de la base antártica se han de identificar las especies idóneas. Para ello, «hacemos extracciones de las sustancias sospechosas de valernos y las metemos en un trozo de gamba congelada que le damos a una estrella de mar para que se lo coma. Si lo rechaza, nos hace pensar que puede tener sustancias bioactivas. Cuando terminamos, las estrellas de mar las devolvemos a su hábitat». En principio, los animales que presentan mejores perspectivas serían las esponjas, los moluscos nudibranquios -con las branquias al descubierto- y las anémonas.

Dicho así parece una labor sencilla, pero no hay que olvidar que se está trabajando en la Antártida, en unas condiciones muy duras. Allí, la temperatura de congelación del agua del mar es de -1,8 grados centígrados y lo habitual es que los buzos trabajen entre 0,5 y -1,5 grados centígrados, por lo que la aclimatación y el entrenamiento es fundamental. Para ello, los científicos de las universidades de Barcelona y Autónoma de Madrid estuvieron días atrás en Gijón para acostumbrarse a bucear en aguas frías y con escasa visibilidad. Para ello, contaron con la colaboración del Centro de Buceo O2 Inmersión, que se encuentra en el dique de La Osa, en El Musel. De todas formas, son conscientes de que las condiciones en la Antártida serán peores. Javier Cristobo apuntó que «allí tenemos que usar trajes estancos, porque si nos entra aunque sea una gota de agua tenemos que salir del mar de forma inmediata. Además, siempre llevamos dobles sistemas de seguridad. Pero hemos hecho más de 400 operaciones de buceo sin tener ningún percance y esperamos seguir así».

Análisis farmacéuticos

¿Qué harán estos científicos con las sustancias potencialmente válidas para luchar contra el cáncer que hallen? El director del Centro Oceanográfico de Gijón explica que «lo interesante es publicar los resultados y lo hacemos juntos todos los miembros del proyecto. Además, colaboramos con empresas farmacéuticas que nos patrocinan. Les damos las muestras para que sigan con la investigación y puedan analizar el tipo de sustancia que es y cómo funciona la molécula. Si es interesante, pasarían a hacer ensayos en ratones y después sigue la investigación hasta conseguir un medicamento. Nosotros hacemos la investigación básica y las farmacéuticas, la aplicada».

Pero todo científico que se precie no puede rechazar la idea de descubrir nuevas especies y por eso estos investigadores también tratarán de encontrar ejemplares desconocidos para el hombre, en un lugar donde «la fauna es muy particular, porque tiene un metabolismo muy bajo, una longevidad extraordinaria y un tamaño excepcionalmente grande», relata Javier Cristobo.